La música nativa relució en el Jisk'a Anata, pese a la lluvia
(La Paz - La Razón)
48 grupos salieron de la Terminal para finalizar el recorrido en Laikakota con la alegría de los bailes autóctonos y tradicionales. La Tholla, el carnaval de Chaupirana y la Chacarera se lucieron. Los Olvidados hicieron su locomotora.
A las 10.00, las nubes grises ya amenazaban a los 48 grupos que confirmaron su participación en el IX Carnaval Jisk'a Anata 2003 de la ciudad de La Paz. Asientos vacíos y jóvenes jugando con agua permanecieron en las calles hasta las 12.00, hora en la que la gente empezó a llenar las sillas y el palco oficial, ubicado en la Casa de la Cultura.
La entrada organizada por el Gobierno Municipal de La Paz y la Sociedad Andina de Conjuntos Folclóricos se inició a las 13.00 con la partida, desde la Terminal de Buses, del alcalde Juan del Granado, el oficial mayor de Cultura, Pedro Susz, y otros colaboradores del evento, quienes entraron bailando huayños tocados por una banda.
La tarkeada del Centro de Rehabilitación de No Videntes Luis Braile, Sangre Nueva, trajo a sus danzantes y bailarines que, con la ayuda de algunos guías, hicieron el recorrido, cuyo punto final estaba en el parque Laikakota. Pasado el primer grupo, la lluvia cayó con fuerza, pero nadie se dio por aludido. La gente
recurrió a los impermeables desechables para cubrirse.
Los residentes universitarios chaqueños se pusieron a zapatear con toda la fuerza de la chacarera sobre los charcos, salpicando a la gente de las primeras filas del palco oficial, entre los que estaba el embajador de Japón, Hajime Sasaki, aplaudiendo al paso de cada grupo.
La Thalla, danza autóctona quechua originaria de Pelechuco, de la provincia Franz Tamayo, repartió su mixtura de flores (jallu jallu), al sonar de pinquillos, pututus y tambores.
La lluvia persistía y los pies de los danzantes del carnaval de Chaupirana, originario del Norte Potosí, no descansaban. Cargando hierbas sobre las espaldas y vistiendo el ajso, túnica de una pieza de tejido tradicional, cantaban en quechua acompañados por los instrumentos de viento.
Con sus trajes cubiertos con plástico, ingresaron las dos fraternidades de Waca Tokori, los Chutas, los Sicuris, las Tarkeadas y las Moseñadas.
Con el sonar de las concertinas de antaño, Los Olvidados entraron en un trailer transformado en ferrocarril humeante junto a los maquinistas, las cholas de antes y las tías Núñez, personaje característico de La Paz.
A las 14.00, el público creció con la animación de los Kusillos
que empezaron a calentar el ambiente. Junto a ellos, tanto la Juventud como el Movimiento Cultural Saya Afro Boliviana, con el contagioso ritmo de sus percusiones y las voces agudas de sus mujeres, alegraron a la gente y significaron el fin de la lluvia.
El sol asomó a las 16.00 y las tradicionales danzas de Caporales, Morenadas, Cullawas y Llameros lucieron sus bordados. La Cueca Paceña, de la Comunidad Cultural Waynas, junto a Estampa Boliviana del Sindicato de Artistas en Variedades, le dieron el gusto chukuta a la fiesta que culminó en un gran festejo en el estadio.
Los plásticos anti lluvia y asientos a la orden del día
venta • En el Jisk'a Anata hubo espacio para los negocios. La comida y bebida no faltaron.
Desde las nueve de la mañana, los asientos para presenciar la entrada del Jisk'a Anata estaban listos para los futuros compradores. Ya sean cajas de cerveza, tarimas cubiertas con frazadas y awayos o sillas plásticas y de madera, la especulación de precios empezaba. La pugna comenzó con quien vendió las primeras filas a Bs 10 hasta los que habilitaron lugares sin plástico protector para la lluvia, que a media tarde costaron a Bs 1.
Quienes se vieron más beneficiados fueron los
vendedores de impermeables desechables. El precio subía desde los Bs 2 hasta los de mejor calidad a Bs 7. De acuerdo a la intensidad de la lluvia, el valor de estas prendas ascendía o bajaba. La mayoría del público e incluso agrupaciones enteras de músicos y bailarines optaron por comprar los transparentes por decenas. Los paraguas, que salían a Bs 10, también tuvieron éxito.
En lo relacionado a la comida, el menú empezó temprano con las vendedoras de café en los alrededores de la avenida Camacho, que se levantaron para dar paso a las salteñeras.
A las 13.00, la oferta se amplió a los sandwiches de cerdo y pollo (Bs 4 y 5) y los de chorizo (Bs 3,5 y 4), fritos en aceite o cocinados a la parrilla. Las patitas, envueltas en plástico por la lluvia, tenían un costo de Bs 2. Los rellenos y las tucumanas con sus salsas estaban a Bs 1.
Las dulceras ambulantes y los vendedores de algodón, pasancallas y manzanas al almíbar rondaban el lugar. Para acompañarlos, habían refrescos desde los 50 centavos.
Para terminar, en el estadio, la cerveza (Bs 3) y el té con té (Bs 2) esperaron a los bailarines, que mojados por la lluvia se calentaron con el humo de los anticuchos (Bs 3,50) y los vasos de bebidas espiritosas.
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