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(09/11/2000)
(Bolivia.com)

Nunca es tarde para volver a las primeras pasiones: Mario Pinto, entre el mundo real y el universo del imaginario.

Mario Pinto, entre el mundo real y el universo del imaginario. Tuvieron que pasar cuatro años, antes de que este talentoso de la pintura boliviana se decida realizar nuevamente una exposición individual de sus obras, a las que además, añadió un nuevo componente: la técnica del óleo. El conocido acuarelista Mario Pinto Zapata, abrió los ojos por primera vez, bajo las faldas del cerro rico de Potosí, un 25 de diciembre de 1957. Allí permaneció hasta culminar la secundaria, su inclinación por la pintura se manifestó desde los primeros años de su vida y en su juventud ingresó a la escuela de Bellas Artes de Potosí, donde permaneció solamente un año. Su interés por otros campos del conocimiento, combinado con el concepto crítico de su familia y amigos, de que el destino de los pintores es "morir de hambre", lo animaron a trasladarse hasta la ciudad de Cochabamba para comenzar la carrera de Ingeniería agrónoma. "Si me hubiera quedado en Bellas Artes, quizá ahora a situación hubiera sido muy diferente", comenta Mario con nostalgia.

Fueron 25 los años que el artista dejó su pasión y se dedicó a su profesión. El Ingeniero Pinto era requerido en varias ciudades del país y el tiempo no le alcanzaba para volver a pintar. Sin embargo, su amor por el arte se manifestaba mediante las dulces notas emanadas de su charango y constante búsqueda de nuevas formas de expresión.

Por lo demás, Mario Pinto continuó siendo la persona simple, que disfrutaba más que otra cosa un plato de Picana Potosina, hecha por su mamá; leía y aprendía de las obras de Pablo Neruda; admiraba al compositor musical William Ernesto Centellas y de forma particular a un amigo desde su infancia, el conocido pintor Ricardo Pérez Alcalá, de quien no sospechaba que más tarde, marcaría el inicio de un renacimiento en su vida.

Casado, con dos hijos y dos nietos que aún no se deciden a seguir su ejemplo artístico, sin que esto le afecte en lo absoluto, el artista está conciente de la situación que atraviesa su país, del que opina que está mostrando los frutos de la democracia, "aunque de forma no tan inmediata, pero la gente tiene libertad de pensar, expresarse, decir, protestar, ahora se puede castigar a los corruptos poco a poco, a diferencia de antes, sus actos salen a la luz".

De vuelta a las primeras pasiones

La sorpresa de Mario fue grande, cuando mientras se encontraba en Colombia por una beca en Comunicación Audiovisual, su amigo Ricardo Pérez Alcalá lo invitó a México, donde realizaba su carrera profesional como pintor. Sin pensarlo dos veces llegó hasta la tierra Azteca, donde trabajó junto a su amigo que ya se había convertido en su maestro, pues además de transmitirles sus experiencias y conocimientos, le enseñó una interesante y a la vez complicada técnica de la pintura: la acuarela sobre tabla.

Mario retoma su vocación inicial y en 1982 realiza su primera exposición en la galería EMUSA. Con regocijo recuerda que tuvo mucho éxito en aquel primer intento de mostrarse y mostrar sus creaciones.

Durante 5 años, intentó combinar el arte son su carrera agrónoma, pero luego optó por dedicarse sólo la pintura.

"Nuevo en el arte, por haber empezado muy tarde", como se califica él, aprendió, desarrolló y perfeccionó tres grandes campos de la pintura: el bodegón (naturaleza muerta), figura humana y paisaje, sin quitar importancia a la tendencia realista de todas sus obras.

Sus bodegones recibieron críticas muy positivas en Europa y uno de ellos, lo hizo ganador del primer lugar en el principal certamen nacional de pintura de Bolivia, el premio "Pedro Domingo Murillo".

Su romance con los charangos

La primera vez que el conocido compositor y cantor Mauro Nuñez fue a Potosí, expuso sus charangos tallados, de los que Mario se enamoró. El mismo día que los vio se propuso crear similares obras algún día y en la primera oportunidad que tuvo, se trasladó hasta Sucre, para pedirle a Mauro Nuñez que le enseñe la técnica del tallado y construcción de charangos

"Se mostró muy asequible y aceptó mi petición", recuerda Mario, "me enseñó a tallarlos, pero la construcción era una técnica muy difícil, que no logró enseñarme ya, porque poco tiempo después enfermó y murió".

Pero Mario no se dio por vencido y averiguó quién hacía las herramientas para su amigo que lo había abandonado. "Las herramientas eran toscas" comenta, "y yo no sabia nada de tallado, pero me animé y así, con gran dificultad, logré mi primer charango tallado: el de los chivos".

Poco a poco compró mejores materiales; talló y construyó más charangos. Ahora también hace las cajas, las tapas y el diapasón, pero para esta muestra, el joven maestro Jorge Romero le ayudó a construirlos. No en vano su máxima es "no decaer, no desmoralizarse y trabajar duro".

La muestra

Junto a sus tradicionales acuarelas, de realismo sorprendente y armonía precisa de colores, Mario Pinto expone 10 pinturas al óleo, de su más reciente creación, donde se combinan figuras humanas, paisajes y ángeles de formas indescriptibles.

Cinco charangos tallados, son el nexo de unión entre el arte de pintar y el de esculpir mágicas formas en elementos amorfos.

Un total de 26 cuadros, que se exponen enla galería de arte Alternativa, marcan el inicio de un nuevo ciclo en la vida del artista: su incersión en la técnica del óleo.

"El viejo del descanso" es el cuadro que mas costó según Pinto, pues esa iluminación fue difícil de alcanza, además es el primer óleo que pintó y por esto y mucho más, la considera su obra estrella en esta exposición, o, como el comenta sonriendo, el cuadro "vedette".

Es así que el carácter impresionantemente realista de sus obras, reflejado en antíguas casonas, bodegones y figuras humanas, son la narración exácta de un cúmulo de vivencias que influyeron en la vida de Mario Pinto.

"Los pintores por necesidades económicas estamos obligados a pintar cierto tipo de pinturas que la gente pueda comprar. Aunque hay otras pinturas que se deberían hacer, las que tengan que ver con lo que acontece social o políticamente en el país", dice convencido el artista, que suspira ante la pregunta de cómo se considera: un artista, un pintor o alguien que crea, y luego de una pausa responde: "Soy un pintor, quiero ser un pintor que crea, pero para eso faltan aún muchos pasos".

Para los pintores jóvenes, va un consejo de Pinto: "Sean honestos y aprendan correctamente, de la mejor manera posible las técnicas que usarán. No se dejen llevar por el facilísimo de ellas, sea cual sea. Hay que investigar, aprender y reaprender, deben ser investigadores, de los grandes pintores, lo que pintan y cómo pintan. En ese aspecto hay muchas deficiencias en la pintura boliviana".

Adelante, Mario continuará pintando y tallando, y quizá incursione en una pintura contemporánea, que raya en lo abstracto, "Es algo que me tienta, aunque es un mundo de los jóvenes de la pintura actual, me gustaría hacerlo también", concluye el artista.






 


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