|
Raimunda Bautista
El frío de la mañana golpea su rostro. El invierno paceño la condena a salir de su casa cuando la luz del día todavía no ha llegado. Son las cinco de la mañana y Raimunda Bautista Nina ya emprendió el rumbo desde su casa en Alto Pampahasi hasta la zona de Sopocachi, donde trabaja de empleada doméstica. Esa rutina es la misma que lleva hace 25 años, cuando dejó su Guaqui natal para llegar a la gran ciudad. "No sabía hacer nada y todo me parecía difícil", recuerda Raimunda; "Me ha costado mucho porque no hablaba bien el castellano y la comida era diferente". Pero su relato nos permite deducir que lo que más extrañó fue su casa, su familia... a su madre. "Yo era la mayorcita, en todo le ayudaba, pero como me casé, tuve que venirme a La Paz. En las noches despertaba pensando que tal vez estaba llorando..." Y en esos recuerdos, no deja de nombrar a la persona que confió en ella, que le enseñó a trabajar y que la recomendó para que le dieran un empleo. "La señora Alicia Shultze fue muy buena y gracias a ella pude conseguir trabajo". Pero Guaqui, la etapa de adaptación a la ciudad y la falta de experiencia en el trabajo quedaron atrás. Raimunda transita segura por la ciudad y su trabajo y esfuerzo son reconocidos por sus empleadores, tanto que hace 4 años, cuando la persona para quien trabajaba se iba del país, quiso llevarla consigo. " Me dijo que nos fuéramos a Suiza, yo no he querido porque mis hijos eran más chicos" Sus 2 hijos (Jorge y Víctor Cabiña Bautista) ya crecieron, tanto que uno de ellos es casado y ya la hizo abuela "de la Gasmín", dice; y el otro, egresó de la escuela Pedro Domingo Murillo. "Es mecánico, pero quiere ser más, ahora a entrado a la universidad y yo lo sigo atendiendo".
La conversación se extiende, sus palabras son como una lección de empeño "Después de trabajar me voy a mi casa a seguir trabajando, pero estoy acostumbrada y soy feliz". La entrevista ya terminó, pero Raimunda sigue contándonos de su vida, nos asegura que éste domingo, día de la madre, madrugará como siempre, ya que a las siete de la mañana comienza el culto de su iglesia: El Ministerio Nuevo Pacto. Nos despedimos pero gira sobre sus pasos para volvernos a preguntar dónde saldrá esta nota. ¿Internet?... ¿computadoras?... ¡Ah! dice, "al Víctor (su hijo menor) le voy a decir, a él le gusta el tilín". |