Philippe
Troussier, nacido en París el 21 de marzo
de 1955, fue zaguero de equipos como el Angouleme,
Red Star, Rouen y el Reims durante su carrera
de jugador entre los años 1976 y 1983.
En
su trayectoria como técnico, entrenó
a clubes de segunda y tercera división
de Francia, al NF Vichy (1983-1984), Alençon
(1984-1987) y Red Star (1987-1989).
A
partir de 1989, se fue de aventura al fútbol
africano y asumió la dirección
del ASEC Abidjan, un equipo de la capital de
Costa de Marfil. Después fue hacia África
del Sur en 1993, donde entrenó al Kaizer
Cheifs y Orlando Pirates.
Luego
de peregrinar una década por el continente
africano entrenando a las selecciones de Costa
de Marfil, Nigeria, Burkina Fasso y África
del Sur, Troussier llegó a Japón
en septiembre de 1998 para asumir todas las
categorías de la selección.
Poco
antes, Troussier clasificó a Nigeria
para la Copa de Francia 98, pero no renovó
contrato. Al dejar Nigeria, firmó con
la inexpresiva selección de Burkina Fasso
que se alistaba para jugar la Copa Africana
de Naciones 98.
Con
un equipo igualmente pobre, desorganizado, Troussier
llegó a disputar el tercer puesto de
la copa, pero luego de estar venciendo al Congo
por 4-1, vio cómo su equipo recibió
tres goles en los tres minutos finales de juego
para ceder un empate de 4-4. Sin prórroga,
el juego fue derecho a los penales y allí
el factor psicológico entró en
el campo y Congo fue el vencedor.
Al
dejar la selección de Burkina Fasso,
firmó con Africa del Sur, que ya estaba
clasificada para Francia 98.
Luego
de sacudirse del polvo africano, Troussier recibió
piedras tras su estreno en el mundial. África
del Sur jugó precisamente contra Francia,
en Marsella, pero perdió por 3 a 0.
Al
llegar a Japón el técnico francés,
que en Africa se ganó el apodo de "el
mago blanco", se encontró con un
país deprimido por el pobre papel de
su selección en el Mundial y decidió
revolucionar el equipo japonés.
El
técnico francés, que en poco tiempo
pasó de ser el "mago blanco"
al "diablo rojo" por sus ataques de
cólera, condujo a los sub'20 japoneses
a la final del Mundial de Nigeria, que perdieron
frente a España, y, sobre esa base edificó
el futuro.
Jubiló
a la anterior generación, con Kazu Miura
y el brasileño nacionalizado Wagner Lopes
a la cabeza, y dio paso a los jóvenes,
liderados por Hidetoshi Nakata, su mejor jugador.
Con
estos, alcanzó los cuartos de final de
los Juegos Olímpicos de Sydney, ganó
la Copa de Asia de selecciones y fue finalista
en la Copa de las Confederaciones. Ahora su
gran reto es cumplir un buen papel en el Mundial
donde es anfitrión.