Victoria Portugal Maldonado

Para Doña Victoria el Día de la Madre es un día como cualquier otro

El portón de madera suele estar semiabierto, como queriendo invitar al transeúnte común a pasar al interior de una vieja casona, de esas de principio de siglo con muro de adobe y techo de teja antigua.

Ni bien se abre la puerta, dos señoras de pollera están a punto se salir a la calle a trabajar. Tras un saludo fraternal, ambas mujeres se dirigen a la puerta no sin antes indicar dónde se encuentra doña Victoria.

Después de caminar hacia un patio lleno de sol, la figura de doña Victoria Portugal Maldonado se puede percibir en uno de los extremos del lugar. Lavando ropa y disfrutando del sol matinal, se da la vuelta para responder el saludo con una sonrisa de esas que salen espontánemente.

No faltan las novedades

Tras las preguntas de rigor como: ¿Dónde se perdió? o ¿qué ha sido de su vida?, doña Victoria cuenta que una de las internas, la señora Hortensia Lizarazu, falleció hace tres semanas y que su cuarto no será ocupado por otra anciana ya que las autoridades de la Prefectura de La Paz no permitirán que llegue gente nueva al hogar.

"Hemos quedado seis ancianas en este hogar y poco a poco vamos quedando menos. ¿Se ecuerda de doña Zoila? Ella también murió no hace mucho, era tan buena, apenas se hacia sentir", señala doña Victoria sentada en un tablón ubicado sobre piezas de ladrillo.

Hace 11 años que vive en el Hogar de Ancianas Rosaura Campos y todo este tiempo le ha enseñado a disfrutar de su soledad, a pesar de que su hijo Federico la visita periódicamente.

"A veces vienen mis amigas y charlamos de todo un poco, nos reímos y la pasamos bien. A veces también no viene nadie y una siente necesidad de afecto", indica para después añadir que la pensión que le da su hijo en ocasiones no alcanza para satisfacer sus necesidades.

La alegría se la dan sus nietos

Karina de 25 años, Patricia de 20 y José Gary de 13, son los tres nietos de doña Victoria, quien les tiene una adoración sin igual. La hija mayor se casó recientemente en la ciudad de Cochabamba pero ella no pudo asistir.

"No pude estar en Cochabamba para acompañar a mi nieta porque me encontraba delicada de salud. Se casó con un militar del TAM. A veces paso un buen tiempo con ellos ya que mi nieta Patricia también vive por ahí, pero como no me gusta el calor de esa ciudad prefiero venirme a La Paz", dijo a tiempo de resaltar que Karina se graduó en el mes de abril de la carrera de auditoría.

Para doña Victoria una de las cosas que más satisfacción le da es escuchar a su nieto José Gary alabarle por lo delicioso que le salen sus platos. Incluso hasta hace un tiempo preparaba la comida del hogar para las demás ancianas conjuntamente con la recientemente fallecida doña Zolia.

Ahora la comida es preparada por doña Gregoria, una empleada que trabaja para la prefectura quien se encarga de facilitarles el desayuno y el almuerzo. Eso no impide que se prepare alguno que otro plato en la pequeña hornilla que tiene en su cuarto.

Otra de las alegrías que doña Victoria tiene es la de ser bizabuela ya que su segunda nieta Patricia tuvo su hijo hace tres años.

La salud a veces falla

"Tengo a veces un dolor de cabeza que no me deja en paz y tengo también un dolor en los oídos por lo que me gustaría contar con un tónico y unos audífonos".

Al margen de estos padecimientos, doña Victoria se resfría frecuentemente debido a la humedad de la habitación en al que vive. Y es que el tejado tiene orificios por donde pasa el agua en tiempo de lluvias; es por eso que solicitó ayuda a los encargados del asilo para que arreglen los desperfectos.

Sin embargo, vanos fueron sus intentos para que atiendan sus pedidos. "Apenas he hecho arreglar la canaleta del comedor que se encontraba en malas condiciones. Tal parece que quieren vernos muertas ya que no nos dan atención. Si quieren que se nos caiga el techo encima pues que se nos caiga", se quejaba doña Victoria, quien cumplió 77 años el 20 de marzo y espera vivir tres años más para completar los 80.

El hogar depende de la Prefectura del Departamento y se pudo evidenciar que muy pocas obras se han realizado en el mismo ya que se encuentra bastante deteriorado. Lo único que pide doña Victoria es que se refaccionen algunos de los ambientes del hogar para no sufrir ante los temporales.

Un día especial

Doña Victoria no pierde su buen humor pero por momentos su mirada se pierde en el horizonte y un poco de melancolia sale a relucir a través de sus ojos. Y es que para ella y sus compañeras el Día de la Madre es un día como cualquier otro ya que nadie suele visitarlas.

"Mi familia viene a visitarme pero están un ratito y después de van. Mi hijo a veces no tiene tiempo para verme, anda muy ocupado. Por momentos quisiera morirme de una vez", señala con cierta amargura esta anciana cuya compañera inseparable es la televisión.

Poco antes de la despedida, doña Victoria solicita la colaboración de un arquitecto que pueda arreglar el techo de su habitación y así no sentir más frío y enfermarse. Como ella, muchas ancianas tan sólo piden un poco de atención, cariño y compañía, al margen de ciertas condiciones básicas para vivir.