Actualización: Vie, 19 / Sep / 2014 4:53 pm
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Todo por la pimienta

Archivado en El Sabor de Bolivia

El "Libro de buen amor" es una obra de mediados del siglo XIV, del mester de clerecía, firmada por el que era por entonces arcipreste de la villa castellana de Hita, Juan Ruiz; es todo un clásico de la literatura medieval española.

Todo por la pimienta

La obra está llena de referencias gastronómicas, de las que las más conocidas son las que dan forma al combate de Don Carnal y Doña Cuaresma, del que no hay que decir que resulta vencedora la segunda; no podía ser de otro modo, ya que el autor era sacerdote. Con todo, en el comienzo de su obra afirma que la principal razón que mueve al hombre es "haber mantenencia".

Pero mantenencia con buen sabor y buen aroma, porque al final, cuando canta las cualidades de las mujeres pequeñas, establece que "es pequeño el grano de la buena pimienta, / pero más que la nuez conforta et calienta".

Pimienta. Apreciada por el hombre desde tiempos muy antiguos. Una pequeña semillita, a la que se podría aplicar también la parábola evangélica del grano de mostaza (Mateo, 13, 31-33), que interpretaremos fuera de la ortodoxia como ejemplo de que hay cosas muy pequeñas en principio que acaban produciendo grandes hechos.

Griegos y romanos importaron pimienta de la India. Su comercio hizo que un marino llamado Hípalo, en el siglo I de nuestra Era, aprovechase la alternancia de los monzones para navegar directamente desde Adén a la India, en lugar de hacer el viaje costeando. La pimienta, pues, contribuyó a desarrollar el arte de navegar.

Después llegó a Europa por tierra. La Ruta de la Seda fue, también, la de las especias. Los europeos del medievo y el Renacimiento no sabían vivir sin ella, al menos los que se la podían permitir, porque no era barata. La ocupación de Bizancio por los otomanos cerró ese comercio, que pactaron con Venecia, cuya flota monopolizaba su transporte.

Las dificultades terrestres y el desconocimiento de rutas marítimas que no requiriesen cruzar territorios dominados por los musulmanes hicieron que Portugal y Castilla empezasen a enviar expediciones en busca de la ruta más directa hacia la India, hacia las especias. Como sabemos, fue Bartolomé Días quien dobló por primera vez (para un europeo) el cabo de Buena Esperanza, y Vasco da Gama el primero en arribar a un puerto indio. Portugal había elegido el camino correcto, confirmado poco después con la llegada a Malaca de Diogo Lopes de Sequeira. Castilla financió la ruta occidental propuesta por Colón, que encontró un pequeño obstáculo en su viaje a China. Ese pequeño obstáculo es lo que hoy llamamos América.

Así que el comercio de la pimienta pasó de los venecianos a los portugueses. Los holandeses no estaban dispuestos a que las cosas quedasen así, y empezaron a enviar sus navíos hacia las islas de las especias, y más cuando Portugal se incorporó a la corona española, contra la que los holandeses llevaban años combatiendo. Así, los Países Bajos ocuparon los establecimientos portugueses en Indonesia y crearon, algo más tarde, la todopoderosa Compañía Holandesa de las Indias Orientales, la famosa "Jan Compagnie".

Ah, pero ahora fueron los ingleses quienes no estuvieron de acuerdo, y crearon a su vez la Compañía Británica de las Indias Orientales (East India Trading Company). Esa Compañía desempeñó un papel decisivo en la ocupación de la India por el Reino Unido, y fue la que llevó al subcontinente indio los conocidos "casacas rojas" británicos, reclutó cipayos, e hizo que el Reino Unido se apropiase de la soberanía india hasta 1947.

Es decir: entre portugueses, castellanos, holandeses e ingleses (pronto tratarían de unirse, sin demasiado éxito, los franceses), ávidos del monopolio del comercio de la pimienta y otras especias, se inició lo que conocemos como colonialismo europeo del XVI. ¡Y todo por un grano de pimienta! Ya ven si tiene razón el dicho que sentencia "a pequeñas causas, grandes efectos". Piensen en todo ello cuando den vueltas sobre su comida al molinillo de pimienta. EFE

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