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Esta
fiesta es un ejemplo de resistencia cultural
Edgar
Arandia
Especial para La Razón
"Ingresamos
a la Fraternidad X del Gran Poder a través de la amistad
de mi hermana con las esposas de los presidentes de la fraternidad,
el Dr. Julio Chambi y Guillermo Rojas. Ellos fueron muy receptivos
y cariñosos con nosotros. Antes bailábamos en
la entrada universitaria, con la carrera de Artes, pero esta
fiesta es diferente. El Gran Poder tiene como eje principal
la devoción al Señor y todo lo que se hace gira
en torno a él.
La
Fraternidad de los X es antigua y su fundador es Víctor
Chambi, quien junto al extinto Lucio Chuquimia fundaron la
institución. Luego, ésta se escindió
en dos, como casi siempre ocurre con las fraternidades que
crecen mucho.
En
el grupo que integro existe un alto grado de compañerismo
y durante todo el año se comparten las ocasiones para
reunirse: matrimonios de los fraternos, bautizos, fiestas
patronales que cada fraterno tiene por su lado, como la fiesta
del Tata Santiago, la Virgen del Carmen, Santa Rosa de Lima,
etc.
Compartir
estrecha más nuestra relación y en el Gran Poder
nos encontramos todos. También llevé a varios
amigos para que se integren y fueron bien recibidos. Sólo
tiene que gustarles bailar y dedicarle esta expresión
del cuerpo y el alma al Señor del Gran Poder.
Bailar
en esta fiesta que refuerza nuestra identidad nos hace invulnerables
a la homogeneización cultural que pretende la globalización.
Es una forma de resistencia cultural porque nuestro sentido
del buen vivir es diferente a la noción que tiene occidente.
Bailar es morir y resucitar, es gozar y sufrir. Salir nuevo
para enfrentar los rigores de la vida, sin perder la alegría".
Un
pintor moreno
Perfil
Edgar Arandia es paceño. Nació en 1950.
En su currículum destaca su expulsión del kinder
por hablar "malas palabras". Su carrera artística,
que le ubica entre los pintores contemporáneos más
importantes del país, comenzó en 1971. También
escribe poesía.
Bailarín
Hoy bailará con su esposa en los X del Gran
Poder.
"Si
no bailo, no soy nadie"
Félix
Quisbert es hijo de uno de los artesanos que vivió
los inicios de la fiesta en el barrio de Chijini. Como su
padre Carmelo ya fallecido, él no sólo
borda sino baila, pero además ha creado un museo para
el moreno en la zona El Tejar.
Con
dotes de actor, ha participado en las películas La
nación clandestina y Para recibir el canto de los pájaros,
de Jorge Sanjinés. Hoy mismo, según deja deslizar
como al descuido mientras habla de la fiesta, está
trabajando en un nuevo y secreto proyecto del director boliviano,
cabeza de Ukamau.
"Bailo
desde mi juventud. He sido el primero en crear la diablada
universitaria (como consta en sus recortes de prensa de los
años 60)", cuenta. Y confiesa que un dolor grande
lo sintió la vez que debía bailar de diablo
y llegó tarde. "Tiré la máscara
al suelo. 'No he bailado, no soy nadie', decía mientras
veía cómo la careta se hacía trizas en
el piso". Quisbert y su familia son dueños del
taller Kory Thika de diseñadores y bordadores.
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