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¿Queda
esperanza?
Hacer un análisis del momento por el que le toca pasar a la
economía del país no resulta fácil. Se habla de la crisis
que llegó con rostro de recesión, las críticas aumentan
cuando se pone en interrogación si el Gobierno tiene o no un
programa económico coherente y claro, las dudas aumentan al
ver el incremento en las tasas de desempleo y pobreza en todas
sus categorías... ¿Y este panorama se ensombrecerá, más aún
con las crisis en países de la región?
Para
encontrar respuestas invitamos a uno de los analistas económicos
más destacados del país, el ingeniero Herbert Müller, ex
ministro de Hacienda en la actual administración; y él tuvo
la gentileza de escribir para Bolivia.com, el artículo que
publicamos a continuación.
Ing. Herbert Müller Costas
Si
tuviese que sintetizar en pocas líneas las luces y sombras de
estos cuatro años de gestión gubernamental, podría señalar
los logros alcanzados para sacar a Bolivia del circuito de la
coca-cocaína; el inicio de uno de los procesos más serios de
institucionalización de los principales organismos de
recaudación y gasto de los recursos públicos. La
despartidización e institucionalización de la Aduana
Nacional y de los diferentes fondos (FNDR, FIS, FDC)
constituyen una prueba de ello.
Queda pendiente realizar el mismo trabajo para el
Servicio de Impuestos Internos y el Servicio Nacional de
Caminos que estoy seguro será una de las prioridades del último
año de gestión gubernamental a cargo de Don Jorge Quiroga.
Pese a los shocks
externos, el país ha logrado mantener la estabilidad y la
solvencia de su sistema financiero y mantener un déficit
fiscal razonable evitando, de esta manera, el rebrote de un
proceso inflacionario
que logró mantener el poder adquisitivo
de un
importante sector de la población entre los cuales se
encuentra, por ejemplo, el magisterio y los empleados del
sector de la salud. El
control del déficit fiscal que, lamentablemente, que en los
últimos meses de este año se ha flexibilizado, evitó un
aumento de las tasas de interés y evitó iliquidez en el
mercado financiero, evitando que la crisis económica que
vivimos sea de mayor profundidad.
La experiencia de Argentina, muestra con absoluta claridad,
que en un mundo cada vez más globalizado, una administración
económica seria, requiere del mantenimiento de la disciplina
fiscal y de los equilibrios macroeconómicos.
No hacerlo, implica que más temprano que tarde, se
deberán realizar ajustes severos en la economía con un
elevado y doloroso costo social para la población, basta
observar las medidas aplicadas por el zar económico Domingo Cavallo que tuvo que reducir los sueldos y
pensiones de los jubilados argentinos.
La apertura del mercado brasilero para el gas y la estabilidad
de las reglas de juego en el sector energético, han permitido
una fuerte inversión extranjera que se ha reflejado en un
espectacular aumento de las reservas gasíferas, que garantiza
al país una importante fuente de ingresos por concepto de
impuestos y regalías en el mediano y largo plazo y que, a su
vez, le permitirán ejecutar un programa agresivo de inversión
pública en infraestructura, salud y educación.
Definitivamente ya se ve una luz al final del túnel.
La ampliación de nuevos mercados para el gas, como la
exportación de LNG (gas licuado natural) demandará del
Gobierno la definición de una política internacional muy
clara con Chile, México y EE.UU. que son los tres países
claves para materializar la comercialización de LNG a los
mercados del Pacífico. Jorge Quiroga deberá dar continuidad y acelerar el trabajo
iniciado por él hace meses en este campo.
Por
otro lado, el aumento de las reservas de gas ha permitido
incrementar significativamente la capacidad instalada de
generación termoeléctrica que, en el futuro mediato, debería
reflejarse en una disminución de los precios de energía eléctrica
en el país contribuyendo a la economía popular y a la
competitividad del sector productivo.
La
renegociación de la deuda externa, tanto dentro del Club de
París como dentro de la Iniciativa HIPC, ha permitido reducir
significativamente el servicio de la deuda externa, liberando
recursos para ser invertidos en los diferentes municipios con
un criterio redistributivo más justo, lo que refleja los
consensos logrados en el Diálogo Nacional 2000 y que han sido
recogidos en la Ley del Diálogo Nacional, recientemente
aprobada por el H. Congreso Nacional.
El
Informe de Desarrollo Humano del PNUD, confirma que los
indicadores sociales han mejorado aunque de manera modesta.
No
obstante, el crecimiento se ha dado casi exclusivamente en los
sectores modernos de la economía (hidrocarburos,
electricidad, telecomunicaciones) caracterizados por ser
intensivos en capital y, en consecuencia, no ha permitido
mejorar la calidad y cantidad del empleo en el país. Esto explica porqué, pese a registrar relativamente
buenos indicadores económicos, un porcentaje
significativo de la población está mal.
Esta situación se ha agravado porque el sector
empresarial boliviano no ha logrado adaptarse a las
condiciones que exige una economía globalizada, que
anteriormente lidió con la crisis asiática y en la
actualidad debe hacer frente a la desaceleración de la
principal economía mundial que son los EE.UU.
Así por ejemplo, para mejorar la competitividad de la
agricultura comercial boliviana se tendría que aumentar la
productividad y no necesariamente la frontera agrícola, que
fue financiada con créditos y no con capital de riesgo.
El
apoyo estatal deberá orientarse a mejorar la infraestructura
vial, tarea en la cual el esfuerzo gubernamental ha sido
modesto, por decir lo menos, y a la creación de condiciones
para el desarrollo de un mercado de capitales que permita
canalizar recursos de largo plazo en la economía boliviana. El anterior gobierno encaró la reforma de pensiones, en la
presente gestión se completó e implantó el marco
regulatorio para que el ahorro que se genera como resultado de
la reforma de pensiones (US$. 830 millones acumulados a marzo
de 2001) pueda canalizarse hacia el mercado. Lo que falta son
los actores que utilicen estos recursos.
El
proceso de adaptación del sector productivo nacional no es
una tarea fácil ni rápida y eso plantea al gobierno la
necesidad de crear programas de empleo que permitan al país
cruzar el vado. Los
programas de empleo – una prioridad en la coyuntura actual
-, deberían generarse, principalmente, a partir de las alcaldías
municipales con el apoyo de los distintos fondos agrupados en
la Dirección Única de Fondos.
Lamentablemente,
la Ley de Participación Popular, no se ha complementado con
definiciones claras sobre las competencias que corresponden al
Gobierno Central, las prefecturas y los municipios.
Esta es precisamente una de las tareas pendientes
que deberá encarase a la brevedad posible, definiendo
el alcance y ritmo con que se debe ejecutar la descentralización
en el país. En
esta área, debe destacarse, el esfuerzo que viene realizando
el gobierno central para sanear las finanzas municipales, lo
que ha puesto en evidencia, al mismo tiempo, la débil
institucionalidad municipal que impide una mayor eficiencia,
eficacia y rapidez en la ejecución de la inversión pública
y, por ende, en la generación de empleo, situación que se ve
agravada por la incapacidad administrativa y ejecutiva de la
mayoría de las prefecturas departamentales.
Sin
lugar a dudas, la sostenibilidad en la creación del empleo
provendrá del proceso de inversión que realicen las empresas
bolivianas, sobre todo, en el sector de la pequeña y mediana
industria. Esto
supone que las empresas grandes se deberían financiar
fundamentalmente en el mercado de capitales y la pequeña y
mediana industria en la banca. El ingreso al mercado de
capitales, obliga a las empresas a transparentizar sus estados
financieros, lo que implica para muchas de éstas un elevado
costo, ya que deberán regularizar su situación impositiva.
Es
por ello, que la institucionalización y despartidización del
Servicio de Impuestos Internos, deberá estar acompañada de
la aprobación del nuevo Código Tributario que, entre otras
cosas, haga de la evasión y defraudación tributaria un
delito penal, pero, al mismo tiempo, permita regularizar la
situación impositiva de las empresas nacionales por única
vez a un costo razonable y sin penalidades.
El
camino que ha tomado el gobierno de flexibilizar las normas
prudenciales de la banca y la creación de la Ley FERE para
apoyar el refinanciamiento de las empresas en mora, no
solamente que está debilitando la solvencia del sistema
financiero, sino que además envía señales equivocadas al
mercado. Parecería ser que los buenos pagadores son castigados y los
malos son premiados.
La
crisis argentina, en el mejor de los casos, repercutirá en la
contracción del flujo de recursos hacia la región, obligará
a los países a ajustar sus tipos de cambio y, probablemente,
generará tendencias proteccionistas.
Sin lugar a dudas, este aspecto presionará aún más
al sistema financiero nacional.
Es por ello, que la Ley de Fortalecimiento Bancario que
ya esté en el H. Congreso Nacional y que fija las normas
prudenciales y de supervisión para asegurar un sistema
solvente y la oportuna
intervención de la Superintendencia de Bancos e Instituciones
Financieras cuando la situación amerite, debería ser
aprobada a la brevedad posible.
Uno
de los riesgos y tentaciones que enfrentará el gobierno de
Jorge Quiroga es que con el pretexto de aumentar la demanda
agregada, el sector empresarial podría ejercer presión para
que se aumente el déficit fiscal, el mismo, por las
limitaciones que imponen los mercados financieros, sería
financiado con deuda interna.
De hecho, el menor nivel de crecimiento del PIB; la caída
en las recaudaciones tributarias, especialmente, por concepto
de IEHD (US$. 26 millones) que permitió financiar en parte el
congelamiento de los precios de los carburantes; la otra
parte, fue financiada por las empresas petroleras a quienes se
les debe hasta la fecha aproximadamente 20 millones de dólares.
La subvención del gas licuado en el mercado, con un
costo de cuatro millones de dólares mensuales y un incremento
del gasto como consecuencia del aumento en el mínimo de la
renta de jubilación que representa para el Tesoro General de
la Nación un costo de 30 millones de dólares y la garantía
de no coparticipar, sino de garantizar los ingresos
presupuestados a las universidades públicas, elevarán el déficit
fiscal este año a más de un 4.5%.
El
financiamiento del déficit fiscal con deuda interna implica
un aumento significativo en el pago de intereses por concepto
de deuda pública. Actualmente, los intereses por deuda
interna son más o menos iguales a los de la deuda externa
(aproximadamente 100 millones de dólares anuales) aunque ésta
última es cuatro veces más que la deuda interna. Esto es lógico
ya que la tasa de interés
por la deuda interna es significativamente mayor que la
tasa de interés promedio que se paga por concepto de la deuda
externa .
Pero
lo más grave es que de mantenerse el ritmo de endeudamiento
interno actual, en los próximos años el gobierno deberá
aumentar los impuestos para repagar la deuda pública o
incumplir el pago de la deuda a las AFP´s.
Es decir, confiscar
el ahorro de los asalariados bolivianos o reducir el monto de
los salarios y jubilaciones como se está haciendo en
Argentina.
Finalmente,
pero no por ello menos importante, la gestión de Jorge
Quiroga deberá revertir en este año, una percepción
generalizada sobre la corrupción gubernamental. La población
necesita ver un gobierno con autoridad que más allá de
preocuparse por la crisis, se ocupe de la misma de manera
transparente optimizando la recaudación impositiva y el gasto
en inversión pública. Esperemos
que en el próximo Grupo Consultivo que tendrá lugar en el
mes de septiembre, el Gobierno obtenga donaciones y créditos
concesionales en tasa de interés y plazo para coadyuvar en un
programa de emergencia para crear empleo en el corto plazo.
29.07.2001
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