La vida es hermosa

Escribe Fernando Cabezas Mariscal

Aun queda un barrial en media avenida Regimiento Castrillo. El colectivo disminuye la velocidad al entrar al barro y una mujer se queja porque cada vez que pasa por ese sitio recuerda las feroces lluvias que cayeron sobre La Paz y de las que Villa San Antonio Bajo no se libró.

Aunque el mal tiempo no ha terminado, este martes de marzo nos regala una mañana soleada. Encontramos a don Antonio Espejo en su taller de sastrería. Él cumplirá 68 años (el 13 de junio, día de San Antonio) pero se resiste a retirarse porque, "Todavía hay cosas que se pueden hacer".

El taller ya no está en las principales avenidas de Miraflores, como antes. Ahora se redujo a un cuarto en su propia casa, él dice que es por la crisis y los altos alquileres, aunque en el fondo sabe que la jubilación está cerca.

Don Antonio es un sastre conocido y querido por sus clientes. En la sastrería "Climax" de la que fue propietario, muchos paceños se vistieron para todo tipo de acontecimientos y con dedal, hilo y tijeras, sus manos confeccionaron ternos de calidad internacional.

Lejos quedó aquel niño de 12 años que comenzó de ayudante de sastre, como lejos también está el jovenzuelo que dejó las telas y se fue a Bolsa Negra para hacer de todo, en busca de un porvenir.

Y así lo hizo. En Bolsa Negra fue panadero, electricista, trabajó en la pulpería del centro minero, fue oficinista y su desempeño siempre fue sacrificado. Quizás por eso la vida lo premió y puso en su camino, el camino de Leonor Victoria. "Era muy bonita", exclama al recordar, y al hacerlo abre sus ojos.

Victoria pronto fue su esposa y desde aquel sábado 15 de enero de 1955 construyeron un hogar que tuvo 4 hijos: Jorge (músico de orquestas de renombre como Swingbali y Los Signos), Jaime (economista), Rosmery (Psicóloga) y Víctor (el menor, el más mimado y arquitecto).

"Él nos ha apoyado, ha estado siempre con nosotros" nos dice el arquitecto Víctor Espejo, y reconoce sin reparos que don Antonio, su padre, siempre lo mimó. "Mi padre fue bastante cariñoso, principalmente conmigo. Yo no puedo quejarme, sé que ha sido un poco más duro con mis hermanos, pero conmigo ha sido bastante, condescendiente. Tal vez porque soy el menor" concluyó.

La vida ha sido benévola con don Antonio. Tiene una casa en plena Av. Regimiento Castrillo (nos cuenta que el nombre de la calle lo impuso el propio vecindario en gratitud a los soldados de ese regimiento que abrieron la vía). Tiene además, junto a sus hermanos, una
casa-hacienda en su San Andrés de Machaca natal, en la Provincia Ingavi de La Paz; tiene también una Brasilia modelo 75 que funciona como reloj y que le permite recoger y entregar obras en cualquier parte de la ciudad. Pero ese no es su mayor tesoro y no duda en reconocerlo.

SU TESTIMONIO EN EL DIA DEL PADRE

"Estoy agradecido a la vida". Fue la primera frase que brotó de sus labios al empezar esta entrevista. Mas no fue la única que nos dijo para mostrarnos su calidad humana. "Mis hijos salieron como ellos quisieron. Nunca les obligué a ser algo que ellos no hubieran querido. Tomaron la decisión, comenzaron una carrera y la culminaron". Don Antonio habla con fluidez, no piensa lo que dice... lo siente.

No queremos interrumpirlo, quizás por temor a que una pregunta pueda hacer que perdamos su testimonio. Así que optamos por dejar que continúe su relato.

· "Nosotros sólo los apoyamos en el aspecto económico y agradezco a Dios que me haya concedido esta clase de hijos"
· "Mis hijos no se olvidan de sus padres"
· "Todos los fines de semana vienen a visitarnos y traen a mis nietos"
· "Tengo 12 nietos de 4 hijos"
· "La vida es hermosa"
· "El Día del Padre no se olvidan, siempre me traen un regalo"
· "Imagínese señor. El 2000 cumplimos 45 años de casados, nos dijeron que eran Bodas de Zafiro"
· "Mis hijos hicieron un festejo que jamás yo esperaba"
· "Trajeron música y a medianoche llegaron los mariachis"
· "¡Se imagina usted!"
· "Les aconsejo que quieran mucho a su madre. Yo hice poco. Su madre es la que los crió a ustedes, les dije"

Sobre esta última frase, su hijo Víctor comenta: "Mi padre merece un 7; pero como en toda familia el trabajo siempre es compartido y en nuestra formación también influyó Victoria, nuestra madre."

Agradecimos a don Antonio por habernos recibido, pero él no quiere dejar de recordar, saca fotografías para que lo veamos con traje de moreno, en una fiesta en San Andrés de Machaca. Ríe, se siente contento. Ya al dejar su taller le hacemos la última pregunta: ¿Le pide algo más a la vida, don Antonio? Su respuesta fue contundente: "No. absolutamente nada. Todo está construido y yo sólo espero la muerte porque no tengo ninguna preocupación".

Así, tranquilos y con calidez transcurren los días del maestro Antonio Espejo. Un sastre que trabajó desde niño, que mira la vida con gratitud y que a sus 68 años sigue disfrutando de ella.

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