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La
riqueza de su arquitectura y su ingeniería colonial
y republicana hizo que la Organización para la
Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) inscribiera
el nombre de Potosí en la lista de Patrimonio
de la Humanidad en 1988.
El
nacimiento de Potosí no fue el colorario de ninguna
búsqueda sistemática de riquezas, ni de
la tenacidad de unos exploradores o la decisión
de una autoridad española, sino, simplemente,
de un azar, de un acaso, cuando un indio, Gualpa, vio
también por casualidad que en el lomo del cerro
que llamaban Sumac Orko, a la aproximación del
fuego corrían gruesos hilos de plata.
No
fue necesario que la población fuera fundada
con las formalidades y ceremonias de estilo, para que
los españoles se establecieran allí. No
fue necesaria ninguna voz de pregón, ni el levantamiento
del rollo y la horca o la firma de un acta de fundación.
La
convocatoria de las minas de plata fue como un llamado
poderoso y a las pocas
semanas del día del descubrimiento, el 15 de
abril de 1545, ya estaban allí establecidos los
españoles procedentes de La Plata y Porco, en
viviendas construidas apresuradamente al pie del cerro.
Varios
años más tarde, ese campamento caótico
y desordenado recibiría el título de Villa
Imperial de Potosí. (De conquistadores y Encomenderos,
Alberto Crespo)
El hallazgo del filón de plata ocurrió
en 1544 y el registro de la primera mina, por el español
Juan de Villarroel, en abril de 1545. La parte más
antigua fue levantada de manera desordenada y sólo
a raíz de la visita del Virrey Toledo, 1572,
y sus instrucciones empezó a normarse la expanción
urbana.
El
mismo Gualpa, oriundo de Chumbilcas, cerca del Cusco,
testimonió años después que en
la cima del Sumaj Orko encontró ofrendas, de
poco valor, dejadas por los originarios del lugar. De
manera que el cerro era antes de la llegada de los españoles
sitio sagrado, condición que mantuvo durante
la colonia con la denominada Virgen del Cerro.
Por
entonces se dejó de usar el sistema de extracción
del mineral pasado por el tostado primitivo y se comenzó
a usar los hornos de amalgama de mercurio. Para ello
era necesario contar con un molino de mineral movido
por agua y se hizo un río artificial que dividió
la parte española de la indígena.
Toledo
mandó a construir 18 represas que a fines del
siglo XVIII llegaron a 27.
La infraestructura minera de Potosí es una de
las obras más importantes, costosa y novedosa
construida por España en América. Y contribuye
a dar al entorno de la ciudad su característica
monumental.
Es
igualmente rica la arquitectura religiosa que tiene
en el templo y convento de San Francisco uno de sus
ejemplos más claros. La iglesia es de tipo basilical
de tres naves con pilares cruciformes, nave central
cubierta con cañón corrido y las laterales
con cúpulas, en el crucero tres medias naranjas
muros de cal y canto, cúpulas de ladrillo y pilares
de sillar. Portada con arco trebolado, torre de planta
cuadrada cubierta de faldones revestidos de cerámica.
Se conserva el diseño original (el más
antiguo del país) de planta cuadrangular compuesta
de tres arquerías de medio punto y una de ojiva
con perfiles góticos que descansan sobre las
columnas dóricas, tiene un segundo piso añadido
porteriormente y claustro cubierto con armadura de "cinta
y saetín".
No
es menos interesante la arquitectura civil, edificada
con piedra, adobe y madera. El Tambo de la Cruz, conservado
hasta en su tejado, posee más de un cuarto de
manzana y mantiene la estructura original con muy pocas
reformas. Su fachada tiene una portada de ladrillo y
cal con columnas semiempotradas; los vanos altos disponen
de enrejado sobre peana y cañón corrido,
el corredor del patio sobre bovedilla.
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