Erika Bayá Santos • Fotos: Leonardo Ville / El Nuevo Día
Si en el carnaval de Oruro la gente espera a las fraternidades, en el corso cruceño quiere admirar el traje de las reinas de comparsas y sus carrozas. Gigantes, espectaculares carrozas, minuciosamente elabora- das por profesionales y artesanos que fusionan su trabajo para crear estas efímeras obras de arte.
¡Cómo han cambiado las cosas! En los años 60 había sólo una reina, la soberana del carnaval, quien desfilaba alrededor de la plaza 24 de Septiembre sobre la carrocería de un camión, acompañada de su corte. La adornaban arreglos simples de hojas de palmera, globos y serpentina. Hoy, personalidades de la plástica, la arquitectura y la artesanía de Santa Cruz, como el pintor Tito Kuramoto, los arquitectos Guido Bravo y Luis Alberto Vincenti, y el decorador Quito Velasco, entre otros, son parte de la historia del carnaval cruceño por haber creado estas gigantescas alegorías.
Kuramoto, quien ha dedicado 40 años de su vida al diseño y elaboración de carrozas para las soberanas, recuerda que ya en 1962 trató de hacer carros más elaborados. Ese año diseñó un gran elefante que llevaba en las patas una especie de trineo. Como en ese entonces las calles eran de tierra, el animal se deslizaba jalado por un jeep. Para la época, fue un gran espectáculo.
En la década de los 70 la sencillez llegó a su fin para dar paso a la sofisticación. Tomando ideas del carnaval de Brasil, se pusieron de moda las plumas en los tocados de las reinas y hasta se bailaba samba, recuerda Kuramoto.
En esta época de brillo e interesante movimiento económico, las precarnavaleras empezaban una semana después de Año Nuevo y se realizaban sagradamente de miércoles a domingo. La fiesta empezaba un mes y medio antes del carnaval y todas las comparsas lucían a sus soberanas montadas en fastuosos carruajes.
En la década de los 90 ese derroche tuvo que resignarse; no había dinero para gastarlo a manos llenas, así que la cantidad de carros alegóricos disminuyó.
Entonces, como antes, Tito Kuramoto, autor de más de 160 carros en cuatro décadas y serio defensor de un carnaval con fisonomía propia, hizo caso omiso de la moda de las plumas y los destellos de luz, y comenzó a crear diseños con elementos de la cultura cruceña. Sus alegorías se distinguieron por su toque artístico.
Pero es justamente en la década de los 90 que el arquitecto y artista plástico Guido Bravo, recién llegado de México con ideas modernas e innovadoras, se une a la farándula y, a pedido de su comparsa, Los Mequetrefes, se da a la tarea de elaborar uno de los carros más sorprendentes que tuvo el carnaval cruceño.
Bravo recurrió ese año a las figuras geométricas, logrando un carro alegórico con gran dinamismo visual. No por nada ganó el premio que otorgan el Gobierno Municipal y la Asociación Cruceña de Comparsas Carnavaleras.
A la par, surgieron otros talleres. Y en los últimos años, esta labor la asumieron también los comparseros, probablemente para abaratar costos. Así lo dice Luis Alberto Vincenti, el diseñador de la carroza de la Reina del Carnaval Cruceño 2005, Maricruz Rivera.
Para artistas que se dedican a esta actividad una vez al año, hacer carrozas es una forma de darle un valor artístico al corso. “Son trabajos artísticos diferentes a la pintura; me doy la libertad de hacer cosas inmensas, pintar con brocha gorda...”, dice Kuramoto.
Guido Bravo coincide que son verdaderas instalaciones de vida fugaz: se las trabaja minuciosamente por más de un mes y existen en el momento que empiezan a rodar en el recorrido del corso. Llegan al final y pierden sentido
Antes, tras el corso las carrozas amanecían abandonadas, sin el brillo de la noche anterior. Hoy sus autores tienen el cuidado de transportarlas a sus talleres para desmantelarlas y reutilizar los materiales. “Ya no son tiempos de desperdicio”, apunta Bravo.
El “artista”, tras el artista
Mucha gente está involucrada en la elaboración de los armazones. Son soldadores, electricistas, decoradores, carpinteros, pintores, hojalateros, escultores, modistas, bordadoras, talladores, choferes, tractoristas, mecánicos...
Guido Bravo considera que esa es la faceta noble de la fiesta, porque da sustento económico a familias enteras que por un mes o más se trasladan a los talleres. “Los miles de dólares que se gastan en el carnaval cruceño van a las mano de toda esa gente”.
Dependiendo del tamaño de la alegoría, trabajan entre 12 y 35 personas. Este año, el carro de Maricruz I ha dado labor a más de una treintena de personas. Según Marcelo Rojas, diseñador del traje de la reina son aproximadamente 20 las personas que han elaborado su vestido, íntegramente bordado a mano. “Nadie los conoce ni los nombra, pero son los trabajadores los que día a día le van dando forma a estas gigantes alegorías; son los autores anónimos”, grafica Vincenti, para referirse a la carroza.
Pero para hacer un buen carruaje se necesita recursos no sólo para el pago de mano de obra, sino también para el alquiler de equipos de carpintería, soldadura, chatas, alquiler de un galpón, alquiler de motores de energía, grúas, reflectores, cables, entre otras muchas necesidades.
De modo que no extrañe que este año se haya gastado aproximadamente 12 mil dólares y dos mil en cada uno de los carros de las tres precarnavaleras.
“Una carroza bien elaborada cuesta siete mil dólares, no puede valer menos porque se gasta cuatro mil dólares en materiales y mano de obra, y tres mil es lo que yo gano y merezco por un mes y medio de trabajo sin descanso”, dice sin dubitar Kuramoto.
El costo de un diseño del arquitecto Guido Bravo oscila entre los cinco y nueve mil dólares, aunque no palidece para asegurar que un carro alegórico innovador podría costar hasta 25 mil dólares. “No tanto por el dinero, sino por los recursos que me permitirían hacer un proyecto donde se combinen muchas técnicas. Eso es lo que necesita el carnaval, ya que las comparsas se están uniendo, que esa unión sirva para mejorar la calidad del corso”, opina.
Ahora bien, el uso de los materiales de las carrozas varía de acuerdo al diseño. Generalmente son estructuras de hierro o acero soldadas, aunque, según Vincenti, se prefieren materiales ligeros y fáciles de manejar, como la tela, la esponja —impuesta por Kuramoto—, madera, cartón prensado, plastoformo y papel, sin descartar el yeso o el estuco. Para determinar los materiales, los diseñadores toman en cuenta la altura, el viento y el movimiento, entre otros factores. Según normas de la Asociación de Comparsas, un carro no puede sobrepasar los 5,50 metros de altura para no chocar con los cables de alta tensión.
Y hablando de cables, un carro llega a utilizar 12, 15 y hasta 20.000 voltios debidamente aislados.
Todo esto se piensa con meses de anticipación, cuando se define cuál será el tema de la Coronación de la Reina del Carnaval Cruceño. Es sobre esta base que se decide el diseño del carro alegórico, los de las precarnavaleras y los trajes que lucirán las soberanas.
Los diseñadores del traje, del carro, maquilladores y guionistas tienen que seguir y coordinar las pautas del tema que elige la comparsa coronadora. El diseñador de vestuario está en contacto directo con la persona que arma el carro para ver las dimensiones de la estructura, el espaldar, las características y colores, a fin de que el diseño del traje no rompa la armonía del concepto general.
Y es por ese trabajo conjunto que con el tiempo se fue buscando mayor comodidad a las reinas. Antes las soberanas tenían que cargar espaldares que superaban su peso, ahora los tocados son una estructura fija en el carro, lo que da libertad de movimientos. Como los trajes eran cada vez más pesados, fue Kuramoto el primero en usar espaldares fijos y desmontables en sus carros. “Se me ocurrió hacer todo el tocado separado del traje de la reina y ponerle ruedas para que jalen el tocado, de modo que las muchachas no lleven tantos kilos en la espalda”, señala el artista.
Este año se hizo el espaldar más grande de la historia del Carnaval, mide 5,70 metros de alto por casi siete metros de largo. Un verdadero espectáculo, sólo digno de la fiesta grande de los cruceños.
LOS ARTISTAS
Kuramoto
El artista plástico Tito Kuramoto hace carrozas hace 40 años. Las pinta personalmente. Ha dado la pauta para el uso de determinados materiales y definitivamente ha influido sobre quienes se han dedicado a esta labor. Regaló al público carnavalero de Santa Cruz carros —más de 160— con temáticas de la cultura cruceña, entre ellas el gran elefante de los años 60. “El último carro que hice mostraba una carreta que cruzaba el Piraí con el agua a media rueda, los bueyes estaban en perspectiva y el paisaje tenía un arco iris; creo que ese fue uno de los mejores carros que hice”.
Vincenti
El arquitecto Luis Alberto Vincenti, de 28 años, realizó su primer carro alegórico cuando tenía 16 años. Desde entonces ha hecho diseños para comparsas importantes. Este año fue el elegido para elaborar el carro de la Reina del Carnaval, Maricruz I.
Como arquitecto busca expresar sus ideas al público y a través de la elaboración de un carro carnavalero ha descubierto que tiene la oportunidad de expresarse ante miles de personas en sólo un par de horas. “Es una sensación inexplicable”, dice en el taller en el que una treintena de personas trabajan en su alegoría.
Bravo
Hacer carros para las soberanas del carnaval fue uno de los primeros trabajos de Guido Bravo en Santa Cruz, cuando llegó de México en 1990. Desde entonces arrasó con los premios durante 11 años. Recuerda que cuando tenía cinco años quedó impresionado al ver al magnífico elefante de Kuramoto. “Mis carros a simple vista no tienen nada que ver con los de él, pero sí en esencia. Yo vi que gran parte de la belleza de su trabajos radicaba en que los pintaba personalmente, entonces me di cuenta que le podía dar un valor agregado a mi trabajo haciendo lo mismo”.