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El
presidente Jorge Quiroga prometió dar con los
autores de los brutales asesinatos del subteniente
Trujillo y del policía Gutiérrez.
Fue
una semana de luto. Siete personas murieron en los
violentos enfrentamientos que se produjeron en Sacaba
desde el martes 15 hasta el jueves 17 de enero. Ayer
se enterraron los restos de los dos uniformados que
el pasado jueves fueron brutalmente asesinados luego
de ser secuestrados por una turba.
El
presidente Jorge Quiroga llegó hasta el hall
de la Prefectura de Cochabamba donde se realizó
la misa de cuerpo presente en memoria del subteniente
de la Policía Militar Marcelo Trujillo y del
policía Antonio Gutiérrez.
Tras
las horrendas muertes, sólo quedó el
pésame y la promesa de castigar a los responsables
a fin de tranquilizar a los familiares de los uniformados.
Los
restos de los uniformados asesinados por una turba
descontrolada de cocaleros fueron enterrados ayer,
en medio del dolor de sus familiares.
El
presidente Quiroga estuvo acompañado de sus
ministros de Gobierno, Defensa e Información
Gubernamental, además de los viceministros
de Defensa Social, Oswaldo Antezana y de Desarrollo
Alternativo, Waldo Tellería.
También
estuvieron presentes los comandantes de las Fuerzas
Armadas y Policía y jefes y oficiales de ambas
instituciones.
Tras
reiterar que el Gobierno no dialogará con los
asesinos de los uniformados, Quiroga,
en breves declaraciones a los periodistas, advirtió
que el Ejecutivo no cesará en su lucha contra
el narcotráfico y que se hará prevalecer
el orden en el país.
El
párroco de Quillacollo, una población
distante a 13 kilómetros de la ciudad de Cochabamba,
Federico Torrico, tuvo a cargo la celebración
de la misa de cuerpo presente y pidió tanto
a gobernantes como a campesinos diálogo y paz
social.
El
párroco dijo que Jesucristo recomendó
perdonar, para alejar el odio de nuestras almas, y
dijo que se debe preservar la vida de todas las personas,
buscando siempre la concertación y la paz entre
los bolivianos.
Los
familiares de las víctimas por su lado demandaron
a las autoridades una investigación inmediata
de los hechos, con el propósito de que los
autores intelectuales y materiales sean castigados
por los asesinatos.
Las
esposas de los dos uniformados, junto a sus pequeños
hijos, con lágrimas en los ojos, pidieron justicia
y ayuda al Jefe de Estado, que se les acercó
para expresar sus condolencias por ambas muertes.
Los
cuerpos de las víctimas fueron trasladados
por sus camaradas dos cuadras y media y después
en vehículos hasta el Cementerio General, donde
fueron enterrados por sus familiares y amigos. Luego
de acompañar el cortejo fúnebre las
autoridades gubernamentales se dirigieron al hospital
de la Corporación de Seguro Social Militar
para visitar a otros uniformados heridos durante los
enfrentamientos con los campesinos en Sacaba.
Trujillo
y Gutiérrez fueron asesinados por una turba
de manifestantes luego de que fueron sacados a golpes
de una ambulancia que se dirigía de Sacaba
a la ciudad de Cochabamba.
Amarrados
y desvestidos fueron golpeados y llevados alrededor
de dos kilómetros. Murieron por traumatismo
encéfalo craneano y asfixia por ahorcamiento.
El forense estableció que fueron brutalmente
golpeados. Estas fueron las dos últimas víctimas
de un conflicto que costó la vida de tres cocaleros
y cuatro uniformados, entre policías y militares.
Los heridos sobrepasan los 40 en ambos bandos.
Mientras
el Gobierno comenzó la detención de
los posibles autores de los crímenes, Derechos
Humanos, la Iglesia y el Defensor del Pueblo expresaron
su pesar por las muertes y pidieron que se investigue
este hecho.
Sobre
el tema, el dirigente y diputado cocalero Evo Morales
señaló que el Gobierno no debería
detener solamente a los cocaleros que supuestamente
son responsables de los hechos de violencia, sino
también a miembros de las fuerzas militares
y policiales que mataron a cocaleros.
Redacción
Cochabamba
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