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Calidez
Julio Aliaga Lairana*
Es
de hombres (el término es sexista, quiere decir
"seres humanos") reconocer las cosas en su
momento, lo que hace que me apresure a conceder que
las tendencias de voto están instaladas y que
queda poco por hacer para cambiarlas. Una parte del
país ha decidido por lemas que no se sabe bien
qué significan, o lo que ocultan, ni lo que se
proponen; pero dejémosles el beneficio de la
duda, para permitirnos pensar que las "propuestas
propositivas" (sic) que se realizan puedan ser
(ojalá) buenas para el país. Eso sí
y por la misma duda, hay que recordar a las personas
que, en un laboratorio clínico, empiezan a conocer
la dolorosa sapidez de la muerte, por haber obtenido
un resultado positivo, mortífera señal
de apocalípticas enfermedades: "Positivos
del mundo uníos, para sacar ventajas en la feria
de las catacumbas".
La
capacidad de escucha se ha reducido tanto que solamente
se usan consignas elementales y musiquillas gelatinosas.
Las campañas fabrican las demandas de quienes
reclaman gorras, pelotas, cemento, calaminas y hasta
polideportivos y escuelas; larga lista de regalos que
los candidatos están obligados a portar, si quieren
ser escuchados, en un ambiente que ha decidido de antemano
no creer en ellos. Se ha perdido el valor de la palabra.
En el final desapareció el Verbo.
Quienes
luchan, los que se revelan por dejar de fumar,
por la ecología, contra el racismo, los que creen
en la igualdad, para utilizar ejemplos equidistantes
sirven para poco en estas circunstancias. La mercadotecnia
considera que estos son temas demasiado inciertos para
convocar al voto de los más. Consignas vacías
o promesas abreviadas, es lo que se lleva hoy. Así
nos va y nos seguirá yendo.
Por
eso me gustó Jaime cuando dedicó una de
sus noches de campaña a recordar que subsisten
corrientes
profundas que no debemos malgastar, porque son las que
permitirán re-otorgar un destino y un sentido
general a la política. La democracia, la lucha
contra toda discriminación, el socialismo democrático
tan boliviano como universalrecuerdan un
compromiso consecuente con la historia del MIR (son
su espíritu), lo mismo que con los valores clásicos
(mal llamados tradicionales) que dignifican nuestra
humanidad: la valentía, la consecuencia, la lealtad,
la honestidad, la capacidad de compromiso individual.
¿Me siguen? Es el fuego atávico de nuestra
boliviana humanidad e identidad: el fuego del conocimiento
rescatado por Prometeo para abrazar el camino de los
dioses griegos, las brazas de las ofrendas a la Pachamama,
la flama de la libertad, la llamarada inapagable de
la tea de Murillo, el fulgor boliviano de los pozos
gasíferos cuya riqueza representa hoy una nueva
oportunidad...
Jaime
Paz quiere volver a encender ese fuego. Habría
que acompañarlo en esa parte del camino, ayudando
con luz y calor a una campaña sin espíritu
cierto, donde el sistema político pareciera vivir
apagado y carente de ideas profundas, como sin espíritu.
Pero
en 30 días no se puede hacer mucho, tan sólo
pedir que recuperemos el resplandor entre todos. La
noche de San Juan puede ser un buen momento, sin importar
por quién vote cada cual, que el fuego se encienda
en los hogares bolivianos y que nos permita reflexionar
sobre el hondo significado que le hemos otorgado.
Mirando
lejos, hacia el horizonte: bienaventurados aquellos
portadores del fuego inagotable, porque sobre ellos
recaerá la responsabilidad de volver a otorgar
sentido a la más alta y digna de las actividades
humanas: la política, que vuelve a surgir esperanzadora
en lontananza.
*Julio
Aliaga L. es sociólogo
y asesor del MIR
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