1. Evo Morales Aima, presidente clave

2. Crisis y transición política

3. La redistribución de escaños enfrentó al oriente con el occidente

4. ¿El lustro perdido? 5 años y 5 presidentes

5. Los discordes en discordia: 14.513 disturbios

6. La ley del gas no acabó con la confrontación

7. El futuro depende de la Asamblea Constituyente

8. La inseguridad llena de angustia al ciudadano

9. Heredarás la tierra

10. Mesa se fue luego de ceder en todo y renunciar 3 veces

11. Querido 2006

12. "El equipo de todos" decepcionó a todos

Los discordes en discordia: 14.513 disturbios

La Prensa


Confrontación que no cesó

Entre 2000 y 2004 -en los gobiernos de Banzer, Quiroga, Sánchez de Lozada y Mesa- Bolivia fue sacudida por 14.513 bloqueos, marchas, huelgas y paros; 9,9 por día. Aún no hay datos oficiales de 2005.

2000, el espejo que deja ver el futuro de la rebelión que avanza como un huracán destructor que se cobra víctimas de un sistema político y económico enfermo.

Transcurre el Gobierno de Hugo Banzer Suárez. El anuncio de una subida en las tarifas del agua motiva el nacimiento de la Coordinadora del Agua y de la Vida, presidida por el dirigente fabril Óscar Olivera. En abril, Cochabamba estalla en llamas por la "guerra del agua". Un muerto y 32 heridos.

Achacachi, en el altiplano de La Paz, irradia el cerco de piedras y campesinos que asedian La Paz, encabezado por Felipe Quispe, contra la Ley del Agua. Diez muertos y más de 100 heridos y detenidos.

Los cocaleros del Chapare, dirigidos por Evo Morales, resisten al persistente plan gubernamental de coca cero.

Los citadinos tampoco están quietos. El magisterio aviva el ambiente y los policías se amotinan.

Es también el primer golpe al desprestigiado sistema político que se defendió a tiros. El MBL de Antonio Araníbar pide sucesión y el MNR de Gonzalo Sánchez de Lozada, el acortamiento del periodo constitucional.

El estado de sitio y el confinamiento de dirigentes sindicales en abril, para sofocar el descontento, son el hazmerreír de los rebeldes. Ni la militarización apacigua la multiplicación de las manifestaciones no articuladas entre sí.

El nacimiento del Movimiento Sin Tierra en las proximidades del Chaco pone en alerta a los neolatifundistas.

Los hidrocarburos se perfilan como la luz al final del túnel para salir de la crisis económica.
Septiembre y octubre del mismo año repiten la historia. Diez muertos, 159 heridos y más de 100 detenidos en el Chapare y en las carreteras del altiplano.

La insurgencia social en 2000 es medida por el INE. Manifestaciones, marchas, huelgas, paros, bloqueos y tumultos en Bolivia: 2.193, seis por día.

2001. La historia ya está escrita. El Gobierno camina tambaleante por el peso de sus propias pugnas internas por el cuoteo (ADN, MIR, NFR y UCS) y no tiene fuerza para apagar la aparición temprana de las protestas por demandas múltiples.

La Iglesia comprende a los rebeldes porque la indolencia y la corrupción gubernamental justifican la protesta.
Banzer queda fuera de combate por enfermedad y Tuto Quiroga asume el mando.

Los cocaleros vuelven a la ofensiva por el cato de coca y se enfrentan con una impresionante militarización. El altiplano se levanta con otro bloqueo.

Ya se habla de "gas por mar" para condicionar la salida del gas por Chile.

Los "sin tierra" entran por la fuerza en el fundo Pananti y se enfrentan a grupos armados en noviembre. Siete muertos y 19 heridos. Los pequeños prestatarios de la banca toman rehenes en la Superintendencia de Bancos; piden condonación.

Septiembre termina en Santa Rosa de Yacuma (Beni). Miristas y movimientistas se disputan a bala el poder local. Cinco muertos y 20 heridos, reflejo de la decadencia de la política tradicional. 6,4 movilizaciones por día en el año.


Los bloqueos no tuvieron piedad con la gente

2002. Sánchez de Lozada se instala en el poder con apoyo de Jaime Paz Zamora. Según una encuesta de Equipos Mori, la gente percibe que el MNR y el MIR no convivirán por mucho tiempo.

Evo Morales -el opositor más importante- y Felipe Quispe se instalan en el Parlamento.

Los brazos de Evo en el Chapare incomodan a Goni. Ambos intentan conciliar en cinco oportunidades. El cato de coca por familia desplaza al viejo sueño estadounidense de coca cero.
El movimiento social todavía camina desarticulado y por sendas diferentes.

Las iniciativas de los grupos de presión varían: minibloqueos, crucifixiones, marchas al desnudo, tapiadas, entre otros.

Goni desplaza al Bolivida, que antes había sustituido al Bonosol de su creación.

El reloj de los disturbios registra 5,9 por día.

2003. Un mal comienzo. La rebelión, por primera vez desde 2000, encuentra un punto de convergencia entre varios sectores sociales: oposición al "impuestazo a los salarios". No es la COB ni otra organización sindical que vanguardiza la protesta efectiva, sino la Policía, ya amotinada en 2000, lo hace de nuevo el 11 de febrero. El motín gana apoyo social. La acción del Ejército -para proteger el Palacio- deriva en un cruento enfrentamiento armado.

En el segundo día del "febrero negro", el descontento social se manifiesta con un ataque a los edificios estatales. El Gobierno no permite que la masa se compacte y se organice. El saldo, 39 muertos y más de una centena de heridos. Los policías reculan y vuelven a sus cuarteles y no va más el "impuestazo".

Las juntas vecinales de El Alto se incorporan a la corriente de la rebelión con la bandera de los servicios básicos. Queman la Alcaldía.

Sánchez de Lozada insiste -a contracorriente- en las negociaciones con las transnacionales de las petroleras. En septiembre y octubre se libra la "guerra por el gas". Goni huye derrotado. 60 muertos y más de 200 heridos de bala. La masa social, sin dirección única, se había movido 10,6 veces por día hasta ese mes del año. 3.896 en total.

SE JUGARON POR UN DESEMPATE PACÍFICO


Pedidos de paz

El movimiento popular social del nuevo siglo abandona sus viejos esquemas sindicalistas. La caduca COB se reduce apenas a un simbólico apéndice. El conservador poder político, pese a sus derrotas, resiste a su última caída atrincherado en el Congreso Nacional. Sánchez de Lozada y su partido pasan a esta resistencia. Carlos Mesa, su antiguo aliado, es el blanco.

2004. La rebelión y Mesa pactan implícitamente una tregua. La nacionalización o la recuperación de los hidrocarburos y la no venta del gas por Chile estaban fijadas en un movimiento de cien cabezas. El corto idilio comienza a resquebrarse por las dubitaciones del Presidente. Nacionalizar o no nacionalizar. Antes de decidir opta por un referéndum que es resistido.

El tamaño de la presión social exige una decisión simple: recuperación de los hidrocarburos.

Obviamente, tiene su dosis de protesta ciudadana: 10,7 por día (3.907), un poco más que Goni.

2005. Las manifestaciones vuelven a arreciar, unos identificados plenamente por posiciones nacionalistas, regionalistas y separatistas, otros con la clara idea de restaurar el viejo poder político, y el resto por sepultarlo. El gas, además de la Constituyente, sigue siendo el trofeo de batalla más notorio.

La polarización de las fuerzas en combate se traga a Carlos Mesa.
El movimiento rebelde de cien cabezas, de momento, ha encontrado en Evo un liderazgo unificador.



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