| Carlos
Pozo tiene días agitados... pero no como
los que vivió en el Chaco
Escribe:
Juan Manuel Miranda.
En
su calidad de benemérito de la Guerra del
Chaco y miembro permanente de los boys scouts,
don Carlos Pozo Trigo aprendió que lo más
importante es amar a la patria y a la naturaleza.
Su vida se trasnformó en una libro de lecciones
para sus tres hijos, quienes supieron imitar su
ejemplo.
De
semblante saludable y talante fuerte, don Carlos
dedica gran parte del día a presidir la
Federación Departamental de Beneméritos
en La Paz. Otro buen porcentaje de su tiempo lo
destina a sus actividades como miembro de honor
de los Boys Scouts de La Paz.
Los
días pasan rápidamente, es que aún
hay cosas pendientes, su agenda es muchas veces
agitada, pero esa dinámica no le es extraña,
es que además del Chaco, donde forjó
su carácter, el fue instructor de educación
física, oficio que comenzó a estudiar
a su regreso del Paraguay, país donde estuvo
como preso de guerra por espacio de un año.
Hablar
de sus quehaceres actuales no resulta fácil,
es que don Carlos no entiende el presente sin
la referencia del ayer... nos mira y recuerda
que también fue miembro de la Asociación
de Fútbol de La Paz, entidad en la que
desempeñó las funciones de árbitro,
preparador físico y director técnico,
allí hace un hincapié para contar
que estuvo en 4 mundiales: El de México
(1970), Argentina (1978), España (1982)
y Estados Unidos (1994).
UNA
VIDA SANA
La
salud corporal que salta a la vista en don Carlos
se debe, en gran medida, a que supo respetar su
cuerpo y llevar una vida sana. Ese es uno de los
orgullos que tiene y uno de los valores que supo
inculcar a sus tres hijos, de quienes no tiene
una sola queja. Al contrario, a don Carlos se
le hincha el pecho de orgullo el momento en el
que se le pregunta por sus hijos y la labor que
hasta ahora han realizado.
"Como
padre me he visto realizado en mi condición
de tal a través de más de 70 años
que he vivido con mi esposa, Alcira Morales. Hemos
educado a nuestros hijos en forma responsable
y ellos nos han dado las mayores satisfacciones,
alegrando nuestras vidas de ancianos hasta los
últimos años", manifiesta.
Sentado
en su despacho de la federación, ubicada
en la calle Sagárnaga, este benemérito
de la patria señala que uno de sus mayores
objetivos fue el dejar de legado a sus hijos el
amor a la patria, el respeto a las leyes que norman
la vida nacional, la honestidad y el servicio
al país.
Conjuntamente
con su esposa, quien falleció hace siete
años, don Carlos transmitió una
serie de enseñanzas que sus hijos Gladys,
Ludwig y Nancy supieron poner en práctica.
Los tres también fueron boys scouts, estudiaron,
se profesionalizaron y actualmente desempeñan
funciones de carácter social.
"Mis
tres hijos me respondieron al pie de la letra.
Ludwig está como comisionado ejecutivo
de los Boys Scouts de Puerto Rico en una iglesia
mormona. Mi hija Nancy es maestra, inculca a sus
alumnos americanos todo lo que ha aprendido en
materia pedagógica. En tanto que Gladys
es una doctora cuyo objetivo es ayudar a los enfermos,
haciendo carne la vida apostólica de Hipocrates,
el padre de la medicina, sin percibir fondos a
través del trabajo en una organización
no gubernamental", explica emocionado.
LA
MISTICA DEL SCOUT
El
haber formado parte, desde muy pequeño,
de las brigadas scouts representan para él
una de las fortalezas más grandes ya que
los principios filosóficos basados en el
amor a la naturaleza, a los animales, a la familia,
a la sociedad y a la humanidad, se han constituido
en un bálsamo que le ayudó a salir
adelante en los momentos difíciles que
tuvo que pasar en la Guerra del Chaco.
"Me
enfermé de paludismo y tuve agotamiento
físico durante la guerra, pero siempre
me mantuve sano y fuerte hasta el día de
hoy, no tengo achaques. He cuidado a mi cuerpo,
lo he respetado como un santuario", añade
a tiempo de recalcar que sus hijos siempre demostraron
aprecio y admiración por él, a tal
grado que el próximo 19 de abril, día
de su cumpleaños, llegarán de los
Estados Unidos para brindarle una fiesta por sus
90 años de edad.
AQUELLOS
DIAS...
Don
Carlos rememora aquellos días que se le
celebraba al padre como reconocimiento a labor
y dedicación. En ese marco, hace alusión
a las enseñanzas que recibió de
su padre Serafín Pozo y a las fiestas familiares
que recordaban esta fiesta especial.
"Con
mi esposa siempre hemos bendecido nuestro matrimonio
y bendecido a nuestros padres que nos dieron la
vida. Cada 19 de marzo nos reuníamos los
familiares en un ágape hogareño,
tomábamos nuestros buenos drinks y cocteles,
nos servíamos buenos platos típicos,
bailábamos y pasábamos un día
muy bonito".
Para
don Carlos, el haber respetado y amado a la vida
son hechos que le han dejado huella, por lo que
se siente agradecido. Además, sostiene
sentirse tranquilo ya que culminó con éxito
aquél proverbio árabe que indica
que: "Nadie ha cumplido su misión
en la vida si no ha escrito un libro, plantado
un árbol y engendrado un hijo".
"Yo
he escrito varios libros, he plantado millares
de árboles en la ciudad cuando era Jefe
de Forestación de la Alcaldía Municipal
y he engendrado tres hijos. Siento que he cumplido
con todo", finalizó.
<<<
volver
|