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Invitaciones
que hablan y se mueven

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La
esquela impresa en cartulina luce muy pobre en la zona del
Gran Poder. Un preste que se precie ya ni siquiera recurre
a los enormes banderines plastificados, con fotos de los pasantes.
Ahora se impone el casete, el disco compacto y el video.
Desde hace más de 32 años, José Luis
Velásquez es el encargado de elaborar las invitaciones
para los cientos de prestes que acuden a su taller de imprenta,
Señor de Mayo. En más de tres décadas,
la convocatoria a la fiesta pasó de ser una esquela
informativa a constituirse en elemento privilegiado de la
parafernalia del Gran Poder.
Un
elemento tan importante como el vestuario, las joyas o el
baile.
Las invitaciones de cartulina, elaboradas a mano con la ayuda
de un soplete, tuvieron su auge a principios de los años
70, cuando la fiesta del Gran Poder empezaba a salir de la
zona de Chijini para ingresar al centro de la ciudad. Las
cuatro únicas imprentas de ese tiempo tenían
bastante trabajo para llenar la expectativa de los prestes.
"Trabajábamos hasta amanecernos, por eso los pedidos
retrasados ya no los recibíamos", recuerda Velásquez.
En
la década del 80, Tomás Velásquez, hermano
de José Luis, se inspiró en los banderines que
hasta entonces se usaban como distintivo de los clubes deportivos.
Se preguntó por qué no
podían funcionar como invitaciones y la idea puesta
en práctica se difundió, se perfeccionó
y estimuló el nacimiento de más y más
imprentas.
Hasta la segunda mitad de los 90 funcionaron los banderines:
dándoles tamaños extra grandes, incluyendo las
fotos de los pasantes y plastificándolos. Luego se
hicieron afiches donde resaltaba, además de la foto
del Señor del Gran Poder, la imagen de los pasantes
y una breve reseña de la fraternidad.
Para
este siglo XXI, las invitaciones ya no sólo se imprimen
sino que se graban y filman. No es raro ver llegar al mensajero
con una enorme caja en la que se halla una carpeta de ocho
a 10 páginas: la historia del grupo, con abundantes
fotos de sus principales protagonistas. Claro que los más
modernos vienen en casete, video y disco compacto, como muestran
Los Fanáticos. Así, los prestes invitan de viva
voz a asistir a la fiesta, dando paso de inmediato a la música
de sus bandas. De precios no se habla, pero se calcula que
como mínimo, cada invitación cuesta 3 dólares.
Y se mandan mil.
Hasta aquí se ha llegado. La pregunta es qué
más se les puede ocurrir y a qué precios.
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