Danzas Tradicionales
Llamerada

La Llamerada es la reprentación de la actividad económica que fue más importante de los pueblos originarios de los Andes: la cría de la llama. Pero no se limita a ello, pues además rememora la gigantesca tarea de domesticación de los camélidos sudamericanos (guanacos, alpacas y vicuñas), realizada hace más de cinco mil años y que desembocó en el desarrollo genético de la llama, animal de mayor tamaño, de excelente lana y de mejor condición para la carga.

Los bailarines llevan en la cabeza un tocado de cuatro puntas parecido al que los pobladores originarios de las riberas del lago Titicaca ostentaban en la cabeza antes y durante buena parte de la colonia. Sus pasos recuerdan el tránsito rítmico de las caravanas de llamas.

Otra característica de los danzarines son la montera y el ponchillo. Una máscara de estuco, de labios fruncidos en un inextinguible silbido, perpetúa el mestizaje de las tierras altiplánicas.

La tradición no uniformaba las polleras, pero el folklore urbano impuso caprichosamente a las mujeres el guindo o el funcsia intenso. Las bolsas de los llameros están forrados con monedas antiguas y sus atados están adornados con cucharas, platos y vasos de plata antigua.

Las filas de bailarines se mueven al compás de la honda y de la campanilla de un guía ataviado igual que los otros danzarines.

 

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