Las personas piden al Ekeko dinero, víveres y profesión

La fe mueve montañas. Esa es la premisa con la que la gente visitó ayer diferentes calles, avenidas, plazas e iglesias de las ciudades de La Paz y El Alto para comprar miniaturas.

"Me estoy comprando una casita porque sé que este año voy a poder juntar el dinero necesario para hacerla realidad", dice bien segura la señora Natty, quien en ese momento hace ch'allar y sahumar su viviendita de dos pisos y un gran patio.
Como ella, otras personas también adquirieron terrenos, chalets, material de construcción y hasta edificios. Su objetivo es tener un techo propio este año.

Un elemento importante para contar con una casa es tener dinero en los bolsillos y es precisamente lo que compra don Celestino. Miles de dólares, billetes de 100, 50 y 20 bolivianos y también los atractivos euros están en su bolsa esperando recibir el sahumerio, algunas gotas de alcohol y de vino de indio.
Doña Carmen tiene unos 60 años, ella acostumbra comprar cada año quintales y quintales de azúcar, arroz, fideo y otros artículos "para que nunca falte en la mesa ni en mi tienda", señala luego de contar que tiene una tienda de abarrotes.

En cambio, la señora Cipriana, que viste pollera, prefiere adquirir las canastas grandes, que contienen los principales artículos de primera necesidad. "Yo le pido al Ekeko que me dé todo lo necesario para poder cocinar cada día y nos les falte un plato de comida a mis hijos", indica.

Su amiga, doña Fortunata, además de haber comprado su canasta grande, busca cuadernitos y lápices pequeños para su hijo menor. "Mi hijito no quiere ir a la escuela y ya tiene seis años. Quiero comprarle estos cuadernitos para convencerlo que debe estudiar", cuenta la señora Fortunata muy preocupada.

Todo lo contrario ocurre con los hermanos Ariel y Daniel. Ellos están muy entusiastas buscando títulos profesionales.
Ariel quiere estudiar Informática porque le encantan las computadoras y los números. Mientras que Daniel desea manejar las finanzas del país de aquí a unos cinco años, cuando salga economista.
Lo evidente es que cada una de estas personas necesita creer en algo, porque la realidad, según indican, es muy dura. Y esa realidad es la que también viven los vendedores, quienes tuvieron que tomar ayer las calles y plazas para ganar unos pesos.


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