Botero el hombre de los 100 goles
Joaquín Botero es de poco hablar, podría definírsele como un muchacho que pierde esa agobiante timidez cuando entra a una cancha de fútbol. Tiene 25 años y se va acercando a la edad ideal de un goleador. Es por segundo año consecutivo el goleador celeste.

 

Sandy, con la s de símbolo
La carrera de Marco Antonio comenzó al revés. No necesitó encumbrarse en un equipo local para vestir una casaca en el exterior. El joven defensor, antes de pensarlo, ya hacía sus maletas para irse a Paraguay. Era una beca para aprender el abc del fútbol. Eran pocos meses y no arriesgaba nada. Había buena pasta, pero la vida del futbolista no es fácil, requiere mucho sacrificio y esta oportunidad de probarse en un fútbol tan exigente como el paraguayo... saber si el fútbol era su verdadera vocación, llegaba como una bendición del cielo.



Del averno a la gloria celestial
Oscar Carmelo Sánchez, cochabambino, hincha de Aurora, conocido por todos como "el cabezón" había salido mal de su anterior equipo, donde en las buenas épocas no sólo era bastión de la defensa sino caudillo e ídolo de su hinchada.

 


La 10 celeste le va quedando a Guiberguis

Sus primeras temporadas en Wilstermann bastaron para dejar en claro que es un jugador con personalidad y habilidades ofensivas.
Tras su periplo en el cuadro cochabambino, Pedro Guiberguis llegó a Bolívar como la tabla de salvación en el medio campo de la academia después de la partida de Leonel Libermann.

 

Las claves de Soria fueron fundamentales para el éxito celeste
Que se vaya Soria!!, era el mensaje de la hinchada que bajaba a gritos desde la tribuna. Se había roto el encanto en la relación entre Vladimir, el mimado y tantas veces capitán celeste con los fanáticos. Era el tiempo de los sinsabores. Los bolivaristas no querían... no tenían por qué asimilar el fracaso de la Copa Libertadores de América. Se había armado un equipo que invitaba para soñar "mínimo llegamos a la final" pronosticaban los hinchas.

 

¿Qué más quiere la hinchada?
Mauro Cuéllar Caballero es uno de los veteranos del fútbol boliviano, sabe, como pocos, todas las vicisitudes qué sólo el fútbol es capaz de provocar. Buscador infatigable del triunfo, el Presidente del Directorio de Bolívar marcó la ruta para este 2002 y no cambió de parecer ni siquiera en los momentos de sinsabor que les dejó la Copa Libertadores.

 


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