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Representantes
de la Iglesia, DD.HH. y la Defensoría del Pueblo
dicen que no pueden hacer mucho para acercar a las
partes en conflicto debido a las posiciones cerradas.
Las
condiciones que impone el Gobierno para acceder al
diálogo con los cocaleros la entrega
de los asesinos de los uniformados y la exclusión
de Evo Morales y otros dirigentes campesinos de la
negociación alejan las posibilidades
para una intervención de los facilitadores,
reconocieron éstos ayer.
El
panorama para las siguientes horas es incierto para
los facilitadores. Sin embargo, las tres instituciones
que conforman esta instancia de acercamiento ya tienen
definida una línea de trabajo tras los sucesos
de ayer.
La
Defensoría del Pueblo decidió que dejará
de interponer sus oficios toda vez que el conflicto
dejó de tener un matiz socioeconómico.
La posición del Gobierno de no negociar con
los dirigentes cocaleros le asignó un tinte
político. Por eso hacemos un alto en
el camino, dijo Ricardo Pol, representante de
esta institución en Cochabamba.
Por
su lado, los representantes de la Iglesia y Derechos
Humanos de esa ciudad afirmaron que insistirán
en pedir el diálogo entre las partes en conflicto,
pero no saben cuándo. Ello dependerá
de la evolución del problema, mientras se realiza
un proceso permanente de reflexión y análisis,
dijeron los sacerdotes Eugenio Coter y Luis Sánchez,
miembros de las dos instituciones, respectivamente.
Entretanto,
los tres facilitadores vigilan el respeto a los derechos
humanos de los detenidos.
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