Los ambulantes compiten con los mayoristas en la Alasita

Los vendedores sindicalizados dicen que la venta de miniaturas bajó y que ellos, a diferencia de los otros, cumplen con la Alcaldía al pagar una patente de 15 bolivianos para armar su puesto.

El efecto de la crisis y la gran cantidad de vendedores ambulantes que rondan el campo ferial de la Alasita 2002 está provocando pérdidas para los productores mayoristas de miniaturas.

Como cada año, este grupo de artesanos se apostó en los predios de la feria hace cinco días para ofrecer sus productos por mayor y a bajo precio a los vendedores “a raleo”, como les llaman.

Sin embargo, ellos no contaban con que otros artesanos no afiliados a su asociación tomarían las calles adyacentes a la feria para ofrecer objetos parecidos, pero a precios más bajos.

Emilio Echenique, secretario general de la Asociación de Mayoristas en Miniaturas, denunció que el perjuicio es doble porque las ventas no son buenas y porque sus afiliados están en la obligación de pagar una patente de 15 bolivianos para ocupar el espacio público, mientras que los ambulantes ni siquiera se pueden cuantificar.

Mientras los mayoristas arman sus puestos de venta con cientos de productos, a los ambulantes sólo se les puede ver portando hasta dos docenas de algunos artículos.
Pero la habilidad para vender es la misma. El regateo entre cliente y vendedor es la antigua técnica que aún funciona con éxito para ambas partes.

Los afectados arguyen que la diferencia del precio se debe a que ellos utilizan productos originales en las réplicas de miniatura. Así por ejemplo, una lata de leche contiene leche en polvo y una de sardinas lleva un ispi seco.

Los afiliados a la Asociación de Mayoristas en Miniaturas son 110, de los cuales sólo el 40 por ciento son artesanos paceños. El resto son productores que llegan de diferentes ciudades, como El Alto, Viacha, Copacabana , Oruro y Cochabamba.

Un aspecto que también preocupa a los artesanos locales es la presencia cada vez más marcada de peruanos que ejercen el mismo oficio y que ingresan al país a través de Copacabana.

“La competencia es bien fuerte del lado del Perú, ellos traen ahora más cosas que nosotros”, dice Betzabé Rodríguez, una obrera que llega desde el santuario para vender casas de yeso.

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