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Haga patria: adopte a un corrupto
Estudios
internacionales muestran que la corrupción le se serrucha
sistemáticamente el piso al crecimiento económico de un
país. Según una última publicación del Banco Mundial,
The Quality of Growth, si un país como Bangladesh redujera
sus niveles de robo en el sector público a los índices de
Singapur (país con elevados niveles de transparencia), la
tasa de crecimiento del producto per-cápita del primer
país mencionado subiría en un 50 por ciento.
No
es difícil imaginarse cuanto más podría desarrollar la
economía boliviana si no tuvieramos un ejército de
asaltantes en el gobierno y en nuestro sistema polÌtico.
La
corrupción, en una definición bastante general, es el uso
del sector público para obtener beneficios privados. En
bueno español eso significa convertir al Estado en la cueva
de Alí y Baba y sus ciertamente más de cuarenta amigos,
que a través de diferentes prácticas debilitan las
posibilidades de crecimiento y desarrollo de un país.
Veamos más en detalle estos mecanismos.
La
cuchara al dulce
Meter
la cuchara al dulce, como se dice popularmente a la
corrupción, reduce los niveles de inversión doméstica y
extranjera. Obviamente que esto significa que los
empresarios honestos prefieren no abrir empresas para no
verse sometidos a extorsiones o coimas.
Sin
embrago, cabe recordar que algunos paÌses con elevados
niveles de corrupción tienden a atraer a inversionistas de
dudosa reputación. Así es que nuestras economías en vías
de desarrollo se convierten en tierra de piratas.
La
corrupción también distorsiona y muchas veces fomenta el
desarrollo de la economía informal, restándole recursos al
Estado y provocando la muerte lenta de centenas de pequeños
empresarios que actuan en un mundo de negocios sin reglas de
juego claras y a merced de la peculato y la extorción.
Por
otra parte, la corrupción sobredimensiona los gastos y las
inversiones públicas.
La
triste historia de la coimisión del 10 o 20 por ciento
infla el costo de las carreteras y otras obras públicas,
provocando ineficiencias en nuestros sistemas económicos.
Además,
el soborno o la mordida reduce los ingresos del gobierno y
por la tanto limita y empobrece la provisión de bienes y
servicios públicos. Empresas con caja dobles para evadir
impuestos, elevados niveles de evasión fiscal de las
personas, poca conciencia tributaria son apenas algunos
ejemplos que muestran la debilidad de nuestras finanzas
públicas y que por lo tanto se traducen en una oferta muy
pobre de carreteras, escuelas o hospitales.
En
pocas palabras y muchas pulgas, por diversos caminos los
corruptos le roban el futuro a nuestros hijas e hijos,
cierran la posiblidad de superar la pobreza de miles de
bolivianos.
Llegó
la hora de decir un basta a todos los ladrones de cuello
blanco que limitan nuestro crecimiento y daña la imagen del
país. Suena cursi pero pero es verdadero.
Primer
yerno
El
primer yerno y sus secuases caminan impunes por nuestras
calles. Parlamentarios y ex-ministros con una enorme cola de
paja circulan en nuestras fiestas y eventos. Se rien en la
noticia de las acusaciones. Y la mayoría de la gente
honesta de este país ademas de ver su futuro económico
comprometido, tienen que moderse la rabia y maldecir al
viento. Dado que el gobierno en particular y el sistema
politico en general hace muy poco o casi nada para controlar
la corrupción, desde la sociedad civil debe surgir una
resistencia pacífica contra ella.
Para
que la bronca no se quede en su garganta, adopte un corrupto
para decirle que repudia y no envidia su comportamiento.
Toda vez que lo vea hágale el gesto más obseno que pueda,
y si opta por un camino menos agresivo, por lo menos
sáquele la lengua. Si lo encuentran en una fiesta promueba
una retirada en masa del evento. No se haga sacar fotos con
el. En la calle voltéele la cara. Si abre un negocio, no le
compre nada. Adopte un corrupto para perseguirlo.
Conviértase en su sombra social.
Obviamente,
que en algunos casos se podrá ser injusto con algunas
personas, pero asÌ también se previene que los llegan al
gobierno o hacen negocios con éste se corrompan. El repudio
y control social puede ayudar aunque no es la solución,
pero sobre todo le garantizo que lo har· sentir mucho
mejor. No dormirá con la rabia de que un grupo muy pequeño
lo esta lactando. Estos pendejos de pacotilla no pueden
andar impunes y comprometer el desarrollo de nuestra
economía.
Gonzalo
Chavez es economista de la Universidad Católica Boliviana y
ya adoptó dos corruptos
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