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Nazario Mamani, de oficio Kallahualla, heredó de su padre la actividad y, según él mismo explicó, la misma se tiene que mantener ya que es el legado dejado por los antepasados. “Mi abuelo era curandero y seguramente mi hijo mayor lo será, pero mis otros hijos tienen que estudiar”, dijo Mamani, quien trabaja en la calle Sagárnaga y forma parte de la Asociación Boliviana de Medicina Milenaria y Kallahualla. Especialista
en challas Mamani conoce de su trabajo por lo que cada carnaval es contratado por instituciones como la Alcaldía Municipal. Al margen de instituciones, el Kallahualla challa fábricas, oficinas, locales comerciales y casas. La challa es una ofrenda que se realiza a la Pachamama para atraer la buena suerte y que en todas las actividades de la vida exista prosperidad.
“En la ceremonia dispongo de mesas, ya sea dobles o simples. La simple es de 12 misterios con sus 12 hojas de coca para atraer bendiciones. En la doble se trabaja con 24 misterios y 24 hojas de coca”, explicó Mamani a tiempo de mencionar que existen diferentes misterios como el de la salud, amor, trabajo, suerte, dinero y otros. La
mixtura trae mala suerte A decir de Mamani, la mixtura ya no es utilizada para la challa puesto que con el tiempo se ha comprobado que trae mala suerte. “En estos tiempos ya no se utiliza la mixtura. Ahora los deshechos de flores son los mejores para llamar a la suerte”, dijo. La
oración, el cigarro y el feto Toda challa viene acompañada de oraciones a la Pachamama, se comparte la tradicional coca y se fuma cigarrillo para leer el futuro. “Cuando uno fuma se ve el futuro, si le va bien florece blanquito, se queda la ceniza. El mal augurio es cuando se queda negro con agujeros lo que origina peleas en todos los ámbitos de la vida”, explicó. También se acostumbra realizar la ceremonia con un feto o sullo, lo que permite, a decir de Mamani, agradar a la Pachama y convocar a los buenos augurios. El incienso o copal (especie de humo), es importante en este tipo de ceremonias para complementar la bendición. Normalmente se hace la ofrenda al Señor Santiago y no sólo se pide bendiciones, sino también se agradece por las cosas recibidas. Todo cuesta
“En las oficinas la challa suele durar dos horas, una para pasar la mesa y otra para bendecir con alcohol. En las casas dura hasta cuatro horas ya que se comparte más e incluso se come un chicharrón o un fricasé de cerdo”, añadió. Mamani señaló que el horario del ritual suele realizarse entre las 4 y 5 de la tarde o entre las 8 y 9 de la noche, según lo estipula la tradición. El
plato tradicional Como en toda ceremonia, la comida forma parte de la tradición. El martes de challa se acostumbra compartir un lechón con papas, camotes, ocas y yucas al horno. Se suele tomar cerveza y ofrecer a la Pachamama unos cocteles de tumbo. Los artesanos, obreros, tenderos y vendedores, challan sus puestos o talleres con el fin de obtener la gracia de la Pachamama y tener un mejor año. Los cohetes y petardos son también utilizados en esta fecha. Charazani,
la tierra Kallahualla Mamani indicó que los Kallahuallas de Curva, segunda sección de Charazani en la provincia Bautista Saveedra, su tierra natal, son los auténticos maestros curanderos. Y si existen otros maestros que no son de esa región, no son verdaderos Kallahuallas. Con sede ubicada la calle Max Paredes en la zona Buenos Aires de La Paz, los Kallahuallas no sólo realizan challas para el martes de carnaval. Como maestro Kallahualla, Mamani acostumbra hacer curaciones de riñones, caderas y tobillos con hierbas calientes, frías y grasas de animales como la serpiente o el lagarto. Estos maestros leen la suerte con los naipes y venden amuletos y talismanes para alejar las maldiciones y atraer la buena suerte. En esta época de carnaval la demanda es abundante y Kalahullas como Nazario Mamani, suelen trabajar los cuatro días de fiesta, pero sobre todo el martes de la tradicional challa.
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