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La
democracia creció con el voto local y la participación
popular
Desde
1985 se elige alcaldes en Bolivia. El proceso, que nació
pegado a las elecciones nacionales, se fue perfeccionado.
El gran respaldo fue la distribución de recursos
fiscales a los municipios. Aún se deben vencer desafíos
en esta materia.
El
país está próximo a cumplir dos décadas
de democracia municipal, lapso en el que se celebraron siete
procesos electorales para autoridades ediles.
No
todos fueron iguales y, mucho menos, perfectos. Al contrario,
el proceso maduró con los años. Está
claro, sin embargo, que 1994 y 1995 marcaron el hito más
importante porque nació la Ley de Participación
Popular y se celebraron elecciones con nuevas reglas de
juego en un país municipalizado.
El
vocal de la Corte Nacional Electoral, Salvador Romero, autor
de varias publicaciones sobre procesos electorales, rememora
que Bolivia volvió a elegir alcaldes en 1985, en
los últimos meses del gobierno de la UDP, aunque
en esa ocasión, la lista de autoridades ediles estuvo
amarrada a la del presidente, del vicepresidente y de los
parlamentarios.
Dos
años después, es decir, en diciembre de 1985,
se llevaron a cabo elecciones municipales independientes.
Desde entonces, se repitió este proceso cada dos
años hasta 1995, cuando se instituyó que el
período municipal dure cuatro años, al cabo
de los cuales, es decir, en 1999, se celebró otro
proceso, esta vez la diferencia es que el nuevo período
municipal sería de cinco años.
El
municipalista Rubén Ardaya, en un Balance de las
elecciones municipales de 1999, publicado por la fundación
Fundemos, señala que "las elecciones municipales
de diciembre de 1995 fueron el primer laboratorio en el
que se ponía a prueba la participación popular".
El
ministro de Participación Popular, Roberto Barbery,
considera que la participación popular modificó
el escenario social e institucional en el país. Y
cita los siguientes datos: en Bolivia, antes habían
24 municipios que recibían recursos, ahora hay 314
(este año se incluirán otros 13); la inversión
municipal representaba el 3 por ciento de la inversión
pública, ahora es más de un tercio; además,
se conformaron 314 comités de vigilancia, se reconoció
a 15.000 organizaciones de base y se conformaron nueve asociaciones
departamentales de municipios y una nacional.
Sin
embargo, Barbery dice que esos datos no deben servir "como
coartada" para disimular la mala administración
en algunos municipios. El mismo Ministro destaca que más
del 60 por ciento de los municipios son administrados eficientemente.
Barbery
identifica algunas deficiencias en el manejo municipal.
Cita entre ellas la contradicción existente entre
los cultural e institucional, la falta de una visión
integral para administrar las políticas municipales,
la incapacidad del país para reconocerse como multiétnico
y pluricultural (falta de una visión sincrética
y prevalencia de las visiones particularistas) y la ausencia
de articulación entre el nivel nacional y el municipal,
a través del nivel intermedio.
"Hemos
pasado del idioma único del gobierno central a la
Torre de Babel de los 314 municipios", dice la autoridad.
Pese
a las dificultades, Barbery destaca que la participación
popular "ha generado la multiplicación de los
escenarios democráticos porque la descentralización
es un instrumento de la democracia, y centralizar debilita
la democracia".
No
todos los pensadores son devotos de la participación
popular. El historiador José Luis Roca, por ejemplo,
en el libro Voces críticas de la descentralización
(2004), sostiene que "la participación popular
y la capitalización son dos elementos esenciales
de la aventura antinacional del gonismo y ambas medidas
sirvieron para mantenerlo como sistema". El estudioso
califica a la Ley de Participación Popular como "un
mero mecanismo de transferencia de fondos públicos
a unos entes artificiales". Entre los convencidos de
que es un buen proceso, pero que tiene serios problemas
está el municipalista Iván Arias, quien también
en Voces críticas de la descentralización
dice que "la participación popular se ha reducido
a los recursos; a la coparticipación tributaria,
de cuánto recibe un municipio y cuánto deja
de percibir, cuánto se puede robar, y no se hace
énfasis en los procesos de participación cada
vez más cualitativos, de diálogo, de presupuesto
participativo, que es lo más rico del proceso".
Hitos
históricos
1952
Se hicieron elecciones municipales en el país
hasta 1952, cuando se buscó reforzar el centro estatal
en desmedro de los particularismos locales, según
una publicación de Salvador Romero, de 1988. Ese
año se inauguró un paréntesis de 40
años. Los presidentes nombraban a los alcaldes, quienes,
al no contar con recursos, carecían de importancia.
1985
Volvieron las elecciones municipales a finales de
la gestión de Hernán Siles Suazo, aunque absorbidas
por la elección presidencial, en una sola plancha
que incluía presidente, vicepresidente, parlamentarios
y munícipes. Sólo en 1987 adquirieron personalidad
propia y se hicieron unas elecciones para elegir alcaldes
y concejales. Desde el retorno de las elecciones municipales
(1985) hasta 1995, éstas se hacían cada dos
años.
1995
Definitivamente, este es el año más
importante para la democracia municipal. Un año antes
había entrado en vigencia la Ley de Participación
Popular, por lo tanto, los municipios desde este año
contarían con los recursos de la coparticipación
tributaria. Antes de este hito, sólo 24 municipios
recibían dinero. La mayor parte se quedaba en el
poder central. Además, ese año se dispuso
que la nueva gestión municipal tenga cuatro años.
1999
En esa ocasión se eligieron a las autoridades
ediles que terminan sus mandatos este fin de año.
Desde entonces, la gestión municipal es de cinco
años. Elección que pasa, pese a que son los
partidos nacionales los que intervienen en las municipales,
las lógicas locales son diferentes, aunque se ha
replicado la política de pactos y se ha puesto en
práctica el voto de censura que ha llevado a muchas
crisis a los municipios.
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