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Pando
Carnaval Amazónico
Por
Carlos Arce Castedo.
Las
demostraciones de alegría probablemente son las
más expresivas mientras mejor resuman las manifestaciones
de diversos grupos humanos. Y eso es lo que pasa en
la región amazónica, en el norte de Bolivia.
El
carnaval se ha constituido en la oportunidad más
apropiada para recordar las raíces de los numerosos
grupos que llegaron aquí desde diversas partes
del mundo: del lejano oriente, del oriente medio, de
Europa, los afro-portugueses, los altiplánicos
bolivianos y naturalmente los dueños de casa:
araonas, pacahuaras, chácobos, esse ejjas, yaminahuas
y otros.
En
la década del 40, cuando los precios de la goma
colocaron a esta región entre las más
codiciadas del mundo, los carnavales hasta adoptaron
el color de las alcurnias y nobleza hasta adoptaron
el color de las alcurnias hasta adoptaron el color de
las alcurnias y nobleza, en medio de trajes italianos
o ingleses y bebidas francesas y en embarcaciones lujosas
que llegaban a lo que fue el Puerto de Bahía
(Cobija).
Las
guitarras, mandolinas, panderetas y otros instrumentos
han sido reemplazados poco a poco por las cajas electrónicas
que, hasta hace diez años habían impuesto
aquí sólo el ritmo de la samba brasileña.
A
finales de la década del 70 y particularmente
en los años 80, el carnaval amazónico
fue "bolivianizándose" cada vez más,
y terminó el predominio de la samba para dar
lugar al carnavalito, al taquirari, a la kullawada y,
últimamente, a la alegre saya.
La
irrupción de radioemisoras terminó no
sólo con la marcada influencia del idioma portugués,
sino que impuso nuevos hábitos hacia la música
y el baile.
Las
dos últimas "entradas de carnaval"
son en el mejor ejemplo de la característica
cosmopolita de Cobija: comparsas imitadoras de la "escolas
do samba", saltarines pachangueros de los ritmos
tropicales y los seguidores del carnaval oriental, el
taquirari y la saya.
Y
en medio del ritmo se aprecia la belleza de las reinas
con vestimentas y rasgos del medio oriente. Parecen
más bien aquellas atractivas bailarinas de la
danza del vientre.
Para completar el cuadro, los descendientes de los inmigrantes
del lejano oriente: japoneses y chinos, no se quedan
atrás con sus atractivos colores amarillos y
rojos y al ritmo de cualquier compás.
Las expresiones locales también han comenzado
a tomar cuerpo, luego de que algunos investigadores
y antropólogos confirmaron que los grupos amazónicos
originarios eran muy adictos a las fiestas: los danzarines
con trajes de corteza de árboles son un verdadero
atractivo.
Muchas
de esas manifestaciones nativas estuvieron a punto de
desaparecer por la persecución y casi exterminio
de los grupos originarios. Ahora las organizaciones
que agrupan estos pueblos han comenzado a recuperar
sus raíces culturales y entre ellas, de las fiestas
y bailes.
El
colorido y la alegría parecieron completarse
con la saya, que ahora ha invadido también las
vecinas poblaciones brasileñas: las polleras
largas y cortas y los atléticos saltos de los
bailarines le han dado al carnaval amazónico
un nuevo impulso.
Actualmente, la Municipalidad de Cobija ha comenzado
a incentivar estas fiestas populares con premios a las
mejores comparsas y disfraces, eso ha originado una
mayor participación de grupos y expresión
de iniciativas.
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