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Los
discordes en discordia: 14.513 disturbios
La
Prensa
Confrontación
que no cesó
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Entre
2000 y 2004 -en los gobiernos de Banzer, Quiroga, Sánchez
de Lozada y Mesa- Bolivia fue sacudida por 14.513 bloqueos,
marchas, huelgas y paros; 9,9 por día. Aún no
hay datos oficiales de 2005.
2000, el espejo que deja ver el futuro de la rebelión
que avanza como un huracán destructor que se cobra
víctimas de un sistema político y económico
enfermo.
Transcurre
el Gobierno de Hugo Banzer Suárez. El anuncio de una
subida en las tarifas del agua motiva el nacimiento de la
Coordinadora del Agua y de la Vida, presidida por el dirigente
fabril Óscar Olivera. En abril, Cochabamba estalla
en llamas por la "guerra del agua". Un muerto y
32 heridos.
Achacachi,
en el altiplano de La Paz, irradia el cerco de piedras y campesinos
que asedian La Paz, encabezado por Felipe Quispe, contra la
Ley del Agua. Diez muertos y más de 100 heridos y detenidos.
Los
cocaleros del Chapare, dirigidos por Evo Morales, resisten
al persistente plan gubernamental de coca cero.
Los
citadinos tampoco están quietos. El magisterio aviva
el ambiente y los policías se amotinan.
Es
también el primer golpe al desprestigiado sistema político
que se defendió a tiros. El MBL de Antonio Araníbar
pide sucesión y el MNR de Gonzalo Sánchez de
Lozada, el acortamiento del periodo constitucional.
El
estado de sitio y el confinamiento de dirigentes sindicales
en abril, para sofocar el descontento, son el hazmerreír
de los rebeldes. Ni la militarización apacigua la multiplicación
de las manifestaciones no articuladas entre sí.
El
nacimiento del Movimiento Sin Tierra en las proximidades del
Chaco pone en alerta a los neolatifundistas.
Los
hidrocarburos se perfilan como la luz al final del túnel
para salir de la crisis económica.
Septiembre y octubre del mismo año repiten la historia.
Diez muertos, 159 heridos y más de 100 detenidos en
el Chapare y en las carreteras del altiplano.
La
insurgencia social en 2000 es medida por el INE. Manifestaciones,
marchas, huelgas, paros, bloqueos y tumultos en Bolivia: 2.193,
seis por día.
2001.
La historia ya está escrita. El Gobierno camina tambaleante
por el peso de sus propias pugnas internas por el cuoteo (ADN,
MIR, NFR y UCS) y no tiene fuerza para apagar la aparición
temprana de las protestas por demandas múltiples.
La
Iglesia comprende a los rebeldes porque la indolencia y la
corrupción gubernamental justifican la protesta.
Banzer queda fuera de combate por enfermedad y Tuto Quiroga
asume el mando.
Los
cocaleros vuelven a la ofensiva por el cato de coca y se enfrentan
con una impresionante militarización. El altiplano
se levanta con otro bloqueo.
Ya
se habla de "gas por mar" para condicionar la salida
del gas por Chile.
Los
"sin tierra" entran por la fuerza en el fundo Pananti
y se enfrentan a grupos armados en noviembre. Siete muertos
y 19 heridos. Los pequeños prestatarios de la banca
toman rehenes en la Superintendencia de Bancos; piden condonación.
Septiembre
termina en Santa Rosa de Yacuma (Beni). Miristas y movimientistas
se disputan a bala el poder local. Cinco muertos y 20 heridos,
reflejo de la decadencia de la política tradicional.
6,4 movilizaciones por día en el año.
Los
bloqueos no tuvieron piedad con la gente
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2002.
Sánchez de Lozada se instala en el poder con apoyo
de Jaime Paz Zamora. Según una encuesta de Equipos
Mori, la gente percibe que el MNR y el MIR no convivirán
por mucho tiempo.
Evo
Morales -el opositor más importante- y Felipe Quispe
se instalan en el Parlamento.
Los
brazos de Evo en el Chapare incomodan a Goni. Ambos intentan
conciliar en cinco oportunidades. El cato de coca por familia
desplaza al viejo sueño estadounidense de coca cero.
El movimiento social todavía camina desarticulado y
por sendas diferentes.
Las
iniciativas de los grupos de presión varían:
minibloqueos, crucifixiones, marchas al desnudo, tapiadas,
entre otros.
Goni
desplaza al Bolivida, que antes había sustituido al
Bonosol de su creación.
El
reloj de los disturbios registra 5,9 por día.
2003.
Un mal comienzo. La rebelión, por primera vez desde
2000, encuentra un punto de convergencia entre varios sectores
sociales: oposición al "impuestazo a los salarios".
No es la COB ni otra organización sindical que vanguardiza
la protesta efectiva, sino la Policía, ya amotinada
en 2000, lo hace de nuevo el 11 de febrero. El motín
gana apoyo social. La acción del Ejército -para
proteger el Palacio- deriva en un cruento enfrentamiento armado.
En
el segundo día del "febrero negro", el descontento
social se manifiesta con un ataque a los edificios estatales.
El Gobierno no permite que la masa se compacte y se organice.
El saldo, 39 muertos y más de una centena de heridos.
Los policías reculan y vuelven a sus cuarteles y no
va más el "impuestazo".
Las
juntas vecinales de El Alto se incorporan a la corriente de
la rebelión con la bandera de los servicios básicos.
Queman la Alcaldía.
Sánchez
de Lozada insiste -a contracorriente- en las negociaciones
con las transnacionales de las petroleras. En septiembre y
octubre se libra la "guerra por el gas". Goni huye
derrotado. 60 muertos y más de 200 heridos de bala.
La masa social, sin dirección única, se había
movido 10,6 veces por día hasta ese mes del año.
3.896 en total.
SE JUGARON POR UN DESEMPATE PACÍFICO
Pedidos
de paz
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El
movimiento popular social del nuevo siglo abandona sus viejos
esquemas sindicalistas. La caduca COB se reduce apenas a un
simbólico apéndice. El conservador poder político,
pese a sus derrotas, resiste a su última caída
atrincherado en el Congreso Nacional. Sánchez de Lozada
y su partido pasan a esta resistencia. Carlos Mesa, su antiguo
aliado, es el blanco.
2004.
La rebelión y Mesa pactan implícitamente una
tregua. La nacionalización o la recuperación
de los hidrocarburos y la no venta del gas por Chile estaban
fijadas en un movimiento de cien cabezas. El corto idilio
comienza a resquebrarse por las dubitaciones del Presidente.
Nacionalizar o no nacionalizar. Antes de decidir opta por
un referéndum que es resistido.
El
tamaño de la presión social exige una decisión
simple: recuperación de los hidrocarburos.
Obviamente,
tiene su dosis de protesta ciudadana: 10,7 por día
(3.907), un poco más que Goni.
2005.
Las manifestaciones vuelven a arreciar, unos identificados
plenamente por posiciones nacionalistas, regionalistas y separatistas,
otros con la clara idea de restaurar el viejo poder político,
y el resto por sepultarlo. El gas, además de la Constituyente,
sigue siendo el trofeo de batalla más notorio.
La
polarización de las fuerzas en combate se traga a Carlos
Mesa.
El movimiento rebelde de cien cabezas, de momento, ha encontrado
en Evo un liderazgo unificador.
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