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"El
equipo de todos" decepcionó a todos
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Los
veteranos terminaron fundidos |
El
fútbol boliviano tuvo sus peores años en el
último tiempo; a nivel de Selección está
la mayor prueba, pues se cometieron los mismos errores
En
2001 Bolivia terminaba su participación en la eliminatoria
para el Mundial del año siguiente en Japón/Corea
con un saldo lastimoso: fuera de carrera y penúltima
en Sudamérica, superando sólo a Venezuela. Entonces
se decía que de los errores había que aprender
para, en la competencia premundialista siguiente, cambiar
y mejorar, y aspirar a la clasificación a Alemania
2006.
Con el transcurrir de los años no sólo que se
repitieron aquellos errores, sino que fueron en aumento y
en 2005 la Selección Nacional terminó última
en Sudamérica y, por supuesto, eliminada de la carrera
para el Mundial del próximo año.
En
fútbol, Bolivia pasó en estos cinco años
muy rápidamente de un fracaso a otro mayor, y éste
le hizo tocar fondo, pues nunca antes una Selección
Nacional había caído tan bajo.
Para
el Mundial de Corea/ Japón, la Federación Boliviana
de Fútbol (FBF) se había propuesto llevar adelante
un proyecto deportivo a nivel de Selección y encargó
la dirección técnica del mayor plantel boliviano
al argentino Héctor Veira, que cobraba 30.000 dólares
mensuales por su trabajo. Pero éste sólo duró
13 meses, pues como los resultados -a la larga- no fueron
los esperados, el "Bambino" se tuvo que marchar
-eso sí, con buen dinero en el bolsillo- dejando a
nuestro seleccionado en una muy mala posición en la
competición oficial.
Su
sucesor fue Carlos Aragonés, cuyo metódico y
esforzado trabajo no sirvió para nada. El sufrimiento
verde continuó un año más -2000- con
la cantada eliminación de nuestro seleccionado, al
que al año siguiente aún le quedaban algunos
partidos por disputar y con poquísima chance para revertir
la situación.
A
Aragonés se le vino la noche; y antes de que, en 2001,
acabara la eliminatoria, los dirigentes de la FBF decidieron
otro cambio de timón en la dirección técnica,
esta vez con la historia de que, en los últimos tres
partidos premundialistas, debería comenzar un "recambio"
de jugadores como para llegar en mejores condiciones a la
siguiente eliminatoria.
El
reto lo aceptó Carlos Leonel Trucco, el arquero de
la Selección Boliviana clasificada al Mundial de Estados
Unidos 1994, que como director técnico se proponía
-empezando a trabajar con anticipación- llegar a otro
mundial, el de Alemania 2006.
Todo
quedó en sueño. Trucco tuvo una corta estadía
en Bolivia y el rato menos pensado agarró sus maletas
y se marchó por dos factores: veía que con la
dirigencia del fútbol nacional no se podía trabajar
en serio en un buen proyecto y, el segundo, no pudo resistirse
ante una tentadora oferta para que dirigiera en el fútbol
mexicano.
¿Borrón
y cuenta nueva? Para emprender el camino rumbo a Alemania
2006, otro proyecto empezó a tejerse y en el mes de
julio de 2003 llegó al país el nuevo seleccionador
nacional, el uruguayo-chileno Nelson Acosta, quien rápidamente
-al mismo tiempo que los resultados no le favorecían-
se dio cuenta de la realidad en Bolivia: la Selección
no es prioridad, lo son los clubes y, por tanto, los intereses
de éstos se sobreponen a los de un objetivo como país.
Acosta
-poco respaldado por los clubes- no duró ni un año
y se marchó en abril de 2004 después de haber
dirigido a Bolivia en las eliminatorias durante cinco partidos,
con el saldo de tan sólo uno ganado y los otros cuatro
perdidos. Su acabose fue la derrota boliviana ante Chile en
La Paz, el reducto donde supuestamente un equipo nacional
jamás debería perder si su objetivo es llegar
al Mundial.
La
FBF no pudo resistir a la presión de la falta de resultados
y -como lo había hecho en el anterior proceso- eligió
a otro entrenador, a Ramiro Blacut, para que intentara recomponer
el camino. Pero uno de los más experimentados entrenadores
bolivianos tampoco pudo. Duró seis partidos, de los
cuales ganó dos y empató uno; perdió
los tres restantes y con ello virtualmente se esfumaron las
pocas ilusiones que quedaban para obtener la clasificación
a Alemania 2006.
Y
como si se hubiera calcado la época anterior, cuando
tres técnicos dirigieron a Bolivia en la eliminatoria
para el Mundial de Corea/Japón, en la siguiente ruta
Ovidio Messa fue el tercer DT del seleccionado, cuya labor
fue sólo para rubricar lo que sus antecesores le habían
dejado, porque cambiar a esas alturas los resultados era poco
menos que imposible.
Messa fue el que más partidos dirigió a Bolivia
en la eliminatoria: siete, de los cuales ganó uno,
empató otro y perdió los restantes cinco.
No se necesita hacer mucho esfuerzo para concluir sobre las
razones que llevaron a Bolivia, en este tiempo, a cometer
los mismos errores y hundir más de lo que ya estaba
al seleccionado, haciéndole pasar el peor papelón
de su historia, pocos años después de que, entre
1993 y 1994, alcanzara una de sus mayores glorias.
La
clase dirigencial del fútbol boliviano sigue siendo
la misma y opera de igual forma, con muchos errores y pocos
aciertos, éstos casi imperceptibles.
Jamás en todo este tiempo se cumplieron los discursos
sobre la supuesta prioridad para con el trabajo del seleccionado;
hasta ahora no se ven los frutos de un "recambio"
generacional y nunca se respetan los llamados proyectos para
mejorar.
En
el último tiempo -en este recuento de los cinco años
transcurridos- el camino se ha repetido en el fútbol
boliviano, y se ha ido de mal en peor.
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