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M A T R I M O N I O S

El esposo quería tanto, pero tanto a su mujer, que todas las mañanas pasaba por la iglesia a elevar esta plegaria a Dios:
- ¡Dios mio! que mi mujer no me engañe nunca, y si me engaña que no me entere, y si me entero, ¡ay! Dios mío que me aguante.

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