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Más frágil que el cristal
José Guillermo Justiniano*
La
situación argentina es, en este momento, más
frágil que el cristal, como dice el tango. Todo
está en situaciones límite y el futuro
no parece claro todavía. Lo económico
está muy mal, pero es aún más grave
lo político. El presidente Duhalde está
en el medio del camino sin un rumbo claro. El drama
es que no cuenta con el respaldo político necesario
y tampoco con la legitimidad popular. Es el clásico
contexto que facilita las salidas mesiánicas
de corte neopopulista que abundan en la historia mundial
y latinoamericana.
En
mi reciente viaje a la Argentina, la semana pasada,
pude conversar con políticos, economistas, académicos,
empresarios y representantes de organismos no gubernamentales
y el cuadro de percepciones es realmente difícil.
Lo más visible es el problema financiero, el
famoso corralito, la desesperación de la gente
por acceder a sus ahorros, pero las raíces del
mal son más profundas. Lo más grave es
la caída de la autoestima de la gente y la total
pérdida de confianza en los políticos
a quienes culpan de todos los males del país.
La desconfianza ingresó a la mente de los argentinos,
por eso el tema es complejo y requerirá mucho
esfuerzo la recuperación de un país que,
como pocos, tiene las condiciones naturales y humanas
para salir adelante.
Uno
de los problemas más graves a resolver es el
excesivo costo del Estado con relación al Producto
Interno Bruto, situación especialmente agravada
para muchas provincias, cuyos ingresos dedican en su
mayoría al pago de empleados públicos
en números que no admiten ninguna racionalidad.
Se estima que los gobiernos provinciales autónomos
deben despedir a casi medio millón de personas
para tener una administración pública
eficiente que permita asignar los ingresos a fines más
productivos. El sistema federal argentino está
en la peor de las situaciones, ya que los gobiernos
provinciales tienen autoridad, pero no responsabilidad,
viven en su gran mayoría de la coparticipación
de la recaudación tributaria del gobierno federal
y no de sus propios impuestos. Muchas provincias necesitan
el subsidio federal para mantener sus empleados públicos
y ello genera un federalismo distorsionado y caduco.
El poder político de los gobernadores reside
en la capacidad de gastar y emplear gente afín
a su partido. Son poderosos regionalmente, pero son
dependientes del gobierno federal. El modelo privilegia
al nivel intermedio, los gobiernos provinciales, pero
no tiene un nivel local o municipal con una fuerza equivalente.
Este es el error conceptual de diseño que se
arrastra desde la formación de la República.
Es
importante tomar esta experiencia para no cometer errores
similares en Bolivia. Con el calor del momento electoral
Nueva Fuerza Republicana ofrece autonomías regionales
y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria la elección
de prefectos por voto popular y directo. Son ofertas
muy peligrosas, modelos cuyos resultados son muy cuestionados
y que se experimentaron en Colombia y Paraguay.
La
explosión de burocracia pública y autonomías
que permiten el crecimiento desmesurado del aparato
público y el endeudamiento incontrolado, terminan
arrastrando al país en su conjunto.
Menos
burocracia nacional y departamental y más poder
ciudadano a través de los municipios es el camino
para nosotros. La crisis económica que deja al
país en una situación de gran fragilidad,
es la prioridad. No es momento para experimentos de
rediseño del Estado. No nos equivoquemos.
*José
Guillermo Justiniano
es subjefe del MNR.
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