Ostermann:
“Debemos desarrollar un sentimiento de identidad”
Desde
tiempos inmemoriables, el hombre andino se valió de la observación para
determinar cuándo es el tiempo de cosecha y cuándo es el tiempo se
siembra de acuerdo a las condiciones del clima y la naturaleza.
En
este marco, el antropólogo y estudioso Carlos Ostermann, señaló que la
ceremonia del solsticio surge a raíz de que el hombre indígena siempre
utilizó a la naturaleza como una fuente de sabiduría para saber cómo
vivir.
Y
no sólo fue el agricultor el que consideró las corrientes del sol, del
viento o de la lluvia para determinar el momento propicio de trabajar en
las chacras o en los cultivos y producir frutos. También estuvieron
inmersos en este proceso los pescadores y cazadores.
“Antes
la gente dependía de su propio esfuerzo y capacidad de observación para
desarrollar sus actividades y tener un dato preciso. Es por eso que el
aymara sabía y sabe en qué momento roturar el campo y sembrar, por
ejemplo”.
Inicio
del año agrícola
De
esta manera, el solsticio de invierno, según Ostermann, se constituye en
el inicio del año agrícola, periodo que dura hasta el solsticio de
verano el 21 de diciembre.
“Se
dice que la noche del 21 de junio es la noche más larga donde el sol
viejo muere y el sol nuevo inicia su periplo como parte de un proceso que
se repite continuamente”, añadió.
Al
margen de que se produce el inicio del año agrícola, Ostermann señaló
que se conmemora el hecho de que la tierra ha dado sus frutos y a partir
del 21 de junio el sol joven iniciará un nuevo ciclo con toda su fuerza
donde también intervienen otras fuerzas de la naturaleza como el viento y
las montañas.
Dos
equinoccios
Al
igual que existen dos solsticios, también existen dos equinoccios. En términos
generales, se puede decir que el solsticio es el tiempo en el que el sol
se encuentra más lejos de la línea del Ecuador y se produce cada 21 de
junio y 21de diciembre.
El
equinoccio es la época en el que los dos polos de la tierra se encuentran
a igual distancia del sol lo que permite que la luz solar caiga de igual
manera en ambos hemisferios. Los equinoccios suelen producirse el 23 de
marzo y el 21 de septiembre.
“El
solsticio se puede interpretar como la época en el que el sol está más
cerca y el equinoccio es cuando está más retirado del hemisferio
terrestre”.
Los
símbolos
El
soslticio no sólo se convierte en un ritual donde se le agradece a la
Pachamama por todas las bendiciones efectuadas durante el año. También
se constituye, a decir de Ostermann, en una forma de invitar al dios Sol a
participar de las actividades que la comunidad realizará durante todo el
año.
Es
por eso que el ritual conlleva una serie de simbolismos que no hacen más
que corroborar la interrelación que existe entre indígena y naturaleza.
“Hay
varios símbolos que se puede observar en esta celebración. Tal es el
caso del quemado de ciertos objetos como signo de que la tierra se esta
alimentando o los sahumerios en forma de llamas que son ofrecidos a los
dioses”.
Un
sentido de identidad
Para
Ostermann, más allá de reconocer esta celebración como un acto que
incumbe solamente al hombre andino, se trata de una actividad nacional,
donde todos deberían participar.
“Si
queremos entender la realidad cultural tenemos que hacerla carne en
nuestras vidas y para poder ver a una Bolivia con equidad social es
necesario empezar a construir este país con el que me siento plenamente
identificado”.
En
este contexto, Ostermann indicó que esta ceremonia no sólo tiene que ser
de los aymaras, sino de todos ya que en las diferencias deberíamos
encontrar una fuente de unión.
“Debemos
desarrollar un sentimiento de identidad frente a la globalización ya que,
por si no se han dado cuenta, muchos países limítrofes se apropian de lo
nuestro porque no tienen demasiadas raíces. Si el patrimonio cultural te
pertenece, estás en la obligación de protegerlo. Pienso que la cultura
no sólo son las bellas artes, sino que es parte del alma de las
personas”, concluyó.
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