Los cambios en la Eloy Salmón Comercio, dinero y danza


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A fines de los 50 era sólo una vía rodeada de casas que hoy son edificios, galerías y tiendas. Los hijos de los propietarios son profesionales y aunque algunos al principio renegaron de algunas de sus costumbres, al final retornaron a éstas. Una de ellas es la morenada.

Un par de máquinas de coser era toda la mercancía que don Silvestre Plata Mamani ofrecía a sus 21 años. Al igual que una decena de sus compañeros, estaba instalado en un pequeño toldo en la calle Eloy Salmón, entre León de la Barra y Pedro de la Gasca, en la zona de Chijini. Traídas desde Perú por Chichi Siles, las máquinas de coser Singer se ofrecían en plena vereda.
Como todos, Silvestre atendía en su puesto desde las cinco de la tarde hasta las ocho de la noche. Ya a finales de los años 50, la gente conocía la calle que, con el tiempo, se llenó de vendedores. Cuando Silvestre cumplió 33 años, los maquineros eran un gremio y se integraban por primera vez en la fiesta del Gran Poder como fraternidad. Era 1968 y una matraca en forma de pila Ray-o-vac ha quedado guardada como testigo de los cambios que en la Eloy Salmón se han ido produciendo.

Silvestre tiene 72 años y continúa con su venta en el mismo lugar. Enchufes, extensores, casetes, discos compactos y transformadores se exhiben en los estantes de madera de su puesto callejero. "Esto me sirve para el pan de cada día". ¿Cuánto paga Silvestre para mantener el puesto en la puerta de la galería? Nada. El dueño de la galería es él. Junto a sus hijos consiguió un préstamo bancario, que aún está pagando, para construir el edificio y alquilar los locales. Y es que tantos años de esfuerzo no podían dejar de darle frutos.
Algo similar sucedió con la morenada. Al principio, 12 parejas de morenos, comandados por un arcángel, entraron al son de sus matracas. En la misma calle, otro gremio tenía su propia comparsa, Los Tocuyeros, que vendían saquillos. Pero los maquineros crecieron de tal forma que los absorbieron.

Don Silvestre participó en la fundación de la morenada. "Para la Fiesta de la Trinidad había que hacer un arco para que pase el Señor del Gran Poder. La gente decía: '¿Por qué no bailamos?' Y en una mesa, allá al frente, nos reunimos unas personas para fundar".
Para los maquineros, Fidel Yupanqui es una figura emblemática en los inicios de la fraternidad; aunque también participaron otras personas. Natalio Tintaya Tinta, de 64 años, recuerda el acontecimiento. "La Gran Tradicional Fraternidad Morenada Comercial Eloy Salmón de los Señores Maquineros fue fundada el 15 de diciembre de 1965. Con 34 años de actividad folclórica, disciplina y coreografía en la zona de Gran Poder, siempre trabajamos con la junta de vecinos".
Natalio llegó desde la provincia Aroma hasta esta calle, donde se adhirió al gremio gracias a sus habilidades futbolísticas. "No triunfé en los estudios. Vivíamos con mi hermano en esta calle a nuestros 14 y 15 años. Cuando Ovando Candia era presidente, convocó a un campeonato de los gremiales y en la Eloy no tenían elementos. Como vivíamos en la calle, nos convocaron para hacer un equipo de fútbol. Salimos tres años campeones. Y como era jugador en la defensa de los maquineros, me recibieron con laureles en el gremio. Al principio vendía máquinas de coser y otros", rememora Natalio con traje marengo.
Natalio tiene hoy un puesto que, si bien no es una tienda, le ha servido para mantener a sus ocho hijos. Cinco de ellos ya son profesionales y el resto está en camino.
"La zona ha crecido año tras año. Los propietarios de las casas han despertado y abierto los ojos instalando sus negocios". Con Natalio, actualmente son más de 400 los asociados y no queda ninguna vivienda que no haya sido transformada en tienda o galería.
"Todos creen que uno gana mucho o se hace plata porque sí. Estar en la calle soportando el frío y los robos no es fácil. Trabajamos 12 horas diarias, pero el Gobierno piensa que ganamos la plata, y la Renta y la Aduana nos atropellan. Si algo hemos conseguido ha sido con trabajo, y no como otros que de un día al otro aparecen ricos". Y con ese empeño, los vendedores de la Eloy Salmón hacen estudiar a sus hijos, quienes regresan para bailar en la morenada.

Nace una fraternidad

Más de 400 discos quedan en la hoja de vida de Severo Aduviri Córdoba. Y a sus 62 años aún recuerda las melodías que hicieron tan famosa a la banda 8 de Septiembre de Los Hermanos Aduviri, que no sólo hacía gala de su talento musical, sino que tenía incluso su propia casa disquera.
Sentado en un amplio local rodeado de televisores, reproductores de video y equipos de música y DVD, escudriña en su memoria. "Tenía un negocio de discos con mi propio sello, Gran Poder, en la León de la Barra desde 1965. Entramos con los maquineros desde la primera vez y con ellos hemos grabado varios discos". Pero en 1975, la popularidad del casete echó por tierra al vinilo y Severo cambió de rubro, poniendo un puesto comercial en la Eloy Salmón. "Desde muy joven trabajé como músico y trompetista, pero lo he dejado al igual que mis hermanos".
Lo que nunca abandonó fue el gusto por la morenada. "En 1973 grabamos cuatro morenadas, entre ellas Lindos colores, que es mi canción. Mi hermano me ha corregido algo en la música. La letra es mía". Y sin más preámbulos, su mente le marca el ritmo y se pone a cantar: "La morenada, lindos colores, cosas que me han hecho, dicen que no se nota... Ahora es el himno de la Eloy Salmón", culmina con la explosión de la risa.

En su primera entrada, la banda de Severo salió custodiada por dos motocicletas adornadas como cocodrilos. Entre sus figuras bailaban alegres mariposas y cucarachas, y los 12 morenos varones eran capitaneados por el arcángel que, con el tiempo, se convertiría en el achachi o guía de la tropa. Las mujeres no danzaban entonces.
Don Silvestre recuerda muy bien esos tiempos. "Se bajaba a las cinco de la mañana. De ahí, hasta las 10.00, retornábamos al local y nos volvíamos a vestir para ir a misa. Ahora ya no hay ese orden. Tres días, sábado, domingo y lunes, nos dedicábamos a la fiesta y a la devoción". El festejo se prolongaba fácilmente hasta Corpus Christi.
Don Silvestre bailó cuatro años, pero por cosas de salud, lo dejó. Eso sí, aún conserva sus matracas. "Las primeras pilas nos donó una casa que traía radios y pilas Ray-o-vac, con las que hasta ahora se baila". Esta matraca se usa para los ensayos, pero en cada entrada, el diseño cambia: se inició con las máquinas de coser a pedal, las manuales y luego se pasó a las filmadoras, máquinas de fax, com- putadoras y televisores. El año pasado presentaron a las laptop.
El diseño de este año, pese a que las matracas ya están fabricadas, es un misterio para los bailarines, pues sólo el día de la entrada recibirán la matraca y el disfraz, para evitar que otros copien sus ideas.

Natalio bailó 15 años; aunque aún es dirigente en la morenada. "La primera vez que bailamos nuestro traje era muy pesado: de pura piedra y perla. Ahora todo ya es de fantasía. Antes eran perlas netas y muy caras". El recorrido también era diferente, pues se limitaba únicamente a la zona. "Se partía del Cementerio, bajaba la avenida Bautista, llegaba a la Buenos Aires, la Vicente Ochoa, la Gallardo, la iglesia del Gran Poder y terminaba en la Sagárnaga y Max Paredes". Ahora, no sólo participa la gente de Gran Poder, sino que es una fiesta departamental. "Todos conocen a la fiesta que ya se ha abierto hasta El Prado. Y nuestra morenada es una de las mejores".

De mujeres y maricones

Sentada junto a su esposo Severo, con un brillo de picardía en los ojos está Cristina Monasterios de Aduviri. Nadie conoce mejor que ella el funcionamiento y las características de todos los aparatos que se venden ahí. Baila en la morenada desde sus 19 años, cuando atendía la disquera de su marido. Ahora tiene 48. "Nosotros hemos pasado la fiesta el 75 y ahí empecé a bailar. Tenemos 34 años casados. Mis cinco hijos han nacido en esta zona y ahora son profesionales". Los tres mayores ya se incorporaron a la comparsa y bailan con ella.
Con el paso de los años, mujeres como Cristina cobraron importancia en las ventas por su habilidad para los números y los negocios. Y algo similar sucedió en la danza. Antiguamente, las señoras no podían participar en la morenada y se las sustituía por estilizados hombres ataviados de mujer que hacían el papel de figuras. "Antes bailaban los maricones que traían de la morenada de Oruro. ¡Lindos maricones también se venían! Eran unas altas y largas que llegaban. Esas chinas venían de la Morenada Central. Eran realmente bien lindas". Las chinas eran cuidadosamente elegidas y representaban una especie de talismán para los danzantes.
Pero las chinas fueron totalmente erradicadas junto a las mariposas, cocodrilos, dragones y cucarachas por no ser parte del folclore andino, según los estatutos de la Asociación de Conjuntos Folclóricos del Gran Poder.

En 1982, Cristina fue una de las primeras mujeres en luchar para poder participar en la danza desde la asociación. "Ha sido la primera vez que he bailado y me he sentido muy bien. Antes acompañábamos al esposo por atrás nomás, agarrando las plumas. Des- pués hemos dicho: '¡Por qué nosotras no podemos bailar!' ¡En vano hacemos los trajes! Hemos ensayado y en la entrada bailamos. Y, de esa manera, compartimos con ellos la fila y como pareja hemos entrado, todos por igual". Al principio, las mujeres aparecieron por detrás de la banda, pero ahora son ellas las que encabezan el baile con sus propios músicos por detrás. No más discriminación.

Los requisitos

Durante 22 años fue guía de los morenos. Roberto Guarachi Mamani tiene 52 años y empezó a bailar a los 21, cuando conoció a la que ahora es su esposa y comenzaron a bailar. Hoy, continúa haciéndolo. "Para ser guía hay que tener la estatura y conocer los pasos. Yo pasé la fiesta el 78. De ahí empecé a ser guía y sacamos el premio". Para ingresar en la fraternidad no es necesario vivir en la zona, pero sí tener sólidos lazos de amistad con los miembros. Se paga una cuota de 150 dólares que incluye el disfraz y la fiesta. "Bailar es como entrar a la cancha y empieza la emoción, practicamos los pasos y uno se entusiasma. Cuando uno gana el trofeo rotativo se emociona bastante, pero eso se sabe cuando pasa la fiesta".
Roberto comenzó en el gremio desde abajo. "Empecé a vender pilas en la calle, pues no tenía dinero. Luego, con mucho sacrificio, pude comprar radios y grabadoras, pero seguía en la calle. Después pude conseguir esta tienda en la que estoy 25 años". Y con esta nueva condición es que llegó a ser pasante.
Los gastos que implican los tres ensayos, el convite o preentrada y la fiesta son muy altos, de tal manera que ya no se estila una sola pareja de pasantes, sino cuatro. "Es bastante, uno no hace ni sus cálculos, porque como es una devoción al Señor del Gran Poder...", cuenta Javier Escalier, uno de los pasantes de este año. "Pero ofreciendo lo mejor a la gente, con las mejores bandas y los mejores grupos, es que tendremos a más fraternos".

El cambio de mentalidad

La unidad del sector se probó el 12 y 13 de febrero de este año. Unidos vigilaron día y noche el área a fin de que sus negocios no sean saqueados. Y es que los robos son parte de su cotidiano vivir y el manejo de mucho circulante no es misterio para ellos. Sin ir lejos, esto transformó su forma de vida.
"Traemos la mayor parte de la Uyustus y vendemos a detalle, aunque algunos viajamos a Iquique. Eso no siempre entienden los de la Aduana. A veces nos quieren sacar póliza de importación", reclama Roberto, que siente a los demás asociados como parte de su familia. "Mis tres hijos participan; aunque empezaron a bailar a los 26 años". De jóvenes, se negaron a participar en la entrada. "No todas las personas somos iguales, cuando uno es mayor le gustan los morenos. De más jóvenes prefieren los caporales u otros bailes".

Don Pepe es una de las personas más célebres de la calle. Su nombre es José Mercado y es uno de los principales impulsores de la morenada; aunque estuvo a punto de dejarla. "Mis hijas estaban en el Amor de Dios y se avergonzaban de que baile en la entrada. Una vez me pidieron que ya no dance y yo dejé de ir a los ensayos. El día del convite me sentía raro en mi casa, caminaba de un lado a otro. Mi esposa entonces me dijo, como para ayudarme, que si no estaba contento ahí que me fuera. Fui al convite. Mis amigos de siempre me recibieron con los brazos abiertos".

En cambio, doña Margarita Llulli, maestra de profesión pero dedicada al rubro desde hace años, recién empezó a bailar hace cuatro años, a sus 42 años, al ver a su padre con edad avanzada. "Yo siempre vi a bastante gente por aquí: turistas y gente de todo tipo que siempre preguntan por la Eloy. Bailar, prácticamente lo hice por mi papá, quien bailó mucho tiempo, desde que se fundó la fraternidad. Los hijos no queremos que la fraternidad muera". Y ahora que tomó la danza, se siente feliz y emocionada, además de profesar la fe al Señor del Gran Poder.
Hoy es el convite. Los trajes han costado, pero la fe y la ostentación han cambiado el rostro de los bailarines. Los 24 primeros han sido reempl azados por un ejército de pro- fesionales que agradecen la prosperidad de sus padres y, con orgullo, desafían los nuevos roles que desempeñarán dentro de la sociedad. Y pensar que todo empezó con sólo dos maquinitas de coser...


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