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Chenko total
Julio Aliaga Lairana*
Cuando
escribía la última vez sobre este nuestro
querido país y decía que somos una sociedad
que no se expresa electoralmente con mayorías
claras, no pensaba en que se iba a cumplir tan al pie
de la letra y que, a la luz de los resultados, habríamos
de reconfirmar que somos una sociedad diversa, múltiple
y plural, cuya expresión electoral es la de un
país de minorías. Los bolivianos pertenecemos,
cada cual, a una minoría.
Aceptarlo
así es prioritario, porque hay que adaptarse,
vivir y gobernarnos funcionalmente a esa realidad: la
democracia es el gobierno de las mayorías (que
deben construirse en el Parlamento entre las diferentes
minorías) y el respeto absoluto a quienes queden
en minoría, a su derecho a expresarse y a influir
en las decisiones centrales del gobierno y del Estado.
Algo más, la izquierda ha resurgido y la derecha
no podrá hacer, como hasta ahora, lo que se le
venga en gana. Ese es un avance.
La
democracia pactada fue necesaria los últimos
20 años; produjo la estabilización, la
salud macroeconómica del sistema, las reformas
y la modernización institucional. Pero, la democracia
pactada se basa en un acuerdo entre elites excluyentes
y con mentalidad falsamente aristocrática. Ese
pacto ya no sirve para continuar gobernando el país,
es necesario un nuevo compromiso abierto a otros actores
que se han mostrado ya con toda su fuerza, y abierto
también a nuevas formas de administrar el poder,
sobre la base de la legitimidad que brinda la interlocución
horizontal entre el Estado y la sociedad civil (la sociedad
organizada), ya que no es suficiente la que otorga aisladamente
el voto ciudadano.
Está
claro que es la derecha la que ganó las elecciones
( populista y liberal), cuyas contradicciones parece
que le impiden organizar gobierno y dejar en la oposición
a la izquierda (la democrática y la populista)
como debiera ser. Pero, si el sistema necesitara combinaciones
más complejas en nombre de la gobernabilidad,
lo importante es saber si los acuerdos responden a las
dos dimensiones señaladas: democracia de minorías
y nuevo compromiso democrático.
Varios
factores de poder han de estar presionando por un gobierno
MNRMIR. ¿Puede un acuerdo entre esos partidos
romper el pacto democrático de los culitos
blancos o brindará estabilidad y seguridad
a costa de continuar con la exclusión de la mayoría
de bolivianos que han votado por opciones contrarias
a la de Goni? Depende diría con perspicacia
¿el MNR y el MIR de los depredadores, el MNR
y el MIR de los socialdemócratas, el MNR y el
MIR de los liberales? No basta decir el gobierno de
los dos partidos, éste es un tema de hegemonías,
hay que aclarar sobre cuál hegemonía se
podría construir gobierno hacia delante: unas
cierran, otras abren.
Veamos
la otra opción. El gobierno de NFR con el MIR
es difícilmente alcanzable, porque los números
no suman los suficientes parlamentarios; para hacer
gobierno por ese lado, Manfred necesita algo MAS, así
sea sólo para habilitarlo a cambio de concesiones
globales y sin participación. Este gobierno podría
ser de apertura, en el sentido de incorporar a fuerzas
e instituciones emergentes en una relación de
interlocución horizontal, pero a costa de la
seguridad y estabilidad política, porque la bancada
de Manfred es una gelatina entre lo de Ivo, Joaquino,
Alejo, la familia Reyes Villa y otros menores. La apertura
a costa de la estabilidad. ¿Podemos correr los
bolivianos ese riesgo?
*Julio
Aliaga Lairana es sociólogo y asesor del MIR.
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