| El
Ekeko O Iqiqu (Eqeqo)
Mucho antes de la conquista española, vivía
por el altiplano un aymara llamado Iqiqu. Era fornido,
de baja estatura, humilde, caritativo y alegre. Su bondad
hacía que por donde fuera armonizara la existencia,
cultivara las buenas costumbres, juntaba a los enamorados.
Daba además consuelo a los infelices y su sola
presencia era señal de días felices.
Para
engrandecer sus cualidades, el Apu Qullana Qullo (Dios
Padre Divino), que moraba en las alturas sagradas del
khuno Qullo (Montaña Sagrada), le concedió
cualidades maravillosas. Así pudo realizar grandes
hazañas, como el transporte de grandes piedras,
secado de ríos, apertura de fuentes o movimiento
de montañas. Todo lo hacía con la voz
o con la honda. Todo le obedecía, por eso la
gente le seguía.
Esta
dicha fue interrumpida por la llegada del Awqa (ser
maligno) y su ejército destructor. Su aspecto
de varón barbado y tez blanca hacía juego
con su mal genio. Anoticiado de los favores recibidos
por los pobladores, persiguió a Iqiqu, asoló
las tierras beneficiadas y mató ferozmente a
quienes le resistieron. De los más débiles
obtuvo un respaldo forzado.
Para
no ser capturado, Iqiqu huyó a otras regiones,
siempre con el cuidado de no afectar a los lugareño
que podían ser las siguientes víctimas
de Awqa. Cierta vez ingresó a un ayllu, donde
por requerimiento de los agricultores promovió
diversas modalidades de ayuda mutua; mientras lo hacia,
el maligno y su gente rodearon el lugar y sorprendieron
a los reunidos. Iqiqu se dejó prender, para evitar
una masacre.
Sin
demora, el Awqa ordenó torturar a Iqiqu y luego
de horas le hizo descuartizar. La cabeza, los brazos,
las piernas y otras partes fueron enterradas en diferentes
lugares del altiplano, con el propósito de evitar
una posterior unión que devolviera la vida al
bienhechor.
Algunos abuelos creen que está próximo
el día en que las partes del cuerpo del Iqiqu
se juntarán . Otros aseguran que una parte ya
se levantó, y está camino de Wiñay
Marca (ciudad eterna), donde esperará la reunión
del cuerpo, la víspera de la emancipación
del pueblo aymara.
(Fuente: Ochoa, Víctor, Una ventana de expresión
aymara, inédito, p. 57-58)
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