1. Evo Morales Aima, presidente clave

2. Crisis y transición política

3. La redistribución de escaños enfrentó al oriente con el occidente

4. ¿El lustro perdido? 5 años y 5 presidentes

5. Los discordes en discordia: 14.513 disturbios

6. La ley del gas no acabó con la confrontación

7. El futuro depende de la Asamblea Constituyente

8. La inseguridad llena de angustia al ciudadano

9. Heredarás la tierra

10. Mesa se fue luego de ceder en todo y renunciar 3 veces

11. Querido 2006

12. "El equipo de todos" decepcionó a todos

Evo Morales Aima, presidente clave


El idilio del líder con el pueblo

Sin más conflictos que los que amenazaban al principio, el proceso electoral derivado de una última sucesión constitucional terminó el domingo 18 con una victoria histórica de Evo Morales Aima, del que ahora depende preservar la gobernabilidad del país.

El 52,9 por ciento que hasta el martes 20 le otorgaba el recuento oficial de la Corte Nacional Electoral (CNE) al líder del Movimiento Al Socialismo (MAS) le permite a éste constituirse en el único Presidente de la República de la historia reciente del país directamente elegido en urnas, sin la necesidad de una segunda vuelta en el Congreso Nacional.
Sin embargo, ese resultado pierde fuerza a la hora de hacer cuentas en la Cámara de Senadores, el órgano legislativo de las decisiones difíciles del Congreso Nacional. Es que Morales Aima tiene sólo 13 de 27 senadores, el mismo número que consigue en el escrutinio Jorge Quiroga Ramírez, de Poder Democrático Social (Podemos), que, seguro, se convertirá en un duro opositor en las definiciones legislativas que pretenda el MAS.

Así, puede ser blanco de trabas de gobernabilidad, a las que se pueden sumar los movimientos sociales descontentos y los mismos prefectos de tendencias contrarias.

Los analistas coinciden en que todo depende de él y del que sepa capitalizar ese poder en gobernabilidad.

Morales Aima es mandatario electo por una decisión que el 6 de junio obligó la renuncia de Carlos Mesa Gisbert, cuando pidió adelantar las elecciones.
Así, luego de la sucesión, en poco más de seis meses, el presidente Eduardo Rodríguez Veltzé ha conseguido consolidar el objetivo principal de su Gobierno de transición, como fue la celebración de los comicios.

Sin embargo, ese mandato tuvo que pasar por una serie de negociaciones políticas y hasta trabas regionales, que, en algún momento, hicieron peligrar su cumplimiento y, consiguientemente, pusieron en riesgo la estabilidad democrática del país.

La noche del 5 de julio, luego de más de un mes de desacuerdos, la Cámara de Senadores sancionó la modificación del artículo 93 de la Constitución Política del Estado (CPE) y permitió así dar viabilidad al mentado proceso electoral. El cambio permitió, en vez de sólo convocar a la instituida elección del Presidente y el Vicepresidente de la República (para completar el periodo vigente), también llamar a comicios para renovar el Congreso Nacional. Así, los senadores y los diputados acortaron su mandato hasta el 22 de enero de 2006.

Es que el sistema político había perdido credibilidad desde octubre de 2003, cuando, luego de una represión militar contra las movilizaciones sociales, renunció el entonces presidente Gonzalo Sánchez de Lozada.

Aunque el Congreso Nacional había sobrevivido a la rebelión, con la caída de Carlos Mesa Gisbert, en junio de este año, era improbable que los legisladores continúen su mandato hasta terminar el periodo constitucional que se inauguró en agosto de 2002 y debía cerrarse en 2007.

A regañadientes, algunos diputados y partidos, que no querían perder sus privilegios y su vigencia, intentaron frenar desde su inicio las inminentes elecciones.
El 6 de julio, Rodríguez Veltzé promulgó el Decreto Supremo 28228 y con él convocó a la votación, cuya fecha fue fijada para el 4 de diciembre. Paralelamente, llamó a comicios para la selección de prefectos, decisión que había asumido antes Mesa Gisbert, con la diferencia de que la fecha era el 12 de agosto.

En curso el proceso electoral, no tardaron en ponerle zancadillas.
El senador potosino Juan Luis Choque Armijo, del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), lideró una demanda ante el Tribunal Constitucional contra la convocatoria a elecciones. Siguieron sin éxito sus pasos la senadora Ana María Flores, de Nueva Fuerza Republicana, y la diputada Marleny Muñoz, del MAS.
Aunque su propuesta fracasó en la Cámara de Diputados el 28 de julio, la Brigada Parlamentaria de Santa Cruz interpuso el 4 de agosto una demanda de inconstitucionalidad del artículo 66 del Código Electoral ante el Tribunal Constitucional, con la que buscó una redistribución de escaños a su favor, como le permitía el Censo de Población y Vivienda de 2001.

Entre el 22 de septiembre, cuando salió el fallo favorable a los cruceños, y el 1 de noviembre, cuando Rodríguez Veltzé tomó acción directa sobre el problema, los diputados se tomaron al menos siete semanas para intentar cumplir la Sentencia 0066/2005 del Tribunal Constitucional, aunque había claras evidencias de boicotear las justas. En ese tiempo, las elecciones se mantuvieron en vilo debido a que las regiones y algunas brigadas departamentales no encontraban una salida concertada. Mientras, el calendario electoral estaba a punto de colapsar, considerando que las fechas estaban venciendo su plazo.
El 1 de noviembre, luego de una primera propuesta fallida, Rodríguez Veltzé emitió el Decreto Supremo 28429, con el que dispuso la reasignación de escaños. Santa Cruz sumó tres diputaciones y Cochabamba, una. Al contrario, La Paz cedió dos curules, Potosí uno y Oruro otro.

Considerando que los plazos electorales habían sufrido retrasos, el Presidente de la República fijó el 18 de diciembre como una nueva fecha para los dos comicios.

Aún así, continuaron los obstáculos. Los diputados de NFR Dante Pino y del Movimiento Indígena Pachakuti (MIP) Juan Gabriel Bautista también demandaron sin suerte la inconstitucionalidad del decreto de marras. Y más, el Norte de Potosí se movilizó por una semana en el afán de cambiar una diputación plurinominal por la uninominal que había perdido. Otro decreto, el 28445, del 19 de noviembre, dio solución al conflicto.

Pero aún quedaba la posibilidad de que el Tribunal Constitucional ratifique una sentencia de la Corte Superior de La Paz respecto de la instauración del voto de los bolivianos radicados en el extranjero. Al final, la decisión no prosperó, y las elecciones siguieron su curso sin mayores problemas hasta el 18 de diciembre.


Tuto Quiroga, el gran perdedor

Tuto, el gran perdedor

Jorge Quiroga Ramírez resultó ser el gran perdedor de las elecciones del domingo 18. Con una estrategia política y un despliegue mediático fuertes, no logró alcanzar a Evo Morales Aima, su inmediato contendor.

De nada le sirvió alejarse casi en silencio de Acción Democrática Nacionalista (ADN), partido del que fue su último jefe nacional y con el que en las elecciones de 1997 consiguió la Vicepresidencia de la República, el mandato después del de Hugo Banzer Suárez.

Tampoco fue favorable su candidatura por una agrupación ciudadana (Alianza Siglo XXI), primero, y un nuevo frente (Poder Democrático Social, Podemos), luego. En ambos casos quiso mantenerse ajeno. De Alianza Siglo XXI dijo que la organización no era suya, sino de unos jóvenes políticos; y de Podemos aseguró que es una gran alianza de agrupaciones ciudadanas.

Y más, no le fue bien con la acérrima disputa —con guerra mediática incluida— con el Movimiento Al Socialismo (MAS), de Morales Aima, al que le cuestionó constantemente su vinculación con el presidente de Venezuela, Hugo Chávez.

En esa estrategia incluso dijo que le importaba un bledo el Gobierno de George W. Bush.

Con el recuento oficial, que hasta el martes 20 llegaba al 71 por ciento de las mesas de sufragio, apenas tiene el 29,6 por ciento de la preferencia electoral, que, con la mayoría absoluta que consigue el MAS, quedó fuera de toda posibilidad de ser elegido Presidente en segunda vuelta en el Congreso Nacional.

El ex mandatario Quiroga Ramírez regresó al país por su reelección más de tres años después de dejar el mando del país, en agosto de 2002.

El MNR, la sorpresa

Quien sorprendió en los comicios recientes fue el ciudadano descendiente de japoneses Michiaki Nagatani Morishita, que salvó al Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) de su fracaso electoral.

Él mismo admitió que aceptó la invitación de la dirigencia de ese partido para evitar un resultado catastrófico en las elecciones. Es que, de todos los partidos llamados tradicionales, el MNR es el que tenía menos opciones, considerando su reciente pasado, derrocado junto a su líder Gonzalo Sánchez de Lozada en la revuelta de octubre de 2003.

Con el recuento oficial en curso, esa formación política tiene asegurado el cuarto lugar, con el 5,6 por ciento de los votos, detrás de Unidad Nacional (UN) (8,2), de Samuel Doria Medina.

Los analistas han coincidido en que el caudal de votos que logró fue gracias a su campaña contra Doria Medina, a quien sindicó de buscar la eliminación del pago del Bonosol. Así, se aseguró el nicho electoral de los ancianos, de los cuales los beneficiarios del bono alcanzan a cerca de 340.000 en todo el país.
UN no pudo reponerse de esa campaña negativa.



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