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Las
joyas del Primer Mandatario
El
bastón de mando lleva hoy una cabeza de cóndor.
De éste y otros símbolos habla
el presidente Carlos Mesa
El
sol violenta la espada del Mariscal Andrés
de Santa Cruz. El arma blanca responde y el filo
parte el haz de luz en mil destellos. Ni el astro
rey puede mellar la historia que aún late
desde la empuñadura a la punta de esta reliquia
que estuvo en 11 batallas libradas en nombre de
la libertad. Mas sólo el que la mira puede
entender el valor de este objeto cargado de historia.
O el de los símbolos presidenciales, descritos
al detalle para Escape por el propio presidente
Carlos D. Mesa.
La
joya más resguardada
"Es mi voluntad que la medalla que me presentó
el Congreso de Bolivia a nombre de aquel pueblo,
se le devuelva como se lo ofrecí, en prueba
del verdadero afecto, que aún en mis últimos
momentos conservo a aquella República",
reza el sexto deseo expresado por el Libertador
Simón Bolívar en su testamento. Hoy,
la medalla continúa siendo el símbolo
presidencial más importante.
Su historia empezó cuando la Asamblea de
1826 -como una de sus primeras resoluciones- encargó
la pieza para homenajear al Libertador. "Era
un reconocimiento a su aceptación de la independencia
de Bolivia", relata el presidente Mesa en el
Despacho Presidencial, flanqueado a su derecha por
un estandarte de impecable bordado.
El encargo lo hizo el entonces prefecto de La Paz,
el Mariscal Andrés de Santa Cruz. Un orfebre,
del que no se conoce el nombre, la trabajó
en oro, brillantes y cuarzo, con un valor de 8.002
pesos.
Y
le fue entregada al Libertador un año después
de que dejara el país. "Bolívar
la recibió con agradecimiento a través
de una carta y antes de morir decidió legarla
a Bolivia en agradecimiento a la patria; de modo
que el albacea que la tenía en Jamaica la
devolvió".
Pero luego el Congreso Nacional decidió otorgársela
al presidente Andrés de Santa Cruz en carácter
vitalicio, como reconocimiento a sus méritos.
Cuando Santa Cruz fue derrocado en 1839, un contingente
de soldados le arrebató la joya a su esposa,
doña Francisca Cernadas, para ser convertida
en símbolo presidencial. Así lo decidió
el presidente José Miguel de Velasco mediante
un decreto que data del 28 de octubre de ese año.
Son 60 los presidentes que portaron la joya, protagonista
de más de un incidente. Por ejemplo, el presidente
Mariano Melgarejo la habría hurtado durante
su Gobierno y la recuperación la logró
Agustín Morales en 1872.
Y del conjunto de presidentes hay algunos que no
la han usado. Por supuesto no la llevó Sucre
porque no era símbolo presidencial durante
su mandato, ni José María Pérez.
Tampoco Urdininea, Pedro Blanco ni Sebastián
Agreda, que fueron mandatarios antes de que la medalla
se considerara joya presidencial. José María
Linares, por ejemplo, no pudo portarla porque el
general Córdova -que fue derrocado por él-
se negó a entregársela bajo el argumento
de que la pieza no era digna de un presidente de
facto.
Tampoco la usó Néstor Guillén,
que fue presidente por muy breve tiempo. Ni don
Tomás Monje, que gobernó después
de la caída de Villarroel y consideró
que sólo los presidentes constitucionales
debían llevarla. Don Alberto Natusch no tuvo
tiempo de usarla y Celso Torrelio no la llevó,
tildándola de q'encha.
Una
de sus anécdotas memorables la protagonizó
el presidente Siles Suazo, a quien le colocaron
la medalla al revés y "en mi caso -recuerda
don Carlos Mesa- no pude llevarla en el acto de
posesión presidencial, porque cuando la pedí
eran más o menos las 18.00 y me dijeron que
había que llamar al presidente del Banco
Central. Él me explicó que no me la
podía dar porque hay una clave electrónica
que impide que la bóveda se abra después
de las seis de la tarde".
La última tasación de la medalla se
hizo el 23 de enero de 2002 por encargo del presidente
Jorge Quiroga. El documento que se guarda en el
Palacio Quemado coincide con el de 1926, por lo
que los rumores de que perdió piezas no tiene
fundamentos. Ese año el análisis lo
hicieron dos joyerías especializadas, que
constataron que la joya se mantiene intacta y que
aquellas piedras que no son brillantes sino cuarzos,
probablemente son los que se colocaron originalmente,
a deducir por su tipo de corte. Si existe alguna
pérdida quizá sea de pequeñas
chispas de brillante de los laureles, de menos de
0,10 kilates cada una, atribuible a la manipulación.
Su
belleza, sin embargo, no permanece inalterable a
la original. La cadena, por ejemplo, era más
corta, pues estaba diseñada para el cuello.
Para que cuelgue del pecho, como lo hace ahora,
se le añadió una cadena. En 2002 se
encargó la prolongación en 34 centímetros,
trabajada en oro de 22 kilates. La cadena tiene
hoy un peso adicional de 66 gramos.
Otro cambio lo sufrió en el círculo
de oro que lleva al centro, donde está la
imagen de Simón Bolívar en la cumbre
del Cerro Rico de Potosí. Señalando
una fotografía de su libro Presidentes de
Bolivia: entre urnas y fusiles, el Primer Mandatario
muestra la leyenda que llevaba la joya original:
"La república Bolívar agradecida
al héroe cuyo nombre lleva". Pero con
el tiempo esa inscripción desapareció
y en su lugar se podía ver algo así
como un Illimani. Entonces Jorge Quiroga decidió
que se colocara el reverso original y ahora lo tiene,
en mérito a su valor histórico que
es mucho más que el económico: 284.815,20
dólares.
La
cabeza del cóndor
Carlos Mesa toma el estuche de terciopelo de una
gaveta ubicada al frente de la puerta de su despacho.
Una cinta tricolor asoma por una esquina y deja
ver una réplica del bastón de mando,
un símbolo militar otorgado al gober- nante
en su carácter de capitán general
de las Fuerzas Armadas. El objeto casi se pierde
en sus manos, pues no ha de medir más de
50 centímetros. De su puño cerrado
sobresale la cabeza de un cóndor con los
ojos colorados.
A
partir de este mandato el ave engalanará
el bastón que hasta ahora llevaba una cabeza
de águila, como es tradición internacional.
"A mí me pareció lógico
que la cabeza del bastón del mando debía
ser un cóndor, que es el ave nacional y que
está en el escudo nacional. De modo que a
partir de mi presidencia he establecido la cabeza
del cóndor como distintivo".
El uso del objeto -que se trabaja en los talleres
de las FFAA- fue reglamentado durante el gobierno
de Andrés de Santa Cruz, el 9 de diciembre
de 1829. A diferencia de la medalla, no se trata
de un elemento único; cada presidente tiene
su propio bastón y va inscrito con su nombre.
Es dado por el Alto Mando Militar y tiene las cinco
estrellas que se le asignan a su Capitán
General.
La
banda más larga
"Si vamos a hablar de la banda presidencial
-dice el Primer Mandatario- hay que señalar
que la bandera es el símbolo patrio más
importante. Y en ese contexto es que incluye sus
colores. Está referida a la nación:
es para la máxima autoridad de la nación
y por eso lleva los colores de la bandera nacional".
Como el bastón de mando, hay una banda hecha
a la medida de cada presidente. "La que yo
utilizo es un trenzado muy bonito, no es una banda
de seda como antes se estilaba, sino trenzada y
con el escudo bordado. Es un trabajo que hace una
congregación de monjas en Cochabamba; son
las únicas que lo hacen y que tardan entre
un mes y medio y dos meses en hacerla. Yo encargué
una más larga por mi estatura".
El símbolo pesa algo menos de un kilo y los
bordados son de pan de oro. Una ejemplar se expone
en la Galería de los Presidentes, el salón
en el que se encuentra la espada de Andrés
de Santa Cruz de Calahumana -cuya empuñadura
lleva grabadas las 11 batallas en las que fue blandida-,
el crucifijo y la Biblia sobre la que los ministros
hacen su juramento.
La
silla presidencial
Don Carlos Mesa esboza una sonrisa cuando quien
le entrevista le pregunta por la silla presidencial.
"El concepto de silla presidencial es más
bien simbólico", dice. "En mi caso
yo utilizo cuatro sillas". Una de ellas es
la que se ubica en la testera del Salón de
los Espejos, que ciertamente es un juego de muebles
muy antiguo. "Yo he identificado fotos de los
años 40 de esa silla. Es decir que por lo
menos en Palacio de Gobierno la han utilizado presidentes
desde Peñaranda hacia adelante", explica
el Presidente antes de mostrar el Decreto Supremo
27630, que reglamenta la imagen oficial de los símbolos
patrios a partir del 19 de julio.
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