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En el corso cruceño hubo desorganización
(Santa Cruz - La Razón)

Los encargados decidieron habilitar las dos vías de la calzada al paso de las comparsas. Los bailarines y el público hicieron su carnaval aparte.

El caos y la desorganización se apoderaron las últimas horas de la noche del sábado y la madrugada de ayer del corso de la ciudad de Santa Cruz, evento en el que participaron decenas de comparsas, muchas de ellas con sus reinas y con distintivos llamativos e imaginativos.

Decepción y rabia era el sentimiento de centenares de personas que concurrieron al corso y se marcharon con bronca porque poco pudieron disfrutar del paso de los comparseros.

Al parecer el
fracaso de este corso radicó en el hecho de que sus organizadores decidieron habilitar las dos vías de la calzada para el paso de las comparsas. En los hechos, muchos espectadores tuvieron dificultades para apreciar el espectáculo.

Si al inicio las notas del tradicional taquirari de los Tauras se mezclaron con las sayas de los caporales y las chovenas de los chiquitanos, lo que vino después sencillamente fue el caos. Mientras algunos intentaban defender los puestos que les habían costado entre 30 y 40 bolivianos, y reclamaban su derecho a ver a todas las comparsas; otros iban ganando terreno en las sillas, muchas
de las cuales estuvieron vacías hasta las 21.00.

Los reclamos aumentaban y las sillas comenzaban a convertirse en un preciado trofeo. Pero lo peor estaba por venir. El ingreso de Cecilia I fue un derroche de alegría, pero pronto muchos sintieron miedo. Una turba de jóvenes, que no pasaban de los 14 años, fue formando una caravana detrás del coche de la soberana. La guardia del carnaval apenas podía frenarlos.

Pero ya se habían adueñado de la ruta del corso. Los comparseros quedaron dispersos, mientras los grupos de baile intentaban sin éxito mostrar sus coreografías. Era un completo desorden. Grupos
de comparseros decepcionados tuvieron que resignarse a no demostrar sus pasos, mientras otros ya dejaban ver el efecto de las copas. Hasta las 23.30 apenas habían pasado cuatro de las comparsas programadas tras el carro de la reina.

Al final, la Policía pareció reaccionar y se notó su mayor presencia, pero ya los carnavaleros habían buscado una solución. Pese a las protestas del público, decidieron hacer el recorrido por el carril derecho y condenaron a muchos a quedarse sin fiesta.

Otro exceso fue el juego con agua. Muchas bailarinas fueron víctimas de los globos y espumas lanzadas por jóvenes y niños.
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