Cochabamba tiene problemas centenarios

Mirando la coyuntura en la perspectiva histórica de la región, pareciera ser que muy pocas cosas han cambiado en relación a lo que ocurría hace un siglo. No hay cuando llegue el tren de Oruro. Los concejales y los sectores más conservadores se preocupan más de clausurar locales y chicherías, o expulsarlos de algunas zonas (exactamente como hacían sus antecesores hace un siglo), que de encontrar soluciones inteligentes a uno de los principales problemas de la ciudad: el hacinamiento en el mercado. Como ocurría en las primeras décadas de 1900, son los sectores populares o subalternos los que dinamizan la economía regional y los que ahora proponen una interesante solución al problema del hacinamiento vehicular, a partir de habilitar el ferrocarril entre Sipe Sipe y Cliza.

Los comerciantes de Cochabamba, plantearon la semana pasada, al Concejo Municipal, un proyecto en el que plantean una interesante solución para el problema del hacinamiento vehicular en inmediaciones del mercado San Antonio. Aunque el análisis parte de un sector específico, denominado "plaza Fidel Araníbar", que es el lugar en el que se concentran los artesanos y comerciantes minoristas, frente a la estación de ferrocarriles que dejó de funcionar hace ya tantos años.

Los comerciantes, en su documento ampliamente reproducido en este medio, plantearon la rehabilitación de la vía férrea y de la estación ubicada frente al mercado, como una solución para revertir el congestionamiento vehicular en la zona, tomando en cuenta que en el estado en el que se encuentran las vías actualmente, el ramal en el trecho en el que podría funcionar es aproximadamente entre Sipe Sipe y Cliza, vinculando ambos extremos, con la populosa Cancha.

El documento presentado concretamente refiere que "después de dar repaso a las probables consecuencias que pueden traer consigo las problemáticas detectadas, el documento de la Asociación "plaza Fidel Araníbar" plantea su propuesta para aliviar la congestión del tráfico de vehículos a corto plazo, a través del proyecto de Transporte Público Metropolitano que pretende restituir el servicio ferroviario.

Para este propósito, se proyecta rehabilitar las instalaciones actualmente en desuso de la Estación Central de esta ciudad. Así también, se prevé habilitar los tramos ferroviarios que abarcarían dos ramales: el primero que vincularía la zona de "La Cancha" con Colcapirhua, Florida, Quillacollo, Suticollo, Vinto y Sipe Sipe; y el segundo que conectaría la misma zona de la estación con Villa Pagador, la Tamborada, Valle Hermoso, La Angostura, Tarata y Cliza".

Tras leer la propuesta publicada en este medio, hace una semana, algunas imágenes comenzaron a incomodar la mente de quien redacta esta nota, debido a que algunas lecturas sobre el inicio del desarrollo urbano de Cochabamba, a principios del siglo pasado, antes de que arribara a nuestro Departamento el tan ansiado ferrocarril de Oruro -que para cuando fue inaugurado en 1917 la espera la bordeaba el medio siglo- mostraban que en si miramos en perspectiva, desde la actual propuesta de los comerciantes, hacia 1904, la situación parece ser exactamente la misma, o muy poco parece haber cambiado tomando en cuenta que:

1) Hace un siglo, el ferrocarril que debía vincular nuestro departamento con Oruro, no podía llegar a Cochabamba debido al abandono del Gobierno central y a una evidente mala intención para con la región ya que, años atrás, en la Revolución Federal, la élite cochabambina, de tradición terrateniente y feudal había apostado contra los liberales que se encaramaron en el poder e instalaron una nueva era de gobierno en el que los liberales, desde la plaza Murillo, inaugurando una política de "libre cambio" en la que prefirieron abastecer el Gran Mercado nacional (que eran las minas) con maíz y trigo provenientes de Argentina, Chile y Perú.
En la actualidad, un siglo después, tras la capitalización de la Empresa Nacional de Ferrocarriles, producto del ascenso al poder de una nueva camada de liberales que con la doctrina del Libre Mercado adjudicaron el mantenimiento del ferrocarril y los rieles a una empresa chilena, el tren es un fantasma del que cada año se habla de su pronta rehabilitación. En los hechos seguimos sin tren, como hace 100 años.

2) Hace poco más de un siglo, un grupo de visionarios cochabambinos, decidieron invertir un gran capital para construir una vía férrea, al margen de la que el Estado tría a Cochabamba desde Oruro. Era la ruta que iría a unir la ciudad con los valles de Cliza, Tarata, Caraza (hoy Santiváñez), y Arani, aunque posteriormente esa vía se extendería hasta Aiquile. Los capitales que invirtieron en aquel ferrocarril, el primero que funcionó en Cochabamba, inaugurado el año 1910, atendieron los pedidos que realizaban los productores agrícolas del valle Alto y los artesanos sobre cuyos productos se iba fortaleciendo en Cochabamba un gran mercado interno: de los valles llegaba a nuestra ciudad una infinidad de productos desde sombreros, calzados, cueros, muebles de madera, tejidos, tocuyos, cerámicas, forrajes, etc, etc, etc.
Con el tren del valle, la afluencia de todos estos productos construyeron en Cochabamba un gran mercado, justo a las puertas de la estación de ferrocarriles, toda esa gran mancha comercial que hoy se extiende desde San Antonio, pasando por La Cancha, hasta la Av. Heroínas, que parece ser el límite para la presencia del comerciantado. Como hace 100 años, es el gran comercio y mercado interno el que vitaliza la economía regional.

3) Como hace 100 años, para las elites locales, la solución mágica de la postergación económica regional, se limita a la rehabilitación del ferrocarril a Oruro, pues, como sus antepasados piensan que con ello se abrirán las puertas para que sus productos industriales lleguen hasta los puertos del Pacífico. Pero como hace 100 años, Cochabamba se encuentra en un estado de desarrollo pre industrial de su economía. Los concejales de hoy se encuentran tan preocupados en temas como condecorar a sus instituciones meritorias o clausurar los boliches de la España (exactamente con la misma saña con la que hace un siglo las chicherías eran expulsadas del centro de la ciudad esgrimiendo razones moralistas y sanitarias).




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