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Lo nuevo y lo viejo dialogan en la tradición carnavalera
(La Paz - La Razón)
En Cotagaita, el Diablo templa las cuerdas del charango. En Sud Lípez, llamas y alpacas son “enfloradas”.
Dos semanas antes de Carnaval, los compositores de Cotagaita (Potosí) dejan, por una noche, su guitarra o charango bajo un puente. Se supone que el Diablo templará sus cuerdas y luego saldrán las tonadas que alegrarán los carnavales o la Anata. Según la creencia, cada cantautor debe componer un tema, pues de lo contrario la cosecha será mala.
En Yotala, las jovencitas mantienen la tradición de salir acompañadas de una chaperona, para evitar las tentaciones del Diablo. La señora va armada de un chisguete con el que aleja a los jóvenes. Al primer intento de acercamiento, ella arroja perfume —hoy simple líquido de la pila— a modo de agua bendita.
En Tumupasa, provincia de Larecaja de La Paz, los indígenas beben bastante chicha y visitan las casas. Si alguien no les abre la puerta se quedarán tocando la tamborilla por

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más de 24 horas. Cuando les reciben en un hogar, los indígenas retribuyen el gesto obsequiando regalos elaborados por ellos mismos.
En Sud Lípez, en las comunidades de Quetena Grande y Chico, los campesinos acostumbran a salir temprano al campo para “enflorar” a las llamas y vicuñas nuevas. Ataviadas con polleras coloridas, las mujeres llevan alcohol y comida, mientras que los pinkilleros tocan melodías parecidas al lamento del viento. Al caer la tarde volverán a su pueblo bailando alegre música, señal de que empezó el Carnaval.
Las fiestas suelen reunir nuevamente a la comunidad. Muchas de éstas se han dispersado por la migración a las ciudades, particularmente de los jóvenes. La fuerza de las tradiciones motiva el retorno y la práctica del rito. Por supuesto, quien vuelve no es el mismo que cuando partió. Probablemente lleva formas de vestir diferentes o melodías e instrumentos ajenos a la vieja comunidad. También

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pesa el comercio que desde las ciudades llega al campo, con ropa más barata que la del tejido a mano.
En Curva (norte de La Paz), los músicos llevan un mosaico de vestuario: antiguas máscaras cubren el rostro de un hombre que debajo del faldón lleva un blue jean. En lugar de lo que seguramente fue una especie de capa se observa un secador con flores o una vistosa pañoleta “made in China”.
Punto de vista
“El cambio es parte de la fiesta”
Javier romero, antropólogo.
En las fiestas de los pueblos, la dinámica de cambio está presente. Lo antiguo y lo nuevo se articulan. El control social es el que, en un consenso inconsciente, acepta o prohíbe lo nuevo. En ello no entran las categorías de lo bueno o lo malo.
Hace años, jóvenes bailarines de kullaguada llevaron el rostro de los cantantes de moda en sus trajes: Sandro y Leo Dan. Lo hicieron para señalar a un grupo generacional y diferenciarse de los mayores.

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Porque la fiesta marca también un tiempo. El proceso identitario no es cerrado ni lineal.
Claro que uno lamenta cuando una comunidad reemplaza la montera por una gorra de béisbol. Pero también que la familia no se reúna ya en torno al fuego. La realidad cambia y no se puede estar al margen. La fuerza de la tecnología, de la “modernidad”, va generando los cambios. Para seguir con el ejemplo de la montera, en Tarabuco sólo dos personas las fabricaban aún. Una murió. Además, la montera es cara y exige más cuidados que la gorra. Ésa es la dinámica. Que sería mejor que no pasara, es cierto. También sería hermoso viajar a pie y contemplar el paisaje. Pero está el avión y ahora el tiempo no espera.
Alguna vez se bailó morenada con máscaras de Michael Jackson. No hay nada que lamentar en ello. Lo terrible sería que no se baile morenada, que no se ritualice en torno al espacio festivo, o que se pierda el sentido de la fiesta. |
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