Cotapata. La carretera cambió al Nogalani

Jueves, 26 / Ago / 2004
 
(La Paz - La Razón)
Bolivia.com

Presione aquí
Rafael Mata Olmo llegó a Bolivia como turista, pero algo cambió su visión. “Una vez que te pones las gafas de la geografía no puedes evitar ver a un territorio como objeto de trabajo. Y los Yungas es perfecto”.

El español es doctor en Geografía y realizaba tareas en Tucumán, Argentina. Al llegar a La Paz como parte de su recorrido, por casualidad descubrió un amplio campo de investigación en las proximidades del cerro Nogalani, ubicado en uno de los tramos de la carretera Cotapata-Santa Bárbara.

En ese entonces, había un joven postulante a la tesis de doctorado en la Universidad Autónoma de Madrid que parecía reunir las características ideales para explorar estas tierras. Han pasado casi dos años y Miguel Sevilla Callejo —el estudiante— acaba de presentar su tesis en el programa de doctorado sobre el Nogalani.
Una mirada de largas pestañas, la cabellera ensortijada y la barba crecida son sus señas. Juega con un vaso de jugo, mientras empieza a relatar su aventura, ya que pronto partirá al Choro (en la reserva de Cotapata, La Paz) para continuar con sus estudios. Junto a él está el director de esta investigación, Rafael, que con otro sendo jugo de fruta relata el proyecto.

“Pensamos que los Yungas era un gran sitio. El trabajo está basado en la naturaleza y el desarrollo rural. Allí está asentado el tema de la carretera Cotapata, donde podíamos ver el impacto geográfico (de la construcción de la vía)”. Desde su llegada, Rafael sabía que la zona reunía todos los elementos para la investigación: espacios naturales, como el área protegida, un elemento de desarrollo —la carretera— y las características sociales resumidas en el estilo de vida de los lugareños. Esos tres factores conformaron un complejo de datos que los especialistas sistematizaron en un estudio de usos de suelos y que terminaron en una intrincada exploración biológica, geológica y social. Todo un bocado para los geógrafos españoles.

El trabajo se inició tomando contacto con el Servicio Nacional de Áreas Protegidas (Sernap). Miguel encontró que, a pesar de que se trataban de zonas investigadas parcialmente, había un déficit especial en estudios sobre usos del suelo y campesinado. Se había trabajado más sobre ecología y en cuestiones de ámbito biológico y de conservación. “Aprovechando la excusa de levantar un mapa de usos del

Presione aquí
suelo de lo que era el área de la carretera, empezamos investigando las características”. Los resultados están en la tesis de maestría de Miguel y continuarán con la tesis doctoral, profundizando ahora en el Área Protegida. “Ahora mi vida gira en torno a Cotapata”, explica. ¿Qué es lo que encontró en esta carretera?

Cotapata cambió la vida
“Si vienes del Mediterráneo y conoces los Yungas, el impacto es bestial. Lo primero que te llama la atención es ver el Nogalani, una monumental montaña llena de espesa vegetación. Está el bosque nublado, el bosque montano y las comunidades que se levantan en las orillas del río Haurinilla”.

Desde la carretera, Miguel y Rafael quedaron impactados. Pero cuando vieron el cerro que se levanta a 2.942 metros, llegó la fascinación. “Entre el miedo que pasas y el bosque tropical trepando por las montañas con desniveles terribles..., el Nogalani es cada día una sorpresa”.
Lo primero que hicieron es un análisis del territorio, que está muy influenciado por las condiciones geográficas. “Tiene un relieve muy abrupto, un área tropical con características climáticas y ecosistémicas muy determinados, una morfología litológica (las formaciones de la piedra) muy marcada y todos esos medios físicos que dan un armazón a un campesinado de antiguo origen”, dice Miguel en su lenguaje de experto.

La interacción de tales elementos era ya de por sí sorprendente y a esto se le sumó la construcción de la carretera que ha afectado desde la dinámica geomorfológica —las formaciones originales de la tierra—, hasta al entorno social.
“La carretera impacta con un movimiento de tierras increíble, con la destrucción de la cubierta vegetal y natural, de las zonas de aprovechamiento, destrucción de caminos, tierras, hidrología”.
Pero lo que más llamó su atención fue analizar los impactos que llegan con el futuro. De principio, estaba la accesibilidad que aportaba la carretera. “El análisis cartográfico y territorial del área mostraba cómo los nuevos chaqueos se estaban vinculando directamente a la carretera”. También afectaba en otros sentidos. Ahora hay comunidades que ya no tienen acceso a tierras a las que antes sí llegaban, porque los caminos antiguos han sido destruidos.

Hay que recordar que luego de las secuelas de la Reforma Agraria, como los minifundios y el libre

Presione aquí
mercado, el campesinado entró en crisis. La baja productividad se profundizó e hizo que la gente abandonara el campo.
Pero con la construcción de la carretera se está revirtiendo el fenómeno. “La gente está volviendo a sus antiguas tierras. Hemos identificado lo que se llama agricultura periurbana: la gente sigue viviendo en La Paz, pero de forma parcial cultiva en la zona”. Este agricultor tiene un papel vital en la diversificación de ingresos para su familia. “Lo que sus cultivos consiguen es tener acceso a los productos de primera necesidad y de ahí se puede sacar incluso algo para el mercado. Este agricultor es alguien que trabaja de lunes a viernes en La Paz y el fin de semana regresa a Yungas para cosechar”.

El encuentro

“El joven sabe, el joven sabe”, argumentó una mujer en una de las primeras reuniones comunitarias en las que participó Miguel. “Me presenté, proporcioné a los comunarios un ejemplar del trabajo y les dije lo que hacía. Hubo diversas opiniones, desde los que estaban hasta las narices de gente extranjera y las que estaban predispuestas”. Las expresiones de apoyo mellaron en el investigador y en mérito a ellas es que lleva un año y medio dedicado al área. Sin el trabajo de los directamente implicados, no lo hubiera logrado.

“Conforme estás ahí vas descubriendo nuevas cosas. Por un lado, está el aprovechamiento de cultivos o ganadería. De primera impresión crees que todo es bosque, pero ves una mancha e identificas que por debajo tiene un cultivo de plátano. Y llega un momento en que ves que el 90 por ciento del territorio está intervenido”.

Cada día se llevaba una nueva sorpresa. “Recorriendo los bosques llegas a un lugar y crees que hasta ahí está la frontera agraria. Está un chaqueo, nuevos cultivos de maíz y cocales. Hasta ahí llega el bosque. De pronto ingresas por otro camino y ahí descubres un cafetal abandonado y una zona aprovechada para el incienso. Pero hay más: en mitad del bosque se levantan unos aterrizamientos incas”.
Con estos paseos, Miguel encontró a la gente y entendió mejor sus necesidades. Y ellos, poco a poco comprendieron la importancia de realizar la documentación y los estudios de una ciencia tan desconocida para los lugareños como la Geografía. “El proceso ha sido complicado y ha comenzado hace 10 años. Primero costó que se enteraran

Presione aquí
de lo que es un área protegida, saber qué hacen ahí y los beneficios y obligaciones que conlleva”.

Por eso, en coordinación con el Instituto de Reforma Agraria (INRA) y Sernap se inició la zonificación. “Este es un proceso que no sólo tiene que ver con los expertos. No son dogmas, se necesita la participación de las comunidades que permite incorporar estos marcos en su vida cotidiana”, explica Rafael.

“Se ha avanzado mucho. Las comunidades están representadas y el plan de manejo se está haciendo de forma participativa”, dice Rafael, mientras Miguel le da fin al jugo de frutas, en la tarde invernal de la sede de gobierno. Mañana les espera todavía más trabajo, al primero en España y al segundo en las vísceras de los Yungas.

Trabajo con la gente

Con tanto por estudiar, Rafael Mata Olmo (izquierda, en la fotografía que acompaña a esta nota) y Miguel Sevilla Callejo (a la derecha) no podían quedarse con las ganas. Por eso, movilizaron esfuerzos para crear vínculos con la UMSA, el Sernap y el INRA. Los ibéricos pusieron sus conocimientos, su trabajo y tecnología —por ejemplo, para levantar mapas tridimensionales con tecnología GPS, como el que aparece al pie de la nota—, para sumarla a la información de las instituciones locales. Así obtu- vieron pautas para la optimización del saneamiento y un mejor estudio de las Áreas Naturales de Manejo Integrado. Y es que para Rafael no hay conservación sin desarrollo. Todo esto está quedando como parte del Plan de Manejo del Área Protegida de Cotapata que realiza actualmente el Sernap.
La investigación soltó información que deriva en propuestas de capacidad de uso. “El valor turístico es evidente: un aeropuerto internacional a hora y media del Área Protegida, un camino como el Choro con gran valor histórico...”. Por supuesto que el saneamiento de las tierras de la zona también es fundamental porque, según Rafael, mientras el campesino no se sienta realmente dueño de las tierras, no se podrá aplicar ninguna medida. Por eso se hizo una delimitación preliminar de las comunidades, cuyo número es aún difícil de precisar debido al fenómeno migratorio.

Queda aún mucho por estudiar, pues más allá de las imágenes satelitales y los últimos avances tecnológicos de la cartografía digital, la gente es la que finalmente interesa a los investigadores.
SÍGUENOS EN:
Google News