Monedas , medallas y billetes de Bolivia

Texto: Alex Ayala
Fotos: Banco Central de Bolivia y Fernando Cuéllar para el Banco Nacional de Bolivia

Las primeras monedas de plata circularon a lo largo de América. Dos años después de la Declaración de la Independencia salieron las primeras bolivianas.

Es antigua la leyenda. Cuando se terminó de construir la segunda y definitiva Casa de la Moneda en Potosí, el Rey de España echó el grito al cielo al enterarse del precio: "¡La han debido hacer de plata!"... No era para tanto, pero lo cierto es que la Casa de la Moneda marcó un hito en lo que fue el poderío económico español de la época de la colonia. "Se puede armar un puente directo de plata pura desde Potosí hasta España con lo que se extrajo del cerro", decían. Seguramente, y es que uno camina hoy por el edificio de acuñación de moneda y se da cuenta de toda la majestuosidad y de las historias que todavía laten en su interior. Ariel Kwacz, experto numismático que contribuyó a elaborar el libro Monedas, Medallas y Billetes de Bolivia, editado por el Banco Central, recuerda algunas. "La Casa de la Moneda tiene una serie de altillos donde supuestamente dormían los esclavos negros que fueron traídos de Africa. Muchos cayeron porque no aguantaron el frío, y el interior del Cerro Rico está plagado de huesos". Es la crónica negra. Pero también existe el rostro amable. Potosí, en sus mejores tiempos, tenía espolvoreados entre sus tiendas y sus calles las mejores telas, muebles, vajillas.... del mundo.

No es extraño, entonces, que las primeras monedas de plata acuñadas durante la época de la colonia circularan a lo largo de toda América, tanto en los territorios pertenecientes a España como en los que contaban con presencia británica o francesa.

Por aquel tiempo, las monedas se dividían en ocho -reales o sueldos- y había dos centros de acuñación: el primero se encargaba de las monedas macuquinas o golpeadas y el segundo del resto. Sobrevivió este último. Luego, la Decla- ración de Independencia en 1825 supuso un cambio. Dos años más tarde salieron las primeras monedas bolivianas. "En el anverso, llevaban la esfinge de Bolívar. En el re- verso, un árbol del altiplano flanqueado por llamas. Y traían inscripciones con el monograma de Potosí -PTS- y las iniciales del ensayador, que veía que la plata tuviera una ley correcta", dice Ariel.

Y esto, la ley del dinero, supuso un serio problema durante mucho tiempo. Así, desde el gobierno de Andrés de Santa Cruz salió a relucir el tema de la moneda feble. "Se comenzaron a hacer piezas con el mismo peso, pero con la ley más baja -explica Kwacz-. Por consiguiente, ya no valían tanto. Fue complicado porque las monedas bolivianas circulaban en otros países como Perú. El tema no se solucionó hasta después del gobierno de Melgarejo, en 1870".

Antes de todo eso se intentó instituir otra Casa de la Moneda en La Paz. De esta forma, en 1853 se comenzó a acuñar moneda en una antigua casona. La actividad no duró demasiado. En 1859, al ver que los costos eran altos y la producción escasa, se decidió cerrarla.

Más adelante, hubo un nuevo intento. "Clemente Toretti, un italiano que traía maquinaria moderna a vapor, le propuso a Melgarejo la acuñación en La Paz. Éste aceptó, pero luego se echó para atrás y mandó las máquinas a Potosí", cuenta Ariel. Algo más tarde, Melgarejo comenzó a aplicar el sistema métrico decimal con la acuñación de piezas con valores diferentes, por mediación de su ministro Mariano Donato Muñoz. "Las monedas eran más perfectas y se acuñaron de medio, un quinto y un décimo de boliviano".

Pese a una serie de decisiones acertadas, Melgarejo también metió la pata con algunas de sus polémicas determinaciones. Y es que no se le ocurrió otra cosa que poner en circulación monedas de plata de menos ley que tenían esfinges con su cara y sus largas barbas. Se llamaron los melgarejos y conformaron una gran variedad de modelos. Con ello, el problema casi resuelto de las monedas febles resurgió de nuevo con fuerza. Y tuvo que ser el ministro Mariano Donato quien lo solucionara sacándolas de circulación.

Con estas monedas en base al sistema métrico decimal, Bolivia cerró el siglo XIX. Y comenzó el XX de una manera muy triste. La maquinaria de la Casa de la Moneda era arcaica y se decidió, aunque no por primera vez, la acuñación de monedas fuera del país. "Así, lugares como Santiago de Chile, París o Birmingham en Inglaterra se encargaron de esa tarea y, poco a poco, la Casa de Potosí perdió su rol como acuñador de monedas", sentencia el numismático. Bolivia, entonces, tuvo que dejar a un lado los patrones de oro y plata y comenzar a emplear otros metales como el zinc o el cobre. En 1942, a falta de monedas fraccionarias en circulación, el gobierno pidió cotizaciones a diversas casas para la acuñación. El asunto al final se subsanó felizmente gracias al trabajo de una casa de Filadelfia que otorgó ciertas cantidades de monedas de 10, 20 y 50 centavos.

Luego, las últimas monedas de boliviano que salieron a circulación estaban fechadas en 1951. En esa época, la inflación era enorme y el uso de monedas nulo. Y fue recién en el año 1961 cuando se instituyó nuevamente el uso de monedas. En este tiempo fue cuando aparecieron piezas de uno y cinco bolivianos.

Finalmente, como hecho curioso destacable, en el 75 Hugo Banzer mandó a acuñar en Portugal y poner después en circulación monedas en plata con su esfinge junto a la del libertador Bolívar con valores de 100, 250 y 500.

El uso de las medallas

Mientras todo esto ocurría, la historia de la Casa de la Moneda no se conformaba únicamente con la acuñación de monedas. Y ya desde la época de la colonia la elaboración de medallas fue algo más o menos habitual. En 1808, cuando las fuerzas napoleónicas invadieron España, en América se acuñaron medallas como muestra de lealtad a la figura del rey. Más tarde, durante el periodo de la independencia, existió una serie de medallas emitidas por las fuerzas realistas para exaltar a José Manuel de Goyeneche.

De ahí venía entonces la tradición de fabricar medallas conmemorativas o de exaltación, una tradición llena de anécdotas. Y una de las medallas sobre la que más se ha escrito es la presidencial. "Todo comenzó cuando la Asamblea Constituyente decidió otorgar una distinción a Simón Bolívar en agradecimiento. En su anverso, llevaba el cerro de Potosí y una escalera de fusiles españoles que llegaba hasta Bolívar, que se alzaba en la cima con el gorro frigio de la libertad -relata Kwacz-. Después, Bolívar al morir legó la medalla al pueblo de Bolivia y éste decidió entregársela también como muestra de gratitud al Mariscal Santa Cruz. Cuando fue derrocado, Santa Cruz escapó a Perú y el nuevo gobierno mandó a dos emisarios que le arrebataron la medalla a su esposa por la fuerza. Desde ese momento, aunque con diversas remodelaciones -la última durante el reciente gobierno de Jorge Quiroga- la medalla ha pasado como un símbolo de mandatario a mandatario".

Con todo, volvió a ser durante la época de Melgarejo cuando la acuñación de medallas -que durante mucho tiempo circularon como moneda corriente- tuvo su mayor auge. Y es que en ese momento apareció una gran cantidad de modelos; aunque antes ya eran bastante habituales algunas medallas un tanto curiosas como las que mostraban a las esposas de los presidentes. "Una de las medallas que se hizo más famosa fue el panal de Melgarejo, que mostraba a Bolivia con una serie de abejas mirando unas hacia fuera y otras hacia adentro", rescata Ariel. Las abejas, así como las estrellas que llevaron las monedas mientras duró la presidencia de Melgarejo, eran 11. Y es que éste creó dos nuevos departamentos, que actualmente ya no existen, durante su mandato: el de Mejillones, con capital en Corocoro, y el de Tarata, el lugar donde nació.

Los bancos y los billetes

De nuevo bajo el gobierno de Melgarejo, la primera autorización de billetes salió en 1866. En un principio, se instituyeron en el Banco Boliviano, que después se fusionó con el Banco Nacional de Bolivia. Este último reselló después todos los billetes del otro banco. Así, la primera emisión del Banco Nacional de Bolivia entró en circulación en 1873. "Sus diseños estaban llenos de alegorías y detalles. Tanta ornamentación era un método primitivo para evitar las falsificaciones que aún hoy se sigue utilizando en otros sitios", dice Kwacz.

Y no pasó demasiado tiempo para que el gobierno, por decreto, autorizara a los bancos privados a lanzar sus propios billetes. Sin embargo, esta emisión fiduciaria debía estar respaldada por el oro. El banco estaba obligado a entregar oro a cambio de billetes. Si se negaba, era investigado y podía ser cerrado. Con esta reglamentación, varios bancos de Bolivia tuvieron cierto protagonismo. Uno fue el de Francisco Argandoña, que sacó dos series. Una presentaba el Castillo de la Glorieta, la propia casa de Argandoña. El Banco de Comercio, con sede en Oruro, también lanzó algunos billetes bastante raros. Pero fue Simón Patiño, con el Banco Mercantil, quien protagonizó algunas extravagancias bastante notables con los billetes de corte alto. "En el anverso del de 50 retrató a sus hijas de cuatro y cinco años. En el de 100, a su esposa", señala el especialista Ariel.

Entre los privados, el Banco de la Nación Boliviana era el más importante. Y en 1914 se le dio la exclusividad en la emisión de billetes. Antes, todos tenían esta potestad siempre que cumplieran una serie de requisitos. El Banco de la Nación Boliviana recuperó los billetes de los otros bancos y los incineró. Es la razón por la que se ha perdido buena parte de los modelos. Luego, en el 28 con el gobierno de Hernando Siles, el Banco de la Nación Boliviana se transformó en el Banco Central de Bolivia, pero no dejó de ser privado. Y recién en el 39, bajo el mandato de Germán Busch, se nacionalizó y resellaron otra vez los billetes anteriores.

Más tarde, debido a la Guerra del Chaco, la economía del papel obligó a diseños, impresos en Londres, más simples y ordinarios. Y en el 40 la terrible inflación fomentó la necesidad de billetes de corte mayor para reducir la cantidad de circulante. En el 42 salieron unos muy raros de 5.000 y 10.000 ya con filigranas y marcas de agua. Pero la inflación que realmente devastó la economía fue la de la década del 80. "En esos años se implementaron los cheques de gerencia, que no tenían elementos de seguridad y resultaban de mala calidad -explica Kwacz-. Se llegó hasta el de 10 millones. En el 86, con la última presidencia de Paz Estenssoro, se retornó al boliviano como moneda oficial -antes, durante un largo período de tiempo, lo había sido el peso-. Y así se llegó hasta el 85, año en que se imprimieron en París los billetes que hoy están en circulación. Pero la evolución sigue. Hace poco el billete de cinco fue sustituido por la moneda.

Y ésta es la historia de un país cincelada en oro, plata, cobre, zinc y papel. Y es que los acontecimientos de Bolivia también han podido leerse a través de sus billetes y monedas. En ellos se han plasmado los momentos de mayor auge con la Casa de la Moneda a pleno rendimiento, pero también las crisis más profundas.

Publicado en La Razón