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La
Organización para la Educación, la Ciencia
y la Cultura (UNESCO), incluyó a la ciudad de
Sucre en la lista del Patrimonio Mundial de la Humanidad
en 1991, en razón de su excepcional valor universal
y recomendó que su conservación es responsabilidad
de la humanidad entera.
LA
PLATA: UNIR DOS OCEANOS
La
fundación de La Plata tuvo motivos de orden político
y estratégico, para facilitar la ocupación
en dirección sur, hacia el Río de La Plata,
con el ambicioso propósito de establecer una
comunicación entre dos océanos (Mar del
Sur y Mar del Norte, como se los llamaba entonces el
Pacífico y el Atlántico). Muy pronto la
proximidad a las riquezas del Cerro Potosí, convertirían
a La Plata en el Centro político y administrativo
de una vasta región.
LA
AUDIENCIA
El
pacificador Pedro de la Gasca fue el primero en hacer
notar la necesidad de crear una Audiencia en La Plata
porque desde aquí hasta el fin de lo que está
descubierto hay más de quinientas leguas. El
Consejo de Indias aceptó esos criterios en 1555.
Pero,
según el virrey del Perú, con la de Lima
sobraba para la administración de justicia. Quien
sabe si sería mejor fundarla en Santiago 'que
está más lejos'.
El
Consejo insistió en su primer parecer y encargó
al virrey establecer una juridicción del tribunal,
fijándola en cien leguas a la redonda, además
de Tucumán, Atacama, Buenos Aires, Paraguay,
Moxos y Cuzco. Su primer presidente fue Padro Ramírez
de Quiñonez, un antiguo Oidor de la Audiencia
de Guatemala, y dispuso que mientras éste se
presentara en el lugar, ocupara el puesto el Oidor Juan
Matienzo (1561).
JUSTICIA
Y GOBIERNO
Como
las demás audiencias de las colonias españolas,
la Audiencia de La Plata o Charcas, compuesta por una
presidente y cinco Oidores, era un tribunal de segunda
instancia (la tercera correspondía al Consejo
de las Indias en España). Su posición
central en medio de un vasto territorio le dio también
atribuciones en materia gubernativa.
Fuera
de la asministración de justicia, sus atribuciones
principales eran velar por el buen trato a los indios,
aprobar los aranceles, dirigir la Academia Carolina,
administrar bienes de difuntos y hacer cumplir las disposiciones
del Consejo de Indias ("De conquistadores a Encomenderos",
Alberto Crespo, 1995).
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