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La
nueva ley del gas no acabó con la confrontación

En el nombre del gas se hicieron barbaridades
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Su
aprobación enfrentó a dos poderes del Estado,
dividió a los partidos y al país. El Congreso
la promulgó porque Mesa la rechazó. Su aplicación
significó $us 500 millones anuales más para
el estado. El debate continúa.
"Es
una ley que muchos sectores rechazan, pero es mejor que la
ley que está vigente", dijo el entonces presidente
del Congreso, Hormando Vaca Díez, al promulgar la Ley
de Hidrocarburos, el 18 de mayo pasado. Un día después,
las petroleras tuvieron que empezar a pagar 500 millones de
dólares adicionales al Estado por un nuevo impuesto
al gas.
El
entonces presidente Carlos Mesa se negó a promulgar
esa norma, pese a que 10 meses antes, él había
convocado a un referéndum vinculante con cinco preguntas,
cuya interpretación derivó en un enfrentamiento
irreconciliable con el Legislativo.
El
Mandatario, que llegó al poder, tras la guerra del
gas (octubre de 2003), prometiendo el cambio de la norma,
rechazó la ley porque no respondía a su interpretación
de los resultados del referéndum.
Para
el Congreso, en cambio, esa norma traducía los resultados
de la consulta popular de julio de 2004.
Los
partidos instalados en el Parlamento se enfrentaron por la
ley. Dos temas centraron el debate: subir los ingresos petroleros
al 50 por ciento mediante regalías o creando un nuevo
impuesto y recuperar la propiedad de los hidrocarburos en
boca de pozo, ya sea obligando o negociado para que las empresas
cambien los contratos que firmaron con el Estado boliviano.
El
presidente de la Cámara de Diputados, Mario Cossío,
logró convencer a la mayoría parlamentaria con
su propuesta para crear el Impuesto Directo a los Hidrocarburos
(IDH) del 32% que, junto a las regalías del 18%, lograba
recaudar el 50% de ingresos por el gas para el país.
Y,
el diputado Santos Ramírez, del MAS, -partido en el
que nació la demanda de una nueva Ley de Hidrocarburos
y que cuestionó la legitimidad de los contratos de
riesgo compartido- hizo que el Parlamento apruebe la conversión
de contratos de riesgo compartido. Consensuados los dos temas
centrales, pocos argumentos quedaron para las protestas de
los sectores sociales, que eran recurrentes desde octubre
de 2003, pues el planteamiento de las petroleras no fue escuchado.
Nueve meses después del debate en el Parlamento, nació
la norma que desató una guerra política más
que técnica en el país.
De
inmediato, el presidente de la Cámara de Hidrocarburos
(CBH), Raúl Kieffer, hizo público el rechazo
de las petroleras. Anunció el congelamiento de la inversión
e incluso se abrió la posibilidad de que las compañías
inicien juicios al Estado.
Las
compañías no están de acuerdo con pagar
50 por ciento entre impuestos y regalías, más
otros tributos de ley, pero, tomando recaudos, ya iniciaron
el pago del IDH. Lo que resisten es el cambio de contratos.
A
ello se sumaron otros conflictos. 21 días después
de la renuncia de Mesa, el 28 de junio, el nuevo mandatario,
Eduardo Rodríguez, lanzó los tres decretos,
uno de ellos asignó 81,25% del IDH a los nueve departamentos
y dejó para el Tesoro General de la Nación 18,25%,
de donde debían salir las tajadas para la Policía,
las Fuerzas Armadas y los indígenas.
Dos
meses después, los 327 municipios y las nueve universidades
públicas, reclamaron parte del IDH y tras tres semanas
de presión al Gobierno lograron 124,7 millones de dólares,
restando ingresos al TGN.
Con
la salida de Mesa, la confrontación entre Ejecutivo
y Legislativo desapareció, pero la ley del gas volvió
a enfrentar a ambos poderes en noviembre, cuando se cumplió
el plazo de 180 días para el cambio de contratos, tarea
que el presidente Rodríguez no pudo cumplir. El tiempo
establecido para el cambio de contratos, el Gobierno se concentró
en frenar posibles juicios contra el Estado, tras la notificación
de ocho petroleras de iniciar "conversaciones amigables"
antes de entrar a procesos arbitrales.
El
día que Vaca Díez promulgó la ley, Carlos
Mesa creyó cerrar ese capítulo que se llevó
por delante a ocho ministros del sector. "Después
de ese largo camino cerramos la página de la Ley de
Hidrocarburos y nos proponemos a trabajar en temas que al
país le importan", dijo.
Del
2003 al 2005 transcurrieron dos años, pero no por eso
el debate está agotado. Al contrario, el gas es uno
de los ejes de la campaña electoral y seguirá
siendo motivo de conflicto, pues resta el cambio de contratos
y es inminente una nueva modificación a la ley. Aunque
está claro que el Estado recaudó este año
al menos 400 millones de dólares adicionales por un
nuevo impuesto y que Bolivia no pudo conseguir nuevos mercados,
ni atrajo nueva inversión.
Cerramos
la página de la ley del gas, dijo Carlos Mesa en mayo,
luego de que Vaca Díez promulgó la norma.
LOS
PROTAGONISTAS
Carlos Mesa
Prometió cambiar la ley de Goni. Hizo el Referéndum.
Pero, dubitó y rechazó la norma que aprobó
el Congreso.
Hormando
Vaca Díez
Promulgó la Ley de Hidrocarburos. Se enfrentó
al Ejecutivo. Dirigió el Parlamento que debatió
9 meses la norma.
Mario
Cossío
Viabilizó el incremento de los ingresos del gas, proponiendo
un nuevo tributo del 32% para el sector petrolero.
Santos
Ramírez
Representante del MAS, propuso nacionalizar el gas en el Parlamento
y aún piensa en hacer cambios a la ley.
Raúl
Kieffer
Preside la Cámara de Hidrocarburos. Anunció
el congelamiento de inversiones del sector y el rechazo a
la ley. <hr>
OPORTUNIDADES
PERDIDAS PARA EL GAS
El
2005 pudo haber sido el año en el que Bolivia se consolide
como potencia gasífera de la región y el inicio
para el mercado a ultramar, pero las empresas del sector congelaron
sus inversiones y proyectos, mientras el Gobierno no pudo
negociar con los países vecinos demandantes de gas.
Argentina
esperaba firmar el contrato de compra de 20 millones de metros
cúbicos (Mmmcd) de gas para comenzar la construcción
de un nuevo gasoducto, pero sólo logró ampliar
un contrato de 7,7 Mmmcd, porque las empresas del sector no
quieren hacer nuevas inversiones para producir más
gas y esperan cambios sustanciales a la Ley de Hidrocarburos
actual.
Los
empresarios brasileños deseaban avanzar con sus proyectos
de valor agregado: la construcción de una petroquímica
y viabilizar una planta termoeléctrica, además
de la posibilidad de ampliar el gasoducto actual que lleva
gas boliviano a ese país, pero los tres planes están
en la congeladora, hasta que el "marco regulatorio esté
claro", aseguran.
El
país también perdió la oportunidad de
ser centro energético de la región con el proyecto
del anillo energético que nació en junio pasado,
cuando los países del Mercosur (Brasil, Argentina,
Chile, Paraguay y Uruguay) buscaban en Perú una alternativa
al gas boliviano, pero luego comprobaron que la cantidad de
reservas peruanas no era suficiente.
Bolivia
también perdió el mercado de México,
donde llegará el gas de Australia y posiblemente el
de Camisea, mediante proyectos de LNG.
Con
sus 48 trillones de pies cúbicos (TCF) de gas, 40 de
ellos sin mercados, Bolivia no es viable por ahora, pues debe
garantizar seguridad en el abastecimiento, la que se puso
en riesgo en la crisis interna de junio pasado, cuando la
exportación a Brasil estuvo a dos días de suspenderse.
El megacampo de gas Margarita produce el 10% de su potencial,
por falta de mercados.
LA
ESCASEZ DE GLP Y DIESEL PUSO EN JAQUE AL EJECUTIVO

La lucha por recuperar el gas involucró a gente
del campo
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Hace
por lo menos dos años que en la frontera con Perú,
el negocio es redondo. Las garrafas de gas licuado boliviano
se venden a mitad del precio real en ese país, debido
a la subvención boliviana.
Pese
a que el contrabando era evidente, el Gobierno, la Aduana
y la Superintendencia de Hidrocarburos sólo actuaron
después de que la presión social se hizo insostenible
por las cuatro semanas consecutivas de desabastecimiento de
Gas Licuado de Petróleo (GLP) y diesel en La Paz y
El Alto, en septiembre.
La
decisión del gobierno de Jorge Quiroga el año
2000 empezó a pasar factura al país, puesto
que, al haberse congelado los precios de los combustibles,
los choferes empezaron a usar GLP en sus vehículos
y se generó una red de contrabando que subvenciona
a terceros países provocando un déficit al Estado.
La
Aduana se incautó de millones de litros de diesel y
miles de garrafas y la Superintendencia pidió a las
petroleras producir más GLP.
YPFB
QUEDÓ FUERA DE LA DISTRIBUCIÓN DE RECURSOS
La
Ley de Hidrocarburos aprobada en mayo pasado le asignó
un nuevo papel a Yacimientos Petrolíferos Fiscales
Bolivianos (YPFB), pero no le dio recursos para ser parte
del negocio y repartió los nuevos ingresos del gas
entre municipios, universidades, pueblos indígenas,
Fuerzas Armadas y Policía Nacional.
En
la distribución, el Tesoro General de la Nación
quedó con el 18 por ciento de los ingresos del Impuesto
Directo a los Hidrocarburos (IDH), pero los 327 municipios
y las universidades públicas le restaron 124,5 millones
de dólares más, luego de un conflicto que duró
tres semanas, en septiembre.
La
petrolera estatal, a la que la ley le permite hacer cualquier
negocio en el sector, debe esperar que el Congreso apruebe
en el presupuesto de cada año, al menos 500 millones
de dólares para que opere.
Por
ahora, la estatal sólo podrá hacer los proyectos
que tenía en sus planes: las redes de gas a domicilio
y la importación de diesel.
CRONOLOGÍA
4 de marzo
Los
diputados crean un impuesto petrolero para llegar al 50% de
ingresos, sumando las regalías del 18%. Con esa acción,
rechazaron la propuesta del presidente Carlos Mesa de crear
un tributo progresivo que discriminaba campos y que pretendía
llegar al 50% en varios años.
8
de marzo
El
presidente Carlos Mesa pidió una Ley de Hidrocarburos
"razonable" para quedarse en el cargo. Se armó
una comisión conjunta entre Legislativo y Ejecutivo
que fracasó en su intento de consenso. Al final fueron
más importantes las posiciones políticas que
los argumentos técnicos.
18
de mayo
El
presidente Carlos Mesa devolvió la ley del gas al Congreso
para que su presidente, Hormando Vaca Díez, la promulgue.
Así fue, y la ley entró en vigencia al día
siguiente. Las empresas petroleras reclamaron, pero al mismo
tiempo comenzaron a pagar el nuevo impuesto.
17
de agosto
Nace
una comisión para negociar con ocho empresas petroleras,
que días después presentarían notificaciones
al Gobierno para llamar a "conversaciones amigables"
antes de interponer posibles juicios contra el Estado boliviano
ante el cambio de la Ley de Hidrocarburos.
15
de noviembre
Se
cumplió el plazo para el cambio obligatorio de contratos
petroleros. Ninguna empresa hizo la modificación. El
presidente Eduardo Rodríguez envió un informe
al Parlamento en el que le dijo que hay deficiencias en la
norma. El debate continúa y se prolongará hasta
al próximo gobierno.
<b>
19 de diciembre </b>
el
presidente electo de Bolivia, Evo Morales anuncia que habrán
profundos cambios en la política de hidrocarburos;
pero explica con prontitud que no se confiscarán los
bienes de las petroleras y que sólo se ejecutarán
políticas que permitan nacionalizar los recursos naturales.
Una frase quedará en la historia: "Queremos socios,
no patrones".
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