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Calma en la recta final
José Guillermo Justiniano*
Lamentablemente
los tiempos electorales se trasladaron con la necesidad
de realizar cambios fundamentales a la Constitución
Política del Estado, ahora todo se mira bajo
el prisma del cálculo electoral. La marcha indígena
pidiendo un Congreso Extraordinario para que se apruebe
la Constituyente con características corporativas,
así como el derecho propietario sobre los recursos
naturales no renovables, toca fundamentos que hacen
a los cimientos de la conformación de Bolivia.
Cuando algunos partidos llegaron a la conclusión
que la Constituyente podría darles beneficios
electorales, trabaron el acuerdo logrado por los partidos
con mayor representación parlamentaria y la posibilidad
de una aprobación rápida de las reformas
constitucionales quedó a un costado.
La
Constituyente es un tema manejado en el ámbito
de elites, no es un tema del pueblo que clama por la
solución a los problemas de la crisis económica.
Pese a ello y debido a una marcha que tiene las características
de contar con apoyo político y económico
externo a las organizaciones indígenas, se corre
el riesgo de arrancar decisiones sobre temas fundamentales
para el país de manera apresurada. Hoy más
que nunca necesitamos serenidad en la recta final previa
a las elecciones del 30 de junio. La Constituyente planteada
en términos corporativos, en la que sus integrantes
son parte de grupos económicos, sociales o de
etnias, sería la destrucción de la democracia
representativa, que con defectos y limitaciones, es
el mejor modelo de representación democrática.
Bolivia es un proyecto de Estado Nación en proceso
de consolidación, es por ello un país
frágil en términos institucionales. Es
un país diverso en varios factores, pero en especial
en lo étnico. La conformación de un Estado
que no se base en la unidad en la diversidad corre el
riesgo de fragmentarse. No existe un proyecto de clase
ni una mayoría étnica predominante para
lograr hegemonía en la conducción del
país. Necesitamos un pacto por un proyecto común,
un contrato social renovado, pero sobre la base de una
democracia representativa con los ajustes necesarios
para lograr una efectiva participación ciudadana.
El camino no es la Constituyente corporativa. El pedido
del derecho propietario sobre los recursos naturales
no renovables para los pueblos indígenas es el
camino hacia la consolidación de dos regímenes
de la propiedad diferentes y la separación de
los bolivianos en dos categorías. Estamos yendo
como el péndulo de un extremo al otro.
Desde
una exclusión histórica de los derechos
indígenas hacia el privilegio basado en el régimen
de propiedad diferenciado para los derechos sobre los
recursos naturales no renovables. Esto no será
tolerado por el resto de los bolivianos que no pertenecen
a pueblos indígenas, puede ser el principio de
un conflicto mayor.
Estamos
jugando con fuego motivados por la carrera electoral
y la desesperación por obtener votos a cualquier
precio y prometiendo cualquier cosa. El gobierno que
se instale el 6 de agosto, nacido de ofertas irracionales,
tendrá el grave problema que se las exigirán.
En
ese momento se pueden fusionar problemas de una grave
crisis económica con temas relacionados a cuestiones
fundamentales de la organización del país.
No
es momento para improvisaciones e imposiciones, el proceso
electoral no debe ser afectado por esos pedidos. Se
requiere una cumbre para lograr consensos, lo contrario
sería una irracionalidad nacida del cálculo
político a corto plazo.
*José
Guillermo Justiniano
es subjefe del MNR.
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