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La
iglesia del lugar pidió hacer los esfuerzos
para lograr la paz sin condicionamientos. Unos 4.000
campesinos fueron al entierro.
Los cuerpos de los cocaleros que murieron en enfrentamientos
con policías y militares en la localidad de
Sacaba, el miércoles, fueron enterrados ayer
en el cementerio de esa región, en medio del
dolor de sus familiares y protestas campesinas.
El
párroco de la región, que tuvo a su
cargo la celebración de la misa de cuerpo presente,
dijo que el diálogo no puede ser condicionado
en momentos en que se requiere de una paz social duradera
en la zona de conflicto.
Alrededor
de 4.000 campesinos se concentraron en Sacaba en el
velorio que se realizó en la plaza principal
de la población, distante a 14 kilómetros
al este de la ciudad de Cochabamba.
Los
ataúdes de Fidel Montaño (26) y de Fortunato
Marcani (22) fueron trasladados en hombros de los
campesinos, unos dos kilómetros, hasta el cementerio
general, donde fueron enterrados.
Montaño
murió cuando escapaba de los soldados. Un disparo
de arma de fuego le ingresó por la nuca y le
salió por uno de sus ojos. Los testigos del
hecho dijeron que la víctima falleció
en forma instantánea.
Pertenecía
a la Central San Gabriel. Tenía 26 años,
casado con Inés García. Dos hijos: la
mayor una mujer de 7 años y el menor un varón
de apenas tres meses de vida. Era el mayor de cuatro
hermanos.
Por
su parte, Fortunato Marcani murió también
de un disparo de arma de fuego que le ingresó
por el tórax.
De acuerdo a los testigos, un oficial sacó
su pistola y le disparo de unos 15 metros de distancia.
Marcani
vivía en el Sindicato 1 de Abril, de la Central
Independencia. Era el último de tres hermanos,
soltero y vivía solo después de la muerte
de su madre. El día que murió estaba
al lado de su padre.
El traslado de los restos de ambos cocaleros, por
las calles de Sacaba, se realizó en medio de
una estricta vigilancia militar y policial, cuyos
efectivos se apostaron en las esquinas.
Sin
embargo, los cocaleros no asumieron acciones y medidas
de protesta y al que gritaba e insultaba, sus propios
compañeros lo recriminaban pidiendo respeto
para los dos cocaleros caídos. Los campesinos
luego del entierro se retiraron en forma pacífica
y muchos se quedaron en la parroquia de la región;
en tanto, otros se trasladaron hasta la ciudad de
Cochabamba.
Redacción Cochabamba
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