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Doña
Graciela de Ortubé con el orgullo de ser la mamá
de un réferi mundialista
Escribe:
Juan Manuel Miranda.
Buen
católico, hijo, padre y esposo. Esas son las
virtudes que Graciela Betancourt de Ortubé destaca
en su hijo, el árbitro FIFA, Marcelo Ortubé
quien representará al país en el Mundial
de Corea-Japón a realizarse a partir del viernes
31.
Considerado
por su madre como el más bueno y el mejor de
sus tres hijos, Marcelo Ortubé estará
presente en el evento más importante del fútbol
mundial con grandes posibilidades de arbitrar algún
cotejo. En ese marco, la satisfacción que doña
Graciela experimenta en estos momentos es inmensa y
no se cambia por nadie
"Me
siento feliz por lo que ha logrado ya que él
ha sido siempre correcto. Desde pequeño ha sido
un niño que nunca me ha dado problemas, tal vez
tenga que ver el hecho de que le he encaminado dentro
de lo que es la fe católica. Por eso hasta ahora
él es así, siempre va a la iglesia y tiene
a la Virgencita de Copacabana, que es su protectora.
Él es lo máximo que tengo", afirma.
Sin
quejas
Desde
su infancia hasta su etapa universitaria, Marcelo no
le dio trabajo a su madre tal como ella misma lo señala.
"Ha sido tranquilo, alguna que otra vez ha dado
problemas por las notas".
Solitario,
callado y amante del fútbol, ésas son
otras peculiaridades que destacaron en la niñez
y adolescencia del juez FIFA. Su madre señala
que por el gusto que su hijo adquirió a jugar
fútbol pensó que iba a ser futbolista
y que, al contrario de lo que es en la actualidad, a
él no le gustaba arbitrar.
Pero
la vida está llena de sorpresas y al final Marcelo
optó por entrar al Colegio de Árbitros
hasta llegar a ser uno de los más representativos
del medio.
"Le
gustaba jugar fútbol, estaba en la selección
del colegio Instituto Americano. Era bueno jugando,
pero peleadorcito, por eso lo sacaron de la selección
porque cuando jugaba se enojaba y hasta les echaba tierra
a los otros chicos", rememora doña Graciela.
Sufrir
y sufrir
Ser
la madre de uno de los árbitros más conocidos
del medio no sólo trae satisfacciones, también
trae momentos de angustia y nerviosismo. Por eso es
que doña Graciela afirma sufrir cada vez que
a su hijo le toca dirigir algún encuentro de
fútbol.
"Sufro
por las críticas que le hacen", destaca
a tiempo de desearle lo mejor en su viaje hacia Corea-Japón
2002 y emocionarse hasta llegar a las lágrimas
por el afecto que le tiene.
Marcelo
no se queda atrás y señala que siempre
estará agradecido por lo que su madre le dio.
"Mi mamá sabe cuánto la quiero, ella
es mi mejor amiga, mi confidente y desde niño
hasta ahora es la persona en la que he confiado todas
mis cosas. Realmente la adoro", finaliza el destacado
árbitro nacional.
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