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El
Gran Poder estuvo lleno de baile y ofertas
(La
Paz - La Razón)
En
las calles por las que recorrieron los bailarines se vendió
asientos, comida, bebida y hasta dinero.
A
los costados de los danzantes de pasos idénticos al
son de las bandas y de vestidos fastuosos, miles de espectadores
se acomodaron en las aceras. Del Cementerio General a la Camacho,
unos se abrieron campo entre las graderías para observar
el espectáculo; otros buscaron algo de comodidad para
ver las pericias en el baile de las 53 fraternidades que participaron
en la entrada. Así, pagaron 15 o, en el mejor caso,
10 bolivianos para sentarse en las graderías construidas
con tablas y clavos.
El
cálido sol favoreció a los vendedores que tras
los armatrostes de madera y entre los transeúntes se
hicieron escuchar pese a los bombos y trompetas: llévese
a un pesito, gritaban los que vendían viseras
de cartón. La cerveza helada estuvo de oferta: 3
por 10, decían quienes daban tres latas por diez
bolivianos.
Heladeros
y caseras de kioscos también aprovecharon para sugerir
calmar la sed con barquillos
o refrescos fríos. Y la gente de Burger King, bien
uniformada, cargaba coronas de cartón para niños
y conservadoras con productos.
Al
lechón, sandwiches de chorizo, anticuchos y api con
pastel, se sumaron ganchos y horquillas, lápices labiales
o un retoque de maquillaje para las reinas morenas, dado por
el pincel de la vendedora de cosméticos. También
proliferaron las llamadas a celular y hasta los sueltitos.
Cierto, se vendió dinero. Tubos de monedas de todos
los cortes iban de la mano del ingenioso que pedía
cuatro bolivianos por cien. Requeridos por necesitados
compradores que pedían rebaja sin éxito, entregaba
96 bolivianos en monedas, a tiempo de esperar cien pesos en
billetes. Una fiesta con toda la magia de la cultura nacional,
el arte de la danza y las particularidades de los bolivianos.
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