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Cuando
la locura se apoderó de La Paz, cuando los
discordes volvieron a manchar el país con sangre
fraterna, José Luis Gandarillas se envolvió
en una bandera boliviana y alzó su pañuelo
blanco pidiendo calma. Exigiendo paz.
Su
gesto tronó más fuerte que la metralla.
Algunos díscolos se sintieron ofendidos y con
un tiro artero, cobarde y por la espalda, estuvieron
a punto de cazarlo.
El
pueblo alzado en los días de febrero, es sin
duda el hecho más importante de lo que va de
este 2003. Fueron sucesos trágicos pero importantes.
Y en esa jornada sobresalió el coraje, el temple
de José Luis Gandarillas que se abrió
paso entre soldados y policías beligerantes.
Se predispuso a entregar la vida a cambio de paz para
sus hermanos y, en esa jornada orate, alguien estuvo
a punto de tomarla.
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