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El carnaval trae trabajo
a centenares de artesanos
Bordadores
o costureras; ojalateros o expertos en máscaras,
todos trabajan en esta época del año, de sol a sol. Los negocios en las
calles Kollasuyo y Los Andes (La Paz) tiene ofertas de vestuario y
disfraz.
Pequeños
y grandes talleres están sumidos en el bordado y la costura de
lentejuelas y otros brillantes adornos. Pese a la variedad, lo que abunda
en La Paz es el traje de chuta.
Una
actividad febril se vive en las calles Kollasuyo, Los Andes y alrededores,
por las zonas del Cementerio y la Buenos Aires.
Es que allí se concentran los más variados talleres encargados de
trabajar el vestuario y los disfraces que se lucirán en estas fiestas
carnavaleras.
Los escaparates lucen maniquíes con trajes de moreno, tinkus, tobas,
pepinos, cholas paceñas, caporales y chutas. Sobre todo chutas. Hay una
enorme cantidad de éstos a la venta y para alquilar que permanentemente
son demandados por quienes se preparan para la anata del fin de semana.
En la puerta de muchos de esos talleres, hombres, mujeres y hasta niños
lucen muy concentrados al frente de los bastidores, cosiendo las
lentejuelas y otros adminículos de fantasía en telas de bayeta de la
tierra o terciopelo.
También se escucha el ruido de las máquinas de coser y bordar. Los
trajes del tinku, en encendidos colores naranja, celeste o fucsia, van
tomando forma debajo de la zapata del complemento que tienen los
artesanos, si bien la mayoría trabaja todavía a mano.
Los talleres más pequeños presentan estrechos estantes repletos de
chaquetillas, polleras, fajas, pañuelos, mascarillas y máscaras. Al ver
todo apiñado se hace difícil saber cómo alguien puede encontrar algo en
el montón.
Uno de esos sitios es el de Pedro Laruta, viacheño que por más de 40 años
vive de su habilidad para coser, diseñar y bordar los trajes "de
todas las danzas, un artesano tiene que saber de todo, no sirve si sólo
se trabaja en la morenada, por ejemplo".
La tarde lluviosa del martes, Laruta estaba ante la puerta de su negocio
bautizado como Naijama (del aimara, como yo). Con los lentes apoyados casi
sobre la punta de la nariz, envolvía muy afanado una delgada cinta en
torno a una tira larga y ancha de cartón. "Es un rapanko para la
chaquetilla del chuta", explicó casi con dureza para preguntar
luego: "¿acaso no eres boliviana?".
Poco a poco se fue abriendo para contar su historia, pero también para
comentar sobre los políticos, la prensa y otros detalles de la realidad
cotidiana que él ve preocupado mientras apuesta por el cambio que ahora
ve sólo en la persona de Felipe Quispe, el Mallku.
En medio de la conversación se asoman dos hombres:
-
¿Tienes trajes de chuta?
- Sí hay, pero para fletar nomás.
-
Para fletar nomás también quiero.
-
Hay de tres clases: rosado, celeste y multicolor.
- ¿Puedes mostrarnos uno?
- No, ahora no tengo tiempo. Más tarde volvete.
- Ya, pero estarán limpios ¿no?
- Claro.
El diálogo, que puede sonar descortés para un extraño, termina con
naturalidad, sin resentimientos.
"¿Qué estás anotando, no serás política no?", pregunta
entre divertido y desconfiado mirando por encima de sus lentes. Aclarado
el asunto, la charla sigue en medio de la oscuridad que comienza a invadir
el taller mal iluminado por un pequeño foco perdido entre los montones de
ropa. Del fondo llega la música de una kullaguada: es la radio que emite
en aimara.
"La prensa debería visitar más a los artesanos. Para que escriban
sobre cómo vivimos. Es interesante conocer a un zapatero o a una
pollerera. Bien que has venido".
La vida de estas personas "no es fácil, tenemos seis meses solamente
para recoger los frutos del trabajo, entre mayo y octubre cuando hay un
calendario de fiestas; luego todo baja, nadie quiere un traje ni
regalado". El carnaval de La Paz no es como antes, ahora
en Oruro esdonde hay demanda;"para nosotros lo importante es
el Gran Poder".
Los
artesanos "no esperamos nada de los políticos tradicionales; tantos
años que trabajamos y hasta ahora somos autodidactas porque no tenemos dónde
aprender más, no recibimos ninguna ayuda".
Pedro
Laruta, que luce unos 55 años, también baila con la Unión de
Bordadores. La danza elegida es la morenada. "Soy un moreno de
matraca, nada de esos inventos que han hecho ahora de achachi galán y
esas cosas".
De pronto, el artesano que ha comenzado a armar otro rapanko se detiene
sorprendido por su propia idea:"Conseguite a cuatro amigas más y yo
les voy a hacer el traje completo de chola paceña, con todo y las botas.
Por qué no vienes a bailar en Gran Poder".
Entre palabras dichas y muchos silencios han pasado casi tres horas.
Afuera
la actividad nocturna es intensa. Al bajar hacia el centro de la ciudad se
aprecian los negocios más "modernos", con máscaras de goma
importadas representando a monstruos. También éstos saldrán a bailar en
el carnaval paceño.
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