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17 de junio, 2004
El clásico argentino divide en dos a la América futbolera
(La Paz - Bolivia.com)
En Argentina, dice una publicación de Página 12, no se habla de otra cosa. Y ese periódico asegura que: No se espera nada más. En el Monumental, con público local, el juego arranca con un gol de diferencia a favor de los visitantes. Si gana River por un gol, hay penales. Si empatan, pasa Boca. Página 12 analiza el encuentro desde 5 perspectivas que hoy las reproducimos para que usted las disfrute.
1 El gol de diferencia. No se puede soslayar el hecho de que Boca llega con una ventaja: la victoria por la mínima diferencia en la Bombonera. El gol de Schiavi les asegura a los visitantes la clasificación hasta que River consiga descontarlo. Durante toda esta semana previa, los locales celebraron el no haber perdido en la Bombonera por una diferencia mayor. Esta sensación de alivio de los riverplatenses desaparecerá esta noche cuando Héctor Baldassi

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indique el comienzo del encuentro, cuando la pelota esté rodando y el equipo de Astrada se encuentre con que su camino a la final es cuesta arriba.
2 La actitud. No sería novedoso que Boca salga a la cancha a cuidar lo que ya consiguió en el primer encuentro de la serie. La pregunta es cómo, de qué manera lo hará. O elige esperar a River para intentar aniquilarlo de contraataque –éste sería el desarrollo de partido que seguramente imagina Astrada– o bien Boca sale a buscar el partido desde el arranque, con la tranquilidad que le otorga el marcador. “Vamos a salir a ganar, como siempre lo hace Boca, en todas las canchas”, aseguró ayer Nicolás Burdisso.
3 La mística. Con Carlos Bianchi como entrenador, Boca disputó tres veces la Copa Libertadores y esas tres veces se proclamó campeón. Si esta noche pesará esa historia es algo que habrá que

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ver. Por ahora, lo único seguro es que la experiencia y la tranquilidad parecieran estar del lado de los boquenses. Este grupo de jugadores ha luchado siempre por cosas importantes y ante rivales jerarquizados, y, aunque en varias oportunidades arrancó como punto, como por ejemplo ante el Milan de Shevchenko y Maldini en Tokio, volvió a su casa vencedor. También la suerte pareciera estar a favor de los Bianchi: desde 1966, Boca y River jugaron 20 encuentros por la Libertadores, Boca ganó 9, River 5 y empataron 6; dos de esos partidos fueron un día 17, y en los dos el que se impuso fue Boca.
4 El dilema arbitral. Después de la cuestionada labor del árbitro Claudio Martín, Boca puede estar más tranquilo al respecto. El hecho de que Baldassi se haya recluido en un campo para, según dice, no influenciarse, habla de presiones ya existentes. ¿Podría

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algún hombre de negro volver a perjudicar a Boca como lo hizo Martín? Cabría pensar que no, aunque aún quede por ver cómo reaccionará el árbitro cordobés ante las exigencias que le impondrán y le harán sentir los hinchas locales.
5 La posibilidad de los penales. Después de un enigmático entrenamiento a puertas cerradas, el del martes, Bianchi levantó la veda a la prensa y ayer todos los periodistas presentes presenciaron la práctica en la Bombonera. Fútbol informal y jugadas de pelota parada se llevaron la mayor parte del tiempo, pero la atracción principal fue el último ejercicio: ejecución de penales. Con Bianchi como conductor, Boca derrotó por esa vía al Palmeiras, en la final del 2000, al Cruz Azul, en la final del 2001; al Milan en Tokio en 2003 y, este año, al Sao Caetano en la definición del pase a semifinales, en cancha de Racing.
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