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Oruro-Toledo,
un camino en pos del océano
Es
el primer tramo de una ruta vital para el comercio exterior
boliviano. La ciudad de Oruro y el pueblo de Toledo están
unidos por 36,8 kilómetros de pavimento rígido,
primera fase de cuatro que contempla la construcción
de la carretera Oruro-Pisiga.
El presidente Carlos Mesa entregó ayer la obra cuya
ejecución -iniciada en septiembre de 1998- tuvo varios
problemas que la demoraron cinco años.
Toledo
es un pueblo al suroeste de la capital orureña que
poco a poco ha ido perdiendo a su población joven.
Los pocos habitantes son ancianos que a duras penas sobreviven
con el pastoreo. No tienen servicios básicos y, en
general, se respira pobreza en esta zona árida y
fría.
La
llegada de la carretera alimenta esperanzas de un despertar
económico, aunque habrá que esperar a que
se concluya el resto. Así se tendrá el corredor
interoceánico y se llegará hasta el puerto
de Iquique, en Chile.
El
tramo, que fue el regalo en la efeméride orureña,
tiene una superficie de rodadura de 22 cm de espesor, con
pavimento rígido de hormigón simple. La calzada
es de 8 metros de ancho con bermas a cada lado de 1,20 metros
a lo largo de los primeros cinco kilómetros y 0,80
en el resto.
La velocidad directriz está determinada en un máximo
de 60 a 80 km por hora.
Oruro-Toledo
se construyó con 14.397.958,38 dólares. El
70 por ciento fue de aportes de la Corporación Andina
de Fomento (CAF) y el 30 provino de la Prefectura de Oruro.
Otros dos tramos tienen recursos asegurados. Uno es Toledo-Ancaravi,
que espera la licitación. Son 52,39 km que financiará
el Gobierno de Italia ($us 25 millones). El otro es Ancaravi-Huachacalla,
de 69,62 km, que recibirá dinero de la CAF y el aporte
local ($us 25,5 millones).
El
último tramo, Huachacalla-Pisiga, demandará
35 millones de dólares. Está en proyecto.
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