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Los
de San Simón han hecho del caporal su razón de vivir
Las
botas llenas de cascabeles les llegan más arriba de la rodilla, el pantalón
cambió de bombacha a recto. Lucen unos escorpiones bordados en varios
colores y el ala del sombrero
está doblada en el lado izquierdo. Esas son las características de los
caporales de San Simón. Un
traje negro, lleno de figuras multicolores, es el diseño que lucieron en
las entradas recientes de Oruro y Cochabamba. La
agrupación nació el 22 de noviembre de 1978, en la ciudad de Cochabamba,
al interior de la Universidad Mayor de San Simón. El
padre del nuevo grupo fue
precisamente el rector de esa casa de estudios superiores, Jorge Trigo
Andia, quien bautizó al conjunto de 100 residentes orureños que cursaban
las aulas universitarias. En
1979 realizaron su primera presentación en el carnaval de Oruro. Hasta la
fecha es sagrado que los fraternos asistan con devoción ante la Mamita
del Socavón, como ellos la llaman. Tres años pasaron para que los
habitantes de la capital folclórica decidan formar un bloque local de la
nueva fraternidad. Una
década después se conformó la filial La Paz,
luego Santa Cruz y en la gestión 93 el bloque de fraternos de la
ciudad de Sucre. Los
caporales de San Simón han bailado en casi todos los departamentos del país.
Sólo les falta visitar Tarija y Pando. En
cuanto a viajes internacionales han recorrido Brasil, Perú, España,
Miami, México, Chile y Argentina. nuevos
integrantes Si
una persona quiere ingresar al bloque La Paz debe presentarse en
las canchas de San Miguel el primer domingo de octubre para una
entrevista con los tres coordinadores, nombrados por el directorio central
que se encuentra en la ciudad de Cochabamba. En la ocasión, el candidato
debe fundamentar su deseo de ser parte de la fraternidad. ¿Cuánta
devoción le tiene a la Virgen?; ¿le
gusta bailar?, ¿por qué entrar a San Simón?, son algunas de las
preguntas que deben responder los postulantes. La
devoción a la Virgen es un punto importante al igual que el aspecto físico.
Sin embargo, según afirma uno de los coordinadores, hay personas que no
son creyentes y forman parte del grupo. Luego
de seis semanas de ensayos se
toma el examen de ingreso. Los componentes antiguos forman parte del
jurado delante del cual se debe responder algunas preguntas teóricas. Todos
los postulantes bailan en
grupo para poder acceder al puesto. En cuanto ingresan son tratados como
“los sarnas” de la fraternidad. El
momento en que se hacen nuevos miembros deben aceptar las obligaciones y
derechos de la agrupación. La cuota anual para un antiguo es de 200 dólares,
mientras que un benjamín cancela 260 dólares. En
el costo anual está incluida la cuota de ensayo, banda, el seguro de
vida, los pasajes al primer y
segundo convite, entre otros gastos. El
precio del traje eleva los egresos de los bailarines a 100 dólares más
si la vestimenta es confeccionada sin bordados, pero puede llegar a 140 ó
150 si es completa. El
diseño del vestuario es elegido a través de un concurso a nivel
nacional. Los
Simones tienen 24 pasos para los bloques. De esos 24, 16 son similares en
todo el país. Los
caporales realizan alrededor de seis veladas entre octubre y febrero. En
cada una se sirven trago, rezan a la virgen, fuman y mascan coca. También
inventan canciones que cantan en la entrada. La última velada es para
bendecir los trajes del año. Antes
del bautizo no son nada La
primera promesa que hace el flamante fraterno es la de bailar por tres años
consecutivos en devoción a la Virgen del Socavón. El
bautizo se realiza después del primer recorrido o convite del carnaval de
Oruro. Los que calificaron para conformar el grupo nombran a un padrino y
a una madrina. En
la ceremonia cubren su cuerpo con harina y huevo. Este año, a los nuevos
caporales se les obligó a ingresar de rodillas y vestidos como esclavos.
A su paso recibieron chicotazos en la espalda. los
Simones tienen sus fanáticos Es
el caso de Ariana Gutiérrez que la semana pasada viajó hasta Oruro sólo
para no perderse el espectáculo de Sergio, una de las figuras de los
Uyustus. Ella
conoce incluso la estructura del bloque y sabe que este año los Simones
ingresarán en el puesto 36. Lo que tiene bastante claro es que su bailarín
favorito se ubica en uno de los primeros grupos. Paola
Achá es también una incondicional admiradora de la fraternidad desde
hace tres años y nunca falta al corso de corsos. Cada
bloque se arma de la siguiente manera: las machas son un grupo de mujeres
de estatura elevada y de mucha belleza que encabezan la fraternidad. Ellas
bailan vestidas de varón, de allí su denominativo. Les
siguen los machos, otro grupo de figuras pero esta vez masculinas. Detrás
de ellos danzan la tropa y las chinas. Desde hace dos años se formó un
grupo reducido de danzarines conocidos como Los Uyustus, quienes
desarrollan una coreografía propia.
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